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A Cristina Hoole, la directora de Márketing de Linkedin Europa, su empresa la fichó en... Linkedin. ¿Dónde si no? “Tenía mi perfil ahí, la empresa lo vio y me hizo una oferta”, explica. No es que esta ejecutiva, nacida en México y que ahora trabaja en la oficina de Londres, se apuntara a esta red de networking para encontrar un nuevo empleo. El que tenía, le gustaba. “Lo hice porque mi trabajo me obligaba a relacionarme con mucha gente y a intercambiar información”. Pero, como a millones de otros usuarios de estas redes, lo de colocar su perfil en Linkedin le resultó clave para lograr un ascenso.


En una época en la que imperan la globalización y lo virtual, y en la que ejecutivos o profesionales (especialmente en telecomunicaciones, TIC, banca/inversión y ventas) se ven obligados a relacionarse con colegas, clientes o proveedores de todo el mundo, este tipo de redes, integradas en la galaxia de la web 2.0, se han expandido a tal velocidad que incluso la palabra vertiginoso puede resultar insuficiente.



Recoger los frutos

Cuando en el 2003 Reid Hoffman puso en marcha Linkedin con un grupo de cuatro amigos en el salón de su casa californiana, la web echaba a andar con 350 contactos, que se convertían en 4.500 al mes y en 81.000, siete meses después. Al año siguiente, la web llegaba a 1,6 millones de suscriptores, a ocho millones en el 2006 y a 53 millones, en noviembre pasado. “Añadimos un millón cada 12 días”, afirma Hoole.


Algo similar ha ocurrido con Xing, fundada también en el 2003 por Lars Hinrichs, en Hamburgo. Con 1,5 millones de miembros en el 2006, alcanzaba los 8,3 millones en septiembre del 2009. Le bastó un año (llegó en el 2008 a España) para hacerse con 1,1 millones de miembros en nuestro país.

“Estos crecimientos se explican por el llamado sistema de multiplicación viral: los nuevos miembros traen una lista de contactos que se convierten en miembros que traen, a su vez, más contactos”, señala Daniel Pérez, director general de Xing España.


Viral o no, esta afluencia desbordante de suscriptores no se hubiera producido de no ser por la posibilidad de utilizar esas webs como redes para buscar empleo, seleccionar candidatos o hacer contactos para los fines profesionales más diversos. Los empleadores las usan cada vez más para acceder a una ingente masa de profesionales, fácilmente contactables y clasificables. Y estos, a su vez, se apuntan ante la posibilidad de ponerse a tiro de los potenciales reclutadores.


Lo curioso es que esta ingente masa de suscriptores básicos no les reporta a Linkedin o a Xing ni un euro. ¿Dónde está, pues, el negocio? En poner la mayor cantidad posible de sujetos target a disposición de los miembros premium, aquellos que buscan en la web las personas con los perfiles adecuados para sus objetivos, y pagan por ello.


A los suscriptores gratis, que suman hasta el 95% del total (según las webs y los países) se les permite colocar su perfil y contactar con otros miembros a dos o tres grados de separación. Pero sólo los premium pueden buscar libremente los perfiles que les interesan a lo largo de la web. Para hacerlo deben pagar cinco euros en Xing y entre 18,18 y 364,27 euros en Linkedin, dependiendo de el número de correos que se quieran mandar (de 3 a 50 al mes), el número de perfiles mostrados por búsqueda (de 300 a 700) y del número de carpetas que desees para organizar tus contactos (de 5 a 25).  “Pagar te permite desplegarte por toda la red de contactos existentes y conectar con todos los que quieras”, dice Pérez.




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