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Liquats Vegetals, pioneros de las leches vegetales

"Nuestra competencia es fuerte, pero nosotros somos muy eficientes"

Fue la primera empresa española en elaborar leche de soja hace 26 años. Hoy tienen el 19 % del mercado. Esta empresa familiar está en el ranking de las 1.000 Compañías Europeas que Inspiran, elaborado por la Bolsa de Londres entre 23 millones de empresas. Todo un éxito.

Joana Uribe | 30/11/2017
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Leche de vaca, de cabra, sin lactosa, con calcio, con vitaminas. Pero también de soja, de avena, de arroz, de almendra. Hoy, en cualquier lineal de un supermercado, hay todos estos tipos de leche y más. Pero en 1991, cuando Josep María Erra fundó su empresa, Liquats Vegetals, para elaborar leche de soja, no era nada común.

Erra fue un pionero ya que fundó la primera empresa en España dedicada a las leches vegetales. Los inicios fueron muy duros, pues vendía sobre todo en los centros de dietética. Quizá por eso se planteó desde el inicio ir al mercado exterior. Prácticamente, lo vendía todo fuera. Hoy, 26 años más tarde, su empresa es referencia del sector en España y con sus marcas Yosoy, (la más extendida) Monsoy (centrada en centros de dietética) y Almendrola, copan el 19% del mercado. ¿Cómo lo han conseguido? Trabajo, planificación, creer en el producto, tecnología y un montón de audacia.

En plena naturaleza

La fábrica de Liquats Vegetals está en Viladrau (Barcelona), en pleno Parque Natural del Montseny “Cuando mi padre creó la empresa, tuvo claro que para hacer un producto como el nuestro debíamos ir a un espacio natural donde una parte fundamental del mismo, el agua, fuera de primera calidad”, explica Laura Erra, hija del fundador y directora general. Entre estas montañas la han encontrado.

Josep Maria Erra venía de la industria láctea. Había trabajado en Letel, una empresa familiar lechera a la que, en primera instancia, propuso su proyecto, pero ante su negativa, decidió empezar solo y con un par de trabajadores. Ahora son 185. Un socio aportó los terrenos. Durante los diez primeros años se centraron exclusivamente en la leche de soja y fue durante un tiempo el único productor español. Después ampliaron la gama, primero a la de almendras. Luego vinieron la de arroz y la de avena. Ahora disponen de una amplia gama.

Pero el mercado dietético acababa siendo muy reducido. Josep María Erra quería hacer un producto de calidad que pudiera venderse en grandes superficies. En 2000 tuvo contactos con Mercadona y la compañía de Roig empezó a comprar su marca Yosoy. Después decidieron elaborar su propia marca y dejaron de comprarles (posteriormente han vuelto a hacerlo).

Aquella fue una gran experiencia y Erra entendió que el crecimiento debía venir a través de economías de escala y vendiendo en la gran distribución. Además, los cambios culturales del país hacia una alimentación más sana ayudaban, esta vez sí, al proyecto. “Mi padre tuvo la visión clara planteándose la comercialización a unos diez años vista. El precio real del producto resultaba caro y así jamás llegaría a la mayoría de consumidores. Tenía que conseguir bajarlo y mantener la calidad. Sólo podíamos hacerlo mejorando la eficiencia, con la tecnología y haciendo muy conocida la marca para vender más y poder escalar los procesos”.

Ajustaron al máximo los beneficios para llegar al máximo de clientes y hacer conocida la marca. “Confiábamos en nuestra calidad y que el boca oreja con el tiempo daría resultados”, dice la directora. La estrategia que empezó en 2010 ha dado sus resultados y sus productos están en todos los lineales de supermercados.

Fue así como la tecnología se convirtió en fundamental. “Transformamos la maquinaria que nos llega o desarrollamos una propia para hacer los procesos de forma mejor y más eficiente.” Eficiencia es la palabra clave. “Si la mecanización es óptima se puede extraer el máximo rendimiento de un kilo de avena, por ejemplo”, dice Erra. En Liquats Vegetals, además, se tira poco. Los residuos se reciclan. La fibra vegetal que sobra se utiliza para alimentación animal. La energía que se genera en los procesos se utiliza para otros. Este año se han propuesto reducir un 20% el consumo de agua de toda la empresa.

Tecnología y eficiencia como estrategia

La tecnología ha servido, además, para mejorar la calidad sin necesidad de utilizar aditivos. Para sustituirlos utilizan procesos tecnológicos que de la forma natural obtengan mejores resultados. Se utiliza vapor, presiones, centrifugación, temperatura y otros métodos para extraer el máximo de la materia prima. “Queremos que la tecnología nos ayude a resolver problemas que la competencia soluciona añadiendo gomas, aditivos, aromas entre otros”, asegura Laura Erra.

Con la soja y la avena, por ejemplo, se transforma el almidón en azúcares naturales mediante un proceso enzimático, en lugar de añadir azúcar refinado. “Es dulce y natural sin añadir nada”. Con una mecanización óptima consiguen el mayor aprovechamiento. “Nuestra competencia es muy fuerte pero somos muy eficientes”. Hoy la empresa está muy mecanizada. “Puedo dar las órdenes desde el ordenador de casa y mi hermano desde el móvil. Hemos conseguido una compañía muy competitiva en costos”, añade Laura Erra.

Sin olvidar que “la materia prima es fundamental –explica Erra–. Exigimos máxima calidad y que no sea transgénica. En la soja, por ejemplo, es muy importante. La compramos en Canadá, uno de los productores con más garantías. Nos llega vía marítima, que es más sostenible”.

Calidad e innovación

Erra asegura que además realizan sus propios controles, analizando, por ejemplo, el nivel de proteína que tenga el grano. La soja ecológica la compran en Francia. En el caso de la avena, tienen dos proveedores en el norte de Europa. “Normalmente el mercado trabaja con copos o harinas. Nosotros siempre partimos del grano entero”. Sus análisis exhaustivos de calidad detectan la cantidad de fibra. En el caso de la almendra, elaboran a partir del fruto entero pelado. “El mercado trabaja a partir de pasta de almendra o almendras troceadas y el producto no es igual. La troceada, por ejemplo, sufre un proceso de oxidación que rebaja la calidad, ya que los nutrientes se conservan mejor si la materia prima no está oxidada. Tenemos un sistema patentado para extraerlos de la forma menos invasiva y conseguir el mayor rendimiento”, detalla. Este afán por la calidad le ha valido en 2016 el premio Superior Taste Award que otorga el Instituto Internacional del sabor y la Calidad. Una especie de estrella Michelín en su campo.

La empresa está ahora inmersa en un plan para doblar su capacidad productiva. Han invertido 25 millones de euros en una ampliación de su planta de 16.000 metros cuadrados. Quieren pasar de los 80 millones de litros anuales actuales al doble.

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