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Entrevista a José María Fernández Sousa-Faro, fundador

PharmaMar: “Somos los primeros en sacar partido del fondo marino”

Este catedrático de bioquímica metido a empresario tuvo que esperar 21 años para ver cumplido su sueño: la aprobación de su primer medicamento contra el cáncer, un ejemplo de tenacidad imprescindible en cualquier emprendedor.

Fernando Barciela | 26/03/2016
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José María Fernández Sousa-Faro puede presumir de haber creado la primera empresa española capaz de haber sacado al mercado internacional un antitumoral, Yondelis, que se vende en más de 80 países del mundo y que se verá seguido dentro de unos pocos años por un segundo fármaco, también contra el cáncer, Aplidina. Detrás queda una lucha denodada por cumplir con una misión que muchos consideraban imposible: extraer medicinas de los fondos marinos. Este año, su empresa PharmaMar (producto de una fusión interna con Zeltia) saldrá a cotizar en el Nasdaq.

EMPRENDEDORES: Usted fundó PharmaMar hace unos 30 años, en 1986, pero sólo hace poco empezó a ver los resultados. ¿Cuáles fueron las principales dificultades que tuvo que superar en una travesía tan larga?
J.M.F.S-F.: Las principales dificultades han venido de la propia dinámica del sector de la salud. Los requerimientos regulatorios se han ido endureciendo cada vez más, de modo que cada vez es más difícil y se tarda más en sacar una medicina al mercado. Desde que empezamos a trabajar en un fármaco con potencial hasta que sale al mercado necesitamos como mínimo 14 o 15 años, de modo que lo primero, sobre todo si estás iniciándote en el sector, es mucha paciencia y capacidad de aguante.

EMP.: Me imagino que sería duro empezar. En aquella época ni siquiera existía biotecnología en España.
J.M.F.S-F.: Es cierto. El sector despegó en Estados Unidos con empresas como Genentech y Amgen, que hoy son grandes corporaciones. En España, efectivamente, no existía, por lo que no había manera de financiar actividades de este tipo, en especial el proceso de investigación de un fármaco a partir del laboratorio hasta su aprobación. Nadie creía en eso. El capital riesgo entonces apenas existía y el que había no invertía en biotecnología porque era un negocio que tampoco entendía.

EMP.: Ustedes llevaban desde 1985 investigando sobre fármacos para el cáncer de origen marino. ¿Cuándo dejaron de ser suficientes los ingresos del área química y tuvieron que salir a buscar dinero para asegurar el futuro de esas investigaciones?
J.M.F.S-F.: A partir del año 2000, el nivel de gastos era ya tan fuerte que no bastaba con los beneficios de la actividad química. Como estábamos en bolsa desde 1963 en el 2000 pudimos salir a hacer una ampliación de capital por valor de 240 millones de euros, dirigida por el HSBC, que fue suscrita mayoritariamente por inversores extranjeros, de Europa y Estados Unidos.

EMP.: Las empresas de biotecnología se quejan de dificultades para financiarse. Por lo que veo, ese no fue su caso.
J.M.F.S-F.: No tuvimos problemas, no. De todos modos, si hubiera habido dificultades, siempre hubiéramos podido conseguir el dinero necesario, pagando tipos más altos, claro. De todos modos, le diré que, con esa ampliación de capital y otra posterior, de 65 millones de euros, en 2005, pudimos financiar todos los desarrollos hasta que el Yondelis fue aprobado por las autoridades regulatorias europeas del sector. Otra vía importante de ingresos para nosotros fue que en 2001 también habíamos firmado un acuerdo muy interesante de licenciamiento con Johnson & Johnson, que nos reportó dinero contante y sonante, además de que nos sirvió para compartir con esa farmacéutica los gastos de desarrollo del fármaco Yondelis.

EMP.: ¿Diría que el escenario ha cambiado radicalmente en los últimos 20 años en lo referente a la financiación de estos fármacos?
J.M.F.S-F.: Evidentemente. La situación en los últimos 10 o 15 años no tiene nada que ver con la de hace 30. Hoy tenemos en España un sector del capital riesgo que invierte en biotecnología, alguno incluso muy especializado en este segmento. PharmaMar tampoco es lo mismo que hace 20 años. Ahora tenemos ya en el mercado una medicina, Yondelis, para el sarcoma del tejido blando (un cáncer,) que vendemos en 80 países y comercializamos directamente en Europa, a través de filiales propias en Alemania o Italia, donde tenemos redes comerciales. Yondelis es un producto que está ahí, en números positivos y con ventas crecientes.

EMP.: ¿Cómo se hace, desde una biotecnológica española, para captar el interés de una gran farmacéutica global como Johnson & Johnson y lograr un acuerdo para el desarrollo de un fármaco?
J.M.F.S-F.: Lógicamente, tienes que tener algo que ofrecerle. Nosotros teníamos una molécula en una fase intermedia y con muy buenos resultados, lo que nos permitió hablar no con una multinacional sino con varias. En esa época ya mantuvimos contactos con varias farmacéuticas en torno a Yondelis, y eso es lo que seguimos haciendo. En 2013 firmamos otro acuerdo con varias compañías para la Aplidina.

EMP.: ¿Cómo entran en contacto con esas empresas, conseguir que les escuchen?
J.M.F.S-F.: Hay todo un entramado ya preparado para poner en contacto a las grandes multinacionales farmacéuticas con las biotecnológicas y las empresas que están haciendo I+D. Por ejemplo, los congresos de oncología, donde vamos y presentamos los datos de los estudios sobre los compuestos. Las farmacéuticas, que están permanentemente buscando nuevas licencias de fármacos para completar sus carteras de productos, van a esos congresos, estudian las propuestas que se les hacen, hablan con los oncólogos, visitan a los pacientes. Luego están también los grandes congresos de biotecnología, a los que también hay que ir.

EMP.: ¿Fueron ustedes los primeros en tener esa idea y ponerla en práctica?
J.M.F.S-F.: Nuestra idea no era totalmente original. Ya se intuía esa posibilidad. De hecho había escritos sobre este asunto y se sabía que el mar tenía un enorme potencial. Nuestro mérito estuvo en que fuimos los primeros en hacerlo y eso no era fácil. Yo no tuve ninguna ventaja sobre otros, lo único fue tener fe y poner los medios para hacerlo. 

EMP.: ¿No han tenido ustedes entonces ninguna competencia en este terreno?
J.M.F.S-F.: Por extraño que parezca, prácticamente ninguna. Ni la tuvimos, ni la tenemos a día de hoy. Hay apenas un caso, de una compañía japonesa, Eisiai, que tiene algún producto originado en fondos marinos para el tratamiento del cáncer de mama. Pero con una estrategia que no tiene nada que ver con la nuestra.

EMP.: ¿Yondelis ha sido la primera medicina española contra el cáncer?
J.M.F.S-F.: La primera. Fue el primer antitumoral español aprobado en Europa y Estados Unidos y el primero de origen marino aprobado en el mundo, dos hitos importantes para nosotros.

EMP.: ¿Tuvo alguna vez sensación de peligro, de que a causa de los retrasos de los reguladores o de la falta de financiación, la compañía pudiera venirse abajo?
J.M.F.S-F.: No. Nunca. Siempre que hemos tenido necesidad de más dinero para proseguir con el proceso y la investigación de los fármacos, hemos hecho una ampliación de capital y los inversores han acudido.

EMP.: ¿Está asegurado el futuro de Pharmamar?
J.M.F.S-F.: Estoy totalmente convencido. No sólo tenemos Yondelis, que está siendo todo un éxito, disponemos de otros dos antitumorales en el pipeline, en la fase 3, por tanto ya muy avanzados. Uno de ellos la Aplidina 1183, muy prometedora, en la que tenemos puestas muchas esperanzas. Prevemos que los ensayos clínicos van a estar terminados en 2016 de modo que en 2017 podremos presentar los dossiers de registro. La aprobación definitiva podría tardar un año en Europa y entre seis meses y un año en Estados Unidos.

EMP.: ¿Necesitarán hacer más ampliaciones de capital?
J.M.F.S-F.: Haremos, al menos, una este año, no tanto porque necesitemos más dinero, sino porque vamos a salir a cotizar en EE UU, en el Nasdaq.

EMP.: ¿Por qué la salida de Pharmamar al Nasdaq?
J.M.F.S-F.: Porque Estados Unidos representa el 46% del mercado oncológico mundial –Europa Occidental es sólo el 32% y Japón, el 11%– lo que le convierte en el mercado más importante del mundo y en el que hay que estar, sí y sí. Además, todo lo que tiene que ver con el desarrollo oncológico está ahí. El año pasado hice nueve viajes a EE UU. Dependemos de lo que ocurre en ese país por varias razones. La primera es que tiene la mayor comunidad de inversores en productos y empresas de oncología del mundo, luego es donde están los grandes expertos y oncólogos, las empresas especializadas, el capital riesgo, las universidades, los hospitales, donde hay que hacer los principales ensayos clínicos. Además de que, hasta que un fármaco no es aprobado por la FDA es como si no existiera: no viene en los manuales y guías del sector.

EMP.: ¿Cómo se mantiene la ilusión en una empresa de este tipo, con procesos tan largos?
J.M.F.S-F.: Yo creo que nuestra compañía es muy ilusionante, muy bonita en cierto sentido, porque hay muchos empleados que han visto nacer el bebé y han ido a la boda, han visto como Yondelis y Aplidina se desarrollaban y han llegado o están llegando al mercado. Recibimos cartas de pacientes que nos agradecen ya que gracias a nuestro fármaco pueden estar escribiendo esa carta, y eso es muy emotivo y satisfactorio.

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Los fondos marinos, un tesoro por explorar

El presidente de PharmaMar nunca tuvo dudas de poder sacar medicinas de los fondos marinos. “Las grandes medicinas han salido todas de la naturaleza –afirma– y el mar es un inmenso campo que estaba sin explorar, además de que el 80% de los seres vivos están en los océanos”. Fernández Sousa-Faro se reconoce como pionero en esta línea de investigación: “Hasta que empezamos nosotros, nadie había buscado ahí. Era, pues, una oportunidad. La prueba de que mi hipótesis tenía una base sólida es que empezamos a encontrar moléculas efectivas bastante pronto, entre ellas Yondelis, que se aprobó en Europa, en 2007, para el sarcoma de tejidos blandos y, en 2009, para el cáncer de ovario”. Ahora, además de Yondelis, PharmaMar tiene puesto también sus expectativas de crecimiento de la compañía en otro antitumoral, Aplidina.

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De las aulas a la empresa

D icen que los profesores de universidad no suelen dar buenos empresarios, de modo que lo que suelen hacer es buscar una especie de alter ego que les lleve los temas comerciales y financieros. No ha sido, por lo que se ve, el caso de Sousa-Faro, que entró en el mundo de los negocios un poco por casualidad.  “Yo era catedrático de bioquímica – recuerda– cuando mi familia, que participaba en Antibióticos a través de Zeltia, me llamó para que me hiciera cargo de la dirección de investigación de la empresa. Y ahí estuve seis años hasta que Mario Conde decidió vender la compañía a una multinacional italiana”.
Una vez que eso sucedió y, dado que su padre estaba enfermo, su familia le ofreció en 1985 hacerse cargo de Zeltia, la empresa familiar: “No tenía demasiados conocimientos sobre el mundo empresarial y tuve que prepararme. Me aconsejaron hacer un curso y e hice un MBA en el IESE, una decisión que resultó importante para mí”. El haber sido profesor antes que emprendedor y empresario también ha marcado su forma de dirigir una empresa: rehúye la intuición, le gusta escuchar antes de tomar una decisión y no le dan miedo las audiencias.

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