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¿Corazón o cabeza?

06/09/2018
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Una vez trabajé con un director de cine que dirigió y produjo un documental sobre los nazis y el Holocausto. Me contó la historia del rodaje y que, llegado a un punto de este, decidió contratar un helicóptero con su respectivo piloto durante varios días para grabar unas tomas de unos campos de concentración desde el aire. Solo esas tomas le costaron tanto dinero como la producción del resto de la película. Estaba entusiasmado con ellas, tanto antes, como durante, como después de rodarlas. Pero hubo un problema. Cuando estaba en la fase de posproducción se dio cuenta de que las tomas no mejoraban la película. Su cerebro izquierdo le decía: «Si no la mejoran, retíralas». Su cerebro derecho rebatía: «Sí, pero me costaron tanto trabajo y dinero que tirarlas me daría demasiada pena».

Este dilema le sucede a todos los directores de cine. Siempre. Y ¿cuáles acaban siendo las mejores películas? Aquellas en las que el director escuchó al cerebro izquierdo (la parte racional) y tuvo la disciplina de extirpar de forma despiadada todo aquello que no mejora el filme... por mucha pena que le diera.

La vida es como una película. Cada escena que no aporta, resta.

Pensar en todo lo que te costó grabarlo es pensar con el corazón. Pensar en todo lo que aporta a la película es pensar con la cabeza.

Hay mil áreas en la vida donde decidir con el corazón es lo más correcto del mundo. Sin embargo, en todo aquello que tenga que ver con decisiones de estrategia, asegúrate de que, aunque escuches al corazón, la que decida sea la cabeza.

La función de este Peldaño es la de aplicar la inteligencia del éxito para convertir tu mente en tu espada, a fin de marcarte un objetivo, una meta o una misión y enfilarte de cara a ella como un láser, con una fijación mental que combata todos los sentimentalismos que, en lugar de acercarte a tu objetivo, te alejen de él. Cada vez que no eliminas unas imágenes de helicóptero que no suman, que no despides a una persona de tu empresa a la que tienes cariño pero que ha dejado de contribuir al proyecto o que tomas cualquier decisión por pena, lo que estás haciendo es centrarte en aquello que cuesta mucho pero suma poco. Entrenar la disciplina para tomar no la decisión más fácil, sino la más correcta es mejorar tu inteligencia del éxito.

Yo, que he tenido que despedir gente en numerosas ocasiones, puedo constatar lo duro que es hacerlo. Diría que es la parte más dolorosa de tener una empresa. Y, de hecho, no conozco a ningún emprendedor que no lo pase mal cada vez que tiene que enfrentarse a esa situación. Nadie quiere echar a un trabajador, y menos cuando te has encariñado con él o ella. Pero el trabajo de un CEO o de un directivo siempre es tomar la decisión más responsable para la empresa y proteger la viabilidad del barco, ya que poner en riesgo el barco es poner en riesgo a todas las familias que comen de él.

Decidir por pena es decidir con debilidad. Decidir por criterio es decidir con inteligencia.

Elegir con el corazón es elegir con la parte menos racional, con la que te beneficia a ti y además sólo en el corto plazo. Elegir con la cabeza es perder tú en beneficio de una causa mayor que tú.

Te voy a dar un argumento que te dará la fuerza para tomar una decisión tan dura como la de prescindir de un trabajador. Si eres empleador, úsalo para que no te tiemble el pulso a la hora de hacerlo (siempre y cuando estés seguro de que es lo correcto). Si eres empleado, úsalo para comprender al que te despide, o mejor aún, para trabajar duro para evitar que lo haga:

«Cada vez que das trabajo a alguien que no lo merece, se lo estás negando a alguien que podría merecerlo mucho más».

#LaInteligenciadelÉxito
Tomar los caminos más fáciles es obtener los resultados más débiles.
@Anxo

 
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