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Bodega Emilio Moro

Cómo un sello de calidad puede poner a tu empresa en el mapa europeo

El EFQM es un sello europeo al reconocimiento de la excelencia empresarial. En España se supone que son ya cerca de 500 empresas las que lo tienen. A punto de conseguirlo está la bodega Emilio Moro, la primera en esta modalidad de empresa que lucirá el distintivo.

Ana Delgado | 21/09/2017
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Imagen de José Moro en la bodega

En 1891 nace su abuelo, Emilio Moro, en Pesquera de Duero (Valladolid), "y con él se inicia la trayectoria vitivinícola de la familia Moro. En 1932 nace mi padre, también llamado Emilio Moro, quien hereda de mi abuelo todo lo que éste sabía del mundo del vino y éste, a su vez, nos lo transmite a mis hermanos y a mí. El primer gran hito de la tercera generación se produjo en 1989 cuando decidimos comercializar el vino, al que mi abuelo y mi padre habían dedicado toda una vida, bajo una etiqueta. Además, hace ya años que la tercera generación empezamos a trabajar otro gran proyecto: Cepa 21”. Con estas pinceladas zanjamos los 126 años de historia de las bodegas Emilio Moro porque su actual presidente, José Moro, con todo el cariño y respeto que demuestra a sus antepasados, parece más un hombre a futuros.

Químico de formación, a José Moro le gusta estar al día, viajar, escribir de vinos en su blog y cultivar las redes. Algo de visionario también tiene. Los reconocimientos a sus caldos, presentes en 55 países y con los que dicen que el grupo factura 23 millones de euros anuales, no le parecieron prueba suficiente a un hombre que se define con temperamento, ordenado y metódico, como buen virgo, y con las ideas claras.

Esa clarividencia es la que le hizo ver que, si las cosas iban bien en la bodega, podían ir todavía mejor. Todo es mejorable y la misma excelencia obtenida en sus vinos, quería traspasarla a toda la organización empresarial y a su gente. Además de resultados buenos, los quería felices. Así es como se animó a implantar el sello EFQM y aspirar a la calidad integral de la organización, aunque para ello hubiera que darle la vuelta entera. Cuando lo reciba dentro de unos meses será la primera empresa en su modalidad que lucirá el distintivo europeo.

Un largo proceso

El proceso de implantación del EFQM se lleva a cabo durante distintas fases. A una primera de autoevaluación en todos los departamentos y aspectos de la empresa, le sigue la elaboración de un plan de mejora y una tercera fase en la que se recibe la visita de validación donde la compañía deberá demostrar que ha desplegado todas las acciones de mejora recogidas en la fase anterior. El ciclo se cierra, aproximadamente 2 años después, con el envío por parte de la entidad certificadora y la concesión, si procede, del sello de excelencia, con dos años de validez.

Pero el modelo arranca con la sensibilización del responsable de la empresa, mérito indiscutible en este caso de José Moro. “El cambio en las organizaciones debe venir de arriba hacia abajo y luego ha de ser transversal, para que todos salgamos ganando, la empresa y las personas que la integran”, dice. La revolución interna ha sido total. Implantación de buenas prácticas, nuevos protocolos de actuación en el trabajo, reestructuración de los puestos de trabajo, reforma del organigrama… y todo ello medido conforme a unos criterios de excelencia hasta conseguir los objetivos marcados.

Orgullo de pertenencia

¿Merece la pena tanto esfuerzo para lucir un sello dos años? “Sólo con ver el clima laboral que se respira ahora en la empresa doy por satisfecha la inversión. Ahora sé que la mayoría de los empleados siente orgullo de pertenencia y para mí eso es importante”, dice José Moro. Se refiere también al efecto multiplicador del sello que rebota no sólo en el centenar de empleados, sino también en las relaciones empresariales con terceros, tanto distribuidores, como proveedores o clientes, de manera que si no se ajustan a sus cánones de eficiencia peligra la relación. “Esto es una cadena que afecta no solo a una organización empresarial, sino también a los stakeholders que han de actuar siguiendo tu misma línea”.

En cuanto al coste que le ha supuesto la implantación del modelo EFQM, José Moro se niega a revelar la cifra “porque a mí no me gusta hablar de dinero. Lo que sí puedo decir es que no he escatimado gastos una vez que tuve claro por dónde quería ir. Hoy creo que tenemos una empresa eficiente en todos los sentidos, con unos procedimientos de actuación muy definidos y una organización versátil y polivalente donde la marcha de alguien, incluido yo, no entorpecerá su progreso, más allá incluso del apellido”.

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