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Hilario García, fundador de Aurumwine

Vende vino a 17.000 euros la botella... ¡y se lo quitan de las manos!

“Producción y comercialización de vinos” responde sin más cuando le preguntas a qué se dedica eludiendo detalles como la exclusividad del AurumRed de la serie oro, que se paga a 17.000€ en el mercado.

Ana Delgado | 24/09/2015
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Imagen de Hilario García

Hace años que Hilario García produce vinos pero fueron los chinos y los estadounidenses quienes descubrieron la calidad de los mismos. Entrevistas en la CNN, en México, en Brasil, la televisión china…hicieron saltar la liebre en España donde, acostumbrados a las denominaciones de origen, nunca hubiésemos reparado en un vino de Las Pedroñeras (Cuenca). Ahora hay lista de espera para entrevistarle.

El AurumRed de la serie oro se presentó en el mercado en el año 2012 al precio de 4.000€. Poco después supo que algunos de los que lo habían comprado lo estaban revendiendo a 18.000 € “y eso si que no”, dijo Hilario García, “son mis viñedos, es mi sangre y en mi vino mando yo”,  así que subió el precio de la botella a 17.000€ y dictó la prohibición de vender más de dos unidades por cliente. Este asesor fiscal, que llegó a contar con una cartera de 500 empresas, asegura que en el tema del vino se rige más por motivos emocionales que económicos. Sería como prostituir su alma, que es lo que entrega Hilario a sus viñedos y “eso no tiene precio”. Siempre le ha gustado al mundo del vino rodearse de cierto halo de misterio, espiritualidad y rituales e Hilario no parece una excepción.

Produce 300 y vende 150 botellas

De las 13 hectáreas de tierra que tiene, sólo 1.5 se destinan a viñedos y de estos sólo unas pocas cepas, las menos, conservan vírgenes sus cualidades centenarias para elaborar el AurumRed de la serie oro, un tinto único del que produce anualmente 300 botellas y vende 150 reservando la otra mitad para cuando quieran repostar los privilegiados poseedores de las primeras. Y eso que el vino puede ingerirse a sorbos muy cortos porque aguanta hasta cuatro años con las propiedades inalteradas después de descorchar la botella. “Pocos hay que superen la semana”, aclara.

Más caro falsificarla que comprarla

Para distinguirlo “basta con girar la copa con suavidad a derecha e izquierda” y apreciar, así, la amplia gama de aromas y sabores que atesora el líquido. Pero esto es más una curiosidad que una advertencia de gato por liebre porque los desvelos de Hilario García por evitar falsificaciones son extremos. Parte del secreto está en el embotellado. Las botellas, “adaptadas a los cánones de belleza de Miguel Ángel”, se fabrican en Italia, donde paralizan la cadena de producción para dedicarse a su encargo. Para ello tienen que acomodar la maquinaria al molde de diseño propio de Hilario quien, precavido por demás, activa un sistema que hace añicos la botella si cae del horno para que nadie pueda plagiar las proporciones. “Te puedes imaginar lo que cuesta esto”, dice, y luego va sumando detalles como que “cada botella lleva grabada mi firma, la patente, la medallita de oro de 18 k que se acompaña por si alguien quiere regalarla en un momento especial, el packaging. Vamos que de esto no vivo, que casi pierdo dinero”.

Diversificación

“Pues entonces, ¿de qué vive?”. Hilario García, que es un hombre de discurso enérgico, sabe frenar muy bien cuando le desvías de lo que quiere contar. Así que habrá que esperar un rato para que en el transcurso de la conversación deslice el tema de las clínicas HGV, especializadas en ozonoterapia. Fue el primero en España en obtener una licencia de estas características. Suya es tambiénla Máquina de la Salud, un generador de ozono y oxígeno que se fabrica en China y se vende en todo el mundo. No es que quiera eludir el tema de la enfermedad que le mantuvo inválido varios años sino que considera que “no hay un antes y un después radical en mi manera de ser, salvo que ahora distingo mejor lo que quiero hacer y con quién quiero estar”. 

Celoso de sus viñedos

Pero fue también la enfermedad lo que le despertó el interés por la ozonoterapia, el tratamiento que le aplicaron a él y que ahora traslada a sus viñedos como medicina natural. Habla también de las zonas geopáticas (geo para tierra y pathos para enfermedad) de cuyos saberes se vale para distinguir las cepas buenas de las malas. No es una ciencia sino trabajo de campo. “Es pura observación de la tierra, ver lo que emana de ella, y aprender a detectar las zonas sanas de las contaminadas. Es la misma razón por el que la filoxera puede matar a una vid y no a otra”.

Y para proteger esas vides tan especiales y escasas las somete a un ambiente que sólo el controla. “Aquí no entra nadie sin mi consentimiento y menos alguien que me transmita mala onda porque podría impregnarlo todo con su mal humor”.  Él reconoce conversar con las vides, acariciarlas y ponerles buena música. 

Crecimiento 100% anual

Las mismas bases de la geopatía le sirven para establecer las otras series del Aurumwine con sus respetivas producciones limitadas y precios. Así, está también la serie plata, de la que lamenta que “se me está yendo un poco de las manos”. Aquí aumenta la producción a 6.000 botellas anuales, a 600€ la unidad.

Más que nombres hay que referir títulos al hablar de sus clientes, entre jeques, magnates y mandatarios, entre los que reconoce tener “algún español”, y recuerda que también tiene un blanco a 16€ que alguna remembranza conservará.

No habla de facturación ni de previsiones económicas pero admite la buena marcha del negocio que crece un “100% cada año, progresivo”. El nombre de la empresa a la que pertenece AurumRed es Ecoliving S.L.

No tiene precio

¿Y si la botella de la serie oro cuesta 17.000€, cuánto puede costar el viñedo? “Eso es como si me preguntara cuánto cuesta un Velázquez. El precio lo pone el mercado pero en realidad hay cosas que no tienen precio porque son únicas. He recibido muchas ofertas de compra pero no me interesa ninguna. No entienden el concepto. Yo no hago vino, esto es otra cosa, otro mundo, y no corresponde al del mercado”.

Las 11.5 ha sobrantes del terreno las disfruta con sus propios placeres como son un jardín o un huerto donde no faltan los ajos, típicos de Las Pedroñeras, conocida como la Capital del Ajo. A los 8 años empezó Hilario a trabajar en el campo para recoger las cosechas “y recuerdo que me sentía muy orgulloso porque ganaba 50 pesetas más que otros que descansaban 2 horas para almorzar y nosotros teníamos sólo 15 minutos”.

Ese carácter infatigable parece conservarlo a los 52 años. Tiene suficiente con 4 horas de sueño diarias. “El tiempo restante lo dedico a cargarme de energía positiva. Trabajando, paseando con mis dos perros o comiéndome un tomate de la huerta con algún amigo. Yo no necesito mucho dinero para ser feliz”

www.aurumwine.com

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