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Aceites Veá

Cómo triunfar en el mercado internacional desde un pueblo de Lleida

Gerard Veá dirige la empresa familiar que ha sabido situarse en los últimos años entre los primeros puestos del aceite de alta gama. Desde un pueblo de Lleida de 400 habitantes a las mejores mesas. 

Joana Uribe | 25/10/2016
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Hace 103 años, Domingo Veá, el bisabuelo del actual propietario, compraba unas tierras en Sarroca de Lleida. Empezaba la historia de Aceites Veá, desde entonces en manos de la misma familia y de la queGerard Veáes la cuarta generación.

La empresa elabora aceite de gran calidad. Tanta que en 2010, uno de sus productos bajo la marca Les Costes fue reconocido como el mejor aceite del mundo por losThe World’s Best Olive Oils.

Produccion ecológica

Gerard Veá nos muestra la finca del mismo nombre y de donde parten las aceitunas para la elaboración de este aceite y del que producen unas 4.000 botellas anuales.

En un recorrido al que nos lleva por sus tierras destaca la finca de Les Planes donde tienen unos 2.000 olivos. En total, la familia dispone de 60 hectáreas, todas de producción ecológica, aunque compran también a unos 150 payeses de la zona que trabajan bajo sus mismos parámetros, algunos de agricultura ecológica y otros no. “La calidad del aceite está en la planta –asegura Veá mientras enseña unas aceitunas– aunque luego tengas que esmerarte en la extracción”.

“Esos olivos tienen 500 años de antiguedad”, explica Veá mientras señala algunos árboles. Con ellos se hizo una edición especial de su marca l’Estornell, la Quincentenary. El aceite, de un verde intenso, es fresco, muy complejo y de textura densa, debido la vejez del olivo. Se envasa en una botella tipo taberna como las de la época en que Colón fue a América.

El clima es, sin duda, una de las grandes bazas. En invierno, con temperaturas mínimas de entre -5 y -7 grados y mucha niebla, se forma una capa de escarcha que elimina los insectos. “Nuestra forma de cultivar nos diferencia de otros. La nuestra es tradicional, con poco riego y los olivos bien separados. La agricultura intensiva junta los árboles y riega mucho aportando los nutrientes por el tubo de riego y utilizando plaguicidas. Nosotros tenemos sólo riego de apoyo y nunca enterramos el tubo para poder levantarlo un par de veces al año y retirar las malas hierbas sin herbicidas”, detalla Veá. Además, “empezamos a elaborar aceite ecológico antes de que en España hubiera regulación. Lo certificábamos primero en una empresa belga y después en una francesa hasta que hubo legislación en España”

La clave de la extracción

La oliva de cultivo tradicional da un mejor aceite. Pero hace falta un buen trabajo en el momento de la extracción. Durante la recolección, la entrada del molino es un trasiego de payeses llevando las aceitunas que una vez lavadas se prensarán. “Estamos hasta las tantas de la madrugada y a veces no paramos porque el aceite debe extraerse de forma inmediata”, dice Veá.

“En el molino tenemos otra de las grandes diferencias con otros fabricantes –añade– ya que disponemos de dos líneas de extracción, cuando la mayoría tiene sólo una. Con el programa Eureka, desarrollamos unos martillos móviles que no recalientan la pasta al prensarla. Después la batimos muy poco para evitar la oxidación. Obtenemos aceite de una primera extracción de altísima calidad y luego sacamos otro al realizar una segunda.

Y mientras trabajan extrayendo el aceite, Avelino, el padre de Gerard Veá, sigue con su costumbre de toda la vida y cada dos o tres horas pasa frente a los chorros de aceite que van saliendo y con una cucharita de café va probando. “Miro las olivas mientras las descargan, y las pruebo, y luego cato el aceite recién prensado que sale de las mismas. Hacer un buen aceite es un arte, nunca se sabe demasiado”, concluye Avelino.

Pero en la historia de Veá, no siempre se ha elaborado aceite gourmet. Antes eran más comerciales que elaboradores. Su padre, Avelino, además del aceite de producción propia, compraba producto a granel en toda España y lo vendía al exterior, principalmente a Italia.

Cambio estratégico

“Para vender aceite en cubas no hace falta más que un teléfono. Es comprar y vender –explica Gerard Veá–. Pero mi padre quiso cambiarlo y dejar atrás aquella etapa y pasar a esta mucho más enriquecedora en la que somos sólo elaboradores de aceite de calidad”.

Avelino Veá mantuvo un tiempo de transición en el que convivieron las dos actividades, hasta que deja- ron de mover millones de pesetas y kilos para vender sólo lo suyo, en poca cantidad y muy escogida. “Vimos que nuestro futuro estaba en elaborar con nuestra propia marca y con la mejor extracción. Fue una decisión arriesgada, pero nos aseguramos manteniendo un periodo de transición”, añade.

Lo habitual, al iniciar una empresa es ir primero al mercado local y después expandirse hacia el exterior. En Veá lo hicieron al revés. “En España, el aceite es un producto común, por lo que decidimos ir hacia un mercado donde no lo fuera tanto. Escogimos Estados Unidos donde hace 30 años, cuando empezamos también, se iniciaba la preocupación por la alimentación saludable. Es más fácil diferenciarte con un producto de calidad en un mercado nuevo que no en aquel que está muy acostumbrado al aceite que tomaba de pequeño. Yo iba por España haciendo catas de aceite y no se acababa de entender. En cambio, en Estados Unidos íbamos a lugares muy selectos y vendíamos a precio elevado”.

Gerard Veá tenía entonces 18 años y se inició en aquel mercado, aunque conoce el sector desde pequeño, cuando jugaba saltando por encima de los sacos de aceitunas que los payeses llevaban hacia el molino familiar. En un principio crearon una empresa norteamericana, pero al final optaron por un distribuidor. Tras años de trabajo, han consolidado aquel mercado. “Ahora hay muchos productos gourmet españoles que se venden en Estados Unidos. Nosotros estamos muy introducidos porque empezamos hace tres décadas”, comenta.

Además de Estados Unidos, venden en Japón, Francia, Alemania, Austria e Inglaterra. El pasado año empezaron a exportar a China. “Nos pidieron cinco contenedores y les dijimos que sólo podíamos servirles uno. Nuestra producción es pequeña y queremos que siga siéndolo. Los crecimientos queremos que sean lentos y seguros”, afirma.

Olivas arbequinas y un aceite especial

Desde siempre, en Aceites Veá han elaborado sus productos con aceitunas arbequinas, la variedad
más extendida en Cataluña. Cuando se recolectan se inspeccionan las partidas para obtenerlas en las mejores condiciones y evitar cortes
o golpes que estropearían 
el producto. La extracción es en frío, procurando no recalentar la pasta. De
una primera extracción se obtienen los aceites más especiales. La firma comercializa varias marcas, una es el aceite ecológico L’Estornell (el estornino, un pájaro al que le gustan las aceitunas) y Les Costes, elaborado con olivos de una media de edad de 200 años y reconocido en 2010 como el mejor aceite del mundo.

La firma vende también vinagre, aceitunas y almendras. Sus cifras no dejan lugar a dudas con incrementos constantes en las cifras de ventas. “Tenemos crecimientos entre el 2% y 7% y queremos que siga siendo así”, asegura Gerard Veá, que de momento no quiere incrementar la producción para poder llevar mejor el control.

El aceite que toman en la fórmula 1

Unos grandes depósitos de acero inoxidable conservan el aceite durante el año. se mantienen sin variaciones de temperatura y no les da la luz solar. En la base tienen una forma cónica que sirve para que cada semana “se sangren” para eliminar posibles residuos vegetales o de humedad. La producción anual ronda las 400.000 botellas. El 70% se vende embotellado y un 30% va a la restauración.

Entre sus clientes se encuentra una empresa muy especial y por la que Veá muestra admiración. “Uno de nuestros clientes es una empresa de catering que sirve en elpaddockde todas las competiciones de formula 1”, explica Gerard Veá.

Es así como los pilotos consumen aceite de Veá. La firma sirve también en el Máster de Tenis de Madrid, la Eurocopa de Francia o las finales de la Champions. 

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