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5 claves de la inteligencia en la comunicación

17/05/2018
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¿Piloto? ¿Médico? ¿Abogado? ¿Ministro? Qué va. Yo cuando era niño soñaba con ser comunicador. Comunicar y motivar. Siempre tuve claro que si cada persona fuera conocedora no del potencial que podría poseer, sino del que ya posee, sufriría insomnio solamente de la emoción. Y mi sueño, como fan del ser humano, era tener el privilegio de ayudar a la gente a descubrirlo. Qué bonito que, gracias a la popularidad de mi primer libro, Los 88 Peldaños del Éxito, en los últimos años haya tenido el enorme honor de dar más de trescientas conferencias en los cinco continentes y en países tan variopintos como Kazajistán, Marruecos, Portugal, México o Estados Unidos. ¿Me lo hubiera creído si alguien me hubiera dicho de niño que iba a tener el privilegio de dirigirme a cientos de miles de personas? Supongo que tanto como Neil Armstrong si le hubieran dicho que de mayor sería el primer humano en pisar la Luna. O sea, ni en sueños.

  La escuela que más enseña es la escuela de los batacazos. Como trescientas conferencias dan para muchas escuelas y muchísimos batacazos, hoy soy conocedor de muchas técnicas y prácticas que hace unos años desconocía. No sé a quién podríamos considerar el mejor comunicador del mundo, pero si pudiésemos entrevistarlo, fuese quien fuese, y pedirle las mejores claves de la comunicación, estoy convencido de que al respecto de las que aquí incluyo diría algo así como... «no están todas las que son, pero sí son todas las que están». Por tanto, no voy a crear un Peldaño a modo de disertación. Voy a hacer algo mejor. En lugar de crear un océano con cincuenta claves para que tú navegues y tengas que identificar las cinco mejores, directamente te ahorraré las 45 peores. :-)
                    
  Aquí el ranking de mis cinco claves más rompedoras de la comunicación (tanto escrita como oral), de la última a la primera.
         
#LaInteligenciadelÉxito
La capacidad para comunicar es la mayor de las capacidades del ser humano.
Y la más desaprovechada. 

@Anxo

Nº 5. El secreto de la coherencia

  Una charla (o un texto) puede tener coherencia y ser mala, pero, desde luego, no puede no tener coherencia y ser buena. La coherencia es condición sine qua non para comunicar bien. La pregunta es: ¿cómo lograrla?
                    
  Este es el truco. Enlaza un mensaje del final (a ser posible la conclusión) con mensajes del principio. Aquí muestro un par de ejemplos.
                    
  «¿Recuerdas cuando al principio dije que mi teoría tenía el poder de ser revolucionaria? Este es el motivo...»
                    
  «Al inicio de mi discurso dije que lo que les he contado no funciona en el 100 % de los casos. Esta es la explicación...»
                    
  Las ventajas de esta clave son dos. La primera es que demuestras que cada parte de tu mensaje no era una baldosa en la cuneta, sino una baldosa en un camino. Sigue un hilo que es parte de un viaje y que tiene razón de ser. La segunda es que estás demostrando que has sido capaz de completar el círculo, y completar el círculo es sinónimo de lograr algo valiosísimo: dar al público/lector una sensación de cierre. No es un cuadro a medias. Es un cuadro acabado.

                           

Nº 4. No se adapta la audiencia al mensaje. Se adapta el mensaje a la audiencia

  Si estás dando una conferencia médica a gente que no trabaja en tu campo y quieres usar la palabra «ensalmar» como sinónimo de «componer un hueso roto» y estás seguro de que la inmensa mayoría de tu público no conoce esa palabra, por el amor de Dios trágate tu purismo y di «componer un hueso roto».

Nº 3. Ten decalaje

  ¿Qué es el decalaje? La distancia entre lo que vas pensando y lo que vas diciendo. A mayor distancia, más control. Y a menor distancia, más nervios. Si ves que aumentan tus nervios y que tu decalaje es demasiado corto, aquí tienes el remedio: simplemente reduce la velocidad de tus palabras. Reducir drásticamente la velocidad te da tiempo para pensar no solo en una cosa, como puede ser tu mensaje, sino en otras igual de importantes como evitar muletillas, ser consciente de cómo empleas tu lenguaje corporal, sonreír o no repetir palabras. Dicho de otro modo, ir por delante es tener control.

Nº 2. No pienses «comilonas». Piensa «bocados»


  ¿Sabes qué son los conectores discursivos? Hay dos maneras de explicarlos. La primera es con la explicación gramatical. Esa aquí me interesa poco. La segunda me interesa más. Los conectores discursivos son... tu mayor enemigo (incluyo varios en mayúsculas en el primer ejemplo).
                    
¿Y quién es tu mayor amigo? El punto y seguido.
                    
MAL:
«Idea 1, A PROPÓSITO... blablablá... idea 2, AUNQUE TAMBIÉN ES CIERTO QUE... blablablá... idea 3, SI BIEN, DICHO SEA DE PASO... blablablá... idea 4, EN REALIDAD ESTO NO ES DEL TODO CIERTO, YA QUE... blablablá...».
                    
BIEN:
«Idea 1. (¡PUNTO!) Idea 2. (¡PUNTO!) Idea 3. (¡PUNTO!)
                    
Idea 4. (¡PUNTO!)».
                    
  Apostaría mi dedo meñique (tranquilo, es retórico) a que no existe casi ningún mensaje de cinco renglones que no pueda dividirse en cinco mini-ideas que formen cinco mini-frases.
                    
  Cada vez que dentro de una frase abrimos otra y otra y otra es como poner un bocado en la boca de alguien y luego un segundo y un tercero sin permitirle tragar el primero. Comunica igual que comes. Permite que la gente trague el mensaje uno antes de darles el mensaje dos. ¿Cómo? Con ideas cortas que empiezan y acaban.
                    
  El conector discursivo convierte tus mensajes en comilonas. El punto y seguido las convierte en bocados. Y...  

Las comilonas se vomitan. Los bocados se digieren.

Nº 1. Crea un pedestal para tus mensajes estrella

  Si yo te presentara cuatro árboles llenos de hojas, seguramente no podrías decirme cuál es el número total de hojas, pero, sin embargo, sí sabrías decirme cuál es el número total de árboles. Lo mismo debería suceder con tu discurso y tus mensajes. El número de palabras de tu discurso es indeterminado, pero el número de mensajes no lo es. Debes conocer cada uno de tus mensajes estrella, y cuando llegue su momento, tendrás que asegurarte de que ningún miembro del público se los pierde. ¿Cómo? Creándoles un pedestal.
                    
  Cada vez que insertas un silencio deliberado, usas tu lenguaje corporal o modulas el tono de tu voz para dirigir la atención, estás generando expectación, y hacerlo es sinónimo de... «aquí va a pasar algo importante». Conseguir crear expectación antes de dar un mensaje equivale a construir un pedestal para ese mensaje. Y todo lo que se sube a un pedestal se observa más, se pondera más, y se retiene más.
                    
  «... Y ahora les voy a contar (pausa) las tres formas (tres dedos en alto, tono de énfasis) con las que creo que la empresa puede obtener un crecimiento interanual de dos dígitos (silencio, brazos abiertos, rostro de expectación)...»
                    
  Crea un pedestal así y te aseguro que el 100 % de tus interlocutores que estén jugando con su teléfono móvil dejará de hacerlo para escucharte a ti.


    

Si quieres comunicar de forma impactante,
da mensajes de modo inteligente.  

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