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Autor de 'La crisis NINJA y otros misterios de la economía', ex profesor de política de empresa del IESE y gurú mediático

Entrevista a Leopoldo Abadía

Hasta hace año y medio Leopoldo Abadía disfrutaba de su jubilación tras 31 años como profesor del IESE. Era un desconocido. Pero su forma de explicar la crisis financiera desvestida de tecnicismos y el éxito de ventas de su libro le han aupado al olimpo de los gurús. No hay misterio: Leopoldo Abadía confiesa que su mejor arma es el sentido común.

Julio Fernández | 29/07/2009
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Leopoldo Abadia
Leopoldo Abadía

Gurú campechano para unos, entrañable maestro para otros, este ex profesor de Política de Empresa del IESE ha llegado con su verbo fácil y directo a casi todos los hogares gracias al impacto mediático de la televisión e Internet. Leopoldo Abadía es un fenómeno. Se mire por donde se mire. “Felizmente casado, padre de 12 hijos y abuelo de 35 nietos”, en la corta distancia es un chaval de 75 años que transmite humanidad por los cuatro costados. Auténtico. “A mi edad me permito simplemente decir lo que pienso”. Su ‘best seller’ La crisis ninja y otros misterios de la economía, en el que “explico la crisis de una manera que todo el mundo entiende” –y que ya va por su 12ª edición–, le ha encumbrado a lo más alto. Aunque no a su pesar. Se ve que disfruta.

¿Cómo alguien que afirma no saber nada de economía lo explica de una forma que todo el mundo entiende y aplaude? Es sentido común. No hace falta ser Premio Nobel. Cuando me dicen el mérito de explicar lo complejo de manera simple, digo que no es verdad. Tengo mérito por explicar lo simple de manera simple.

¿Cómo le explicaría a una microempresa con problemas de circulante la resistencia de los bancos a concederle un crédito ahora, cuando hace seis meses sí lo recibía? Yo creo que los bancos tienen tanta porquería (derivada de las hipotecas basura) que el dinero que reciben de cualquier sitio lo emplean para sanearla. Y por intentar salvarse ellos y sanear la porquería lo está sufriendo los demás.

Usted ha hablado de que esta es una crisis de decencia. Explíquese. Es que ha sido la crisis. Yo creo que en esta crisis lo menos importante es lo económico; que es la consecuencia. Me preguntaban en un programa de televisión hace unos días si había que volver a los viejos valores… Pero si los valores no son viejos ni nuevos. ¿Habrá que volver al ‘viejo’ valor de no meter la mano en la caja ajena y llevarse el dinero? ¡Pues sí! ¿Habrá que volver al valor de no mentir? ¡Sí, sí! Yo no sabía que los habíamos perdido y ahora hay que volver a ellos.

¿Qué explica que no saltasen las alarmas del sistema financiero? El sistema en teoría está bien, pero lo que pasa es que si yo tengo que regular (en referencia a la FED) y no regulo, y si tú tienes que calificar los riesgos y los calificas mal, pues es que tú y yo lo hemos hecho mal. Ha habido fallos. Aquí lo que ha pasado es que ha habido 15.000 sinvergüenzas y un millón y medio de estúpidos, más o menos (Risas). ¿A qué llamo sinvergüenzas? Pues al señor que ha inventado un producto financiero complejísimo, que no se entiende, y que ha forzado a su gente a vender ese producto sin entender lo que vendía. ¿A qué llamo estúpido? A las entidades financieras que han comprado esos productos sin entenderlos. Y tú y yo hemos sido unos ingenuos, que hemos ido a una entidad financiera y la hemos preguntado. Tengo un amigo que a los 76 años ha perdido todo su dinero. ¿Por qué? Por un buen consejo que le dio un banco de aquí, y que ahora no responde.

Se utiliza el símil de la barra libre para explicar la crisis. ¿Quién cree usted que ha empinado más el codo en esta fiesta financiera? Todos hemos empinado un poco el codo. Pero a mí, cuando me dicen “la culpa es nuestra”, respondo “no, no, majo”. Puede que yo haya sido imprudente. Lo que no admito es que las entidades financieras, que lo han hecho tan mal, me echen la culpa ahora a mí. No. Me la puede echar mi mujer. Puede decirme “Leopoldo, te has portado mal porque has sido un imprudente”, pero nunca los que me han animado a serlo.

Imagínese que tuviera la oportunidad de compartir un día con Madoff o con los responsables de ocultar en las titulaciones hipotecas basuras. ¿Qué les diría? El otro día me preguntaba que si me iría de copas con él. ¡Pues por supuesto que sí! Antes le diría: “Eres un sinvergüenza y un estafador. Ha quedado claro”. A partir de ahí, vamos a reírnos. Madoff es un crack (Risas). Ha engañado a los más listos del mundo copiando una estafa inventada en 1900 por un italiano que se llamaba Ponzi, que también tuvo que ser un buen pájaro, y que Madoff ha plagiado literalmente. Pero lo de Madoff no pertenece a la crisis. Es un estafador vulgar y corriente. Siempre los habrá.

En línea con los misterios de la economía, ¿quién califica a las agencias calificación?A juzgar por los resultados, da la impresión de que nadie. Pero, fíjate, que después del éxito que han tenido, no les ha pasado nada. Siguen actuando. ¡Y cuando lo hacen todos nos ponemos a temblar!

Le pido que saque el gurú que lleva dentro. ¿Quién nos va a sacar de esta crisis? Yo creo que de esta crisis y de todas nos sacan las empresas. Y las empresas son personas, a las que hay que animar desde las instancias públicas.

Brotes verdes, ¿sí o no? Ni uno. La ministra dijo lo de los brotes verdes porque una semana antes lo había dicho Bernanke. Puede haber una promoción de viviendas unifamiliares en, digamos, Massachusset que está vendiendo muy bien. Vale. O una industria pesquera noruega a la que le está yendo muy bien. De acuerdo. Pero yo soy incapaz de relacionar uno con otro y de ahí deducir que hay brotes verdes. Yo he decidido moverme sólo por un indicador, por una cifra, que es la del número de parados que hay en España. Sólo eso. El día que esa cifra de parados baje en uno, habrá un brote verde; el día que bajen 100, 100 brotes verdes.

¿Dónde invertiría en estos momentos sus ahorros? Pues mira, en un producto financiero que yo entienda perfectamente bien. ¿Qué quiere decir entender? Pues que yo sepa explicar a mi mujer, mi mujer a mi, mi mujer y yo a la abuela, y ésta a los nietos. En el momento que alguno de esos eslabones se rompe, ya no me interesa. Si te compras un jersey y llegas a casa, sabes explicar la compra. Lo mismo tiene que pasar con los productos financieros. Yo creo que durante años hemos estado comprando prendas que no sabíamos qué eran. ¡Y todavía hoy, ehh!

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