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PLD Space

Los emprendedores que empezaron lanzando latas de refresco al espacio

No sólo Elon Musk y la omnipresente SpaceX quieren replantear el acceso al espacio...

Javier Escudero | 18/07/2016
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Raúl Verdú y Raúl Torres, junto al modelo de cohete a tamaño real, que están desarrollando.

Puede parecer un tópico, pero Raúl Torres y Raúl Verdú, cofundadores de PLD Space, ya soñaban de pequeños con el espacio y ese sueño se convirtió en una obsesión. Y casualidades –o no- de la vida, su sueño les unió. Ambos ingenieros se conocieron en la biblioteca de la universidad donde estudiaban. Y juntos decidieron trabajar en un proyecto para un concurso que había organizado la Agencia Espacial Europea, que consistía en desarrollar un satélite del tamaño y peso de una lata de refresco. La Agencia Espacial Europea proporcionaba a los participantes un cohete, que subía hasta un kilómetro, y el satélite que, a esa altura, bajara en paracaídas y se comportara mejor, ganaba la competición. Con ese objetivo, trabajaron en el desarrollo de un satélite. Pero, a los pocos días, se dieron cuenta que les gustaba más diseñar el cohete que el satélite. Y dicho y hecho: decidieron centrarse en el cohete.

“De pequeño –recuerda Torres- siempre había sido un apasionado del espacio y de la tecnología espacial. A diferencia de otros sectores, la tecnología ha ayudado a reducir las cosas. Pero, no así, en el ámbito espacial, donde los cohetes han sido muy grandes. Y siempre había pensado en la idea de que tendría que haber cohetes grandes para satélites grandes y pequeños para satélites pequeños. Cuando te metes más en el análisis de estos mercados, te das cuenta que las empresas que desarrollan tecnologías pequeñas para acceder al espacio no tienen capacidad real de poder lanzar un gran cohete. Sólo las grandes empresas pueden hacerlo. Ahí fue, cuando empecé a pensar en la posibilidad de una oportunidad de negocio”.

Descartado, por tanto, lo del satélite, los ‘Raules’ pusieron todo su empeño en diseñar un cohete de pequeñas dimensiones capaz de llegar al espacio. “A mediados de 2010, nos pusimos en contacto con una empresa a la que le ofrecimos la posibilidad de que utilizaran nuestro futuro cohete para lanzar ‘algo’. Y así probamos una pequeña instrumentación científica en nuestro primer cohete”.

De forma paralela, trabajaron también en un plan de negocio para saber sí realmente tenía sentido empresarial. “Con nuestro business plan, nos presentamos a un concurso de jóvenes emprendedores de Valencia, y ganamos. Nuestro objetivo ya era desarrollar un cohete no tripulado que pudiese proporcionar acceso científico y comercial al espacio a empresas que no disponen de grandes recursos para ello. Como vimos que podría tener una viabilidad comercial, decidimos constituir PLD Space, a finales de 2011. Y gracias a la gerente del Parque Científico de la Universidad Miguel Hernández, de Elche, nos instalamos allí”.

Cuestión de propulsión

Durante todo el año 2012, maduraron la idea y trabajaron en un plan de negocio más profundo para presentarlo al CDTI. En diciembre de ese año, consiguieron un Neotec para desarrollar la tecnología crítica necesaria para crear un lanzador de satélites. “En nuestro caso, la tecnología crítica que habíamos identificado era la propulsión, los motores cohete de combustible líquido, que usan queroseno de avión y oxígeno líquido, y que, al quemarse, generan un empuje. CDTI nos aprobó un proyecto de un millón de euros: él aportaba 250.000 y nosotros teníamos que conseguir 750.000 euros”. Con ese proyecto aprobado, fueron a buscar inversión privada, que consiguieron en junio de 2013.

Dos años después, hicieron el primer ensayo de motores cohete de combustible líquido que se ha desarrollado en España y en Europa enfocado a cohetes pequeños y reutilizables. “Como nadie antes había hecho esto, tuvimos que construir en el aeropuerto de Teruel las instalaciones para probar esta tecnología. Hicimos una fuerte inversión en el desarrollo de la tecnología crítica y en crear las instalaciones. El ensayo fue un éxito y demostramos al CDTI, a los inversores y a la industria que se puede hacer tecnología partiendo de cero”.

Ahora, su siguiente objetivo es dar un paso de gigante y crecer en dos direcciones. Por un lado, escalar la empresa y pasar de ser una startup a una empresa más grande y, por otro, captar talento para poder desarrollar el cohete que permita poner pequeños satélites en órbita. “Para poder crecer, ahora sólo somos 6 personas, hace falta dinero. Para ello, estamos preparando una segunda ronda, con miras a 2021, de unos 10 millones de euros, para contratar unas 25 personas, para el desarrollo de la tecnología necesaria de un demostrador de cohetes y para efectuar el lanzamiento a mediados de 2018. Con ese dinero y con ese personal, desarrollaríamos un cohete que permitiría llegar al espacio para probar allí todas las tecnologías necesarias para poner un satélite en el espacio. Es decir, pasaríamos de probar cosas en laboratorio a hacerlo en el espacio y conseguir experiencia de vuelo”.

El objetivo de PLD Space es que cualquier empresa, universidad o centro de investigación pueda acceder al espacio de una forma rápida, frecuente y económica. “Tenemos tres tipos de potenciales clientes. Uno son los centros de investigación y las universidades, que desarrollan proyectos de investigación en el ámbito médico y farmacológico, de las ciencias biológicas, física…, es decir, que realizan experimentos que deben probar en condiciones espaciales. En la Estación Espacial Internacional, se hace mucha investigación. Pero probar allí supone mucho dinero, porque lo debe hacer un astronauta y eso no se lo pueden permitir los centros de investigación. Nuestra propuesta es ofrecerles un cohete más económico para que puedan probar sus experimentos. Otro cliente potencial serían las empresas privadas que desarrollan tecnología y que tienen que probar en condiciones espaciales (por ejemplo, un panel solar o una antena) para incrementar su nivel de madurez tecnológica. Podrían probarlo en un laboratorio, pero ahí sólo se simulan las condiciones y no es lo más atractivo para el comprador futuro de ese producto que quieren probar. Y, por último, también podrían ser clientes las agencias espaciales, ya que tanto para exploración espacial como para hacer investigación científica, necesitan de acceso frecuente y recurrente al espacio. Y habría una cuarta línea, que aún es incipiente: empresas que, en un futuro, pondrán en órbita pequeños satélites para ofrecer servicios tecnológicos (Internet, big data, uso de imágenes por satélite en tiempo real, observación terrestre del clima o de movimientos migratorios)”.

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