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Conservas Porto-Muiños populariza el consumo de algas en un mercado que él mismo ha creado

Las verduras del mar

En sólo ocho años, esta empresa gallega ha creado, desde la nada, un mercado nacional e internacional de algas en conserva y ha sabido hacerse un hueco en la mesa de restaurantes de prestigio como el Bulli, Arzak y Akelarre. Ya factura un millón de euros.

28/08/2008
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Antonio Muiños se puso su traje de buceo para descubrirnos los secretos de las algas.

Buscaba un producto desconocido y se encontró con uno del que no tenía mucha idea. Vamos, ninguna. Pero pensó que era perfecto porque tampoco había competencia. Antonio Muiños, con su fábrica en Cambres (A Coruña), emprendía así un negocio de éxito recolectando y enlatando algas. ¿Te lo imaginas? Ni siquiera el propio Antonio preveía que, ocho años después, su compañía distribuiría 120 toneladas de algas al año o facturaría casi ­un millón de euros. Ni mucho menos que este producto generaría el 25% de las ventas internacionales, exportando incluso a un mercado tan difícil como el japonés.

Entonces, ¿qué vio este emprendedor en las algas? En primer lugar, sus características nutricionales: aminoácidos, proteínas, vitaminas, minerales y oligoelementos, calcio, hierro, zinc… Sólo una ración de cinco gramos de algas secas diarias aporta a una persona todas las vitaminas y los minerales que necesita para mantener una dieta equilibrada. Segundo: su lado gastronómico, ya que ofrecen un intenso y agradable sabor, texturas y colores que las convierten en un plato exquisito o en el complemento de otros.

Todo esto lo empezó a descubrir Antonio en el 2000. Nori, wakame, kombu... nombres exóticos que suenan a comida japonesa, sin olvidar otros como la lechuga de mar, el espagueti de mar o el musgo de Irlanda. Y así hasta 16 especies de algas –tanto en conserva con agua o salmuera como deshidratadas en bolsa– que comercializa Antonio Muiños desde su fábrica Conservas Porto-Muiños. Pero ¿podía un producto absolutamente desconocido encontrar su hueco en el mercado?

Las algas no han sido la primera experiencia empresarial de Muiños, aunque sí tuvo que ver con otro producto nada popular y de poca demanda, sobre todo en Galicia, como las setas, para lo que constituyó la empresa Fungicultura Muiños. Hoy, con el nombre de Aldeca, distribuye setas, champiñones y productos como la castaña o frutos silvestres. Después, tras desechar otras propuestas como el caracol, se decidieron por las algas.

Distribución: de arriba abajo
Hasta la fecha, las algas habían t­enido poco protagonismo en la alimentación y sólo han estado presentes en tiendas de dietética y herbolarios. Para crear esta demanda y entrar en los canales de distribución habituales, Muiños emprendió una campaña de divulgación: “Queríamos generar un conocimiento más amplio sobre este producto resaltando su elevado valor energético, propiedades, sabores y texturas. En definitiva, una campaña que fuese dejando poso. Cuanto más sepan sobre las algas, mucho mejor”.

Ferias gastronómicas. Para empezar, organizó degustaciones con profesionales, medios de comunicación y público. También acudió a ferias y congresos gastronómicos. Porque a Antonio Muiños le gusta dar a probar las algas, ver la reacción de la gente, apuntar todas las opiniones. Es difícil encontrar una feria en España a la que no haya acudido con este peculiar producto. Y en la última, celebrada en Barcelona, consiguió importantes contactos. Uno de ellos ha sido el jefe de compras de Ferran Adrià. También ha cerrado acuerdos con empresas de platos preparados para introducir las algas en las recetas que comercializan.

Cocineros y hostelería. “Para nosotros, el apoyo de este sector ha sido esencial. Estos profesionales tienen enormes ganas de aprender y gran curiosidad por los productos nuevos para introducirlos en sus restaurantes”, afirma Muiños. Cocineros de prestigio como Ferran Adriá, Juan Mari Arzak, Joan Roca, Pedro Subijana, Marcelo Tejedor, Santi Santamaría, Quique Dacosta, entre otros, son clientes de esta empresa gallega.

Público infantil. Además, a través de los colegios, organizan excursiones a la fábrica y talleres especiales en las escuelas. “Los niños son los que menos prejuicios tienen a la hora de probar un alimento nuevo, así que aprovechamos esta predisposición para que aprendan a ser buenos consumidores en el futuro”, explica Muiños. En cada visita, se llevan a sus casas muestras del producto. Una forma efectiva de introducirlo en los hogares.

A por las grandes superficies. Conseguir que las cadenas hayan introducido el producto en el lineal ha sido complicado. El problema radica en que estos gigantes sólo dejan entrar a aquellos artículos que tienen una alta rotación. Sin una demanda, las algas lo tenían difícil: “Lo intentamos miles de veces. La idea era colocar el producto y trabajar conjuntamente con una campaña de información para conocerlo. Pero nada”.

Poco a poco, la corriente generada por la hostelería y el trabajo en las escuelas ha abierto paso a un producto que asociaron a un concepto, que si bien no es nuevo, sí ha ayudado a introducirlo en las grandes superficies: las verduras del mar.
María Jané

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