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Sastrería Cornejo ha colaborado con las superproducciones más importantes

La pyme centenaria que crece con su forma artesana de trabajar

La ya casi centenaria Sastrería Cornejo ha crecido empresarialmente manteniendo su forma artesana de trabajar. La confección manual de los diseños es una de sus señas de identidad y, quizás, el secreto que les catapulta a lo más alto. Hemos estado con Humberto Cornejo, tercera generación de la empresa familiar Sastrería Cornejo y director general de la misma, para conocer todos los entresijos de un negocio de cine.

Ana Sepúlveda | 28/08/2016
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Humberto Cornejo, director general

Puede que alguno de tus personajes favoritos de Juego de Tronos, como los miembros de la familia Stark, se abriguen a diario con sus pieles. O quizás los trajes de Blancanieves, que hacen soñar a tus hijos con la magia de otros mundos, estén confeccionados en sus talleres. Es difícil saber con exactitud el número de películas, series y obras de teatro en las que ha participado la Sastrería Cornejo, porque desde los años 20, que comenzó con el negocio, no han parado de trabajar. ¿Qué hace que una empresa centenaria siga creciendo a pesar de las adversidades? ¿Cuál es el secreto para sortear los baches y participar en las mejores superproducciones del cine?

Orígenes humildes

Para entender la historia de Cornejo, tenemos que remontarnos a 1920. Echa imaginación. Un joven Humberto, abuelo del actual director general, recibía como regalo de bodas una pequeña colección de disfraces para que él y su mujer empezaran a ganarse la vida. Por entonces, los disfraces cabían en una habitación de su casa en la Cava Baja de Madrid. Poco después se trasladaron a la calle de la Esgrima y, posteriormente, a la calle Magdalena, donde han estado hasta hace 15 años. En los primeros años, se dedicaba al vestuario para espectáculos: teatro, revista y zarzuela. Aunque el gran salto llegó en los años 60.

“En esos años viene el productor Samuel Bronston a rodar a España películas como Rey de Reyes, El Cid, La caída del Imperio Romano o 55 Días en Pekín. Él llegó con los mejores directores y actores, pero también con los mejores figurinistas”, cuenta Humberto Cornejo (nieto). “Empezamos a colaborar con ellos y durante esos años trabajamos mucho, hicimos mucha ropa, que no se vende sino que se alquila, por lo que después vuelve a nuestros almacenes. En ese periodo la sastrería creció muchísimo en calidad y en cantidad, porque eran muy exigentes y mi padre y mi abuelo decidieron admitir sus exigencias”.

Muchos de los trajes que se hicieron entonces, como los de los bárbaros que aparecen 
en La caída del Imperio Roma
no, se han seguido usando en producciones como Vikingos, Juego de Tronos o Willow, ya que estaban confeccionados con pieles de cabra de la mejor calidad.

Unos años más tarde, empezaban a ser conocidos internacionalmente y contaban con ellos para las producciones que se rodaban en España, como Doctor Zhivago o Nicolás y Alejandra. Con esta, comenzaron a llegar los premios. Fue la primera película en la que participaban que ganaba el Óscar a mejor vestuario.

Hoy es difícil calcular cuántos premios han ganado las películas en las que han intervenido. “Óscar creemos que ocho. Goyas veintitantos”, recuerda Humberto. Además, confiesa que 2014 fue un año dorado, ya que “los cuatro grandes premios de vestuario fueron películas en las que colaboramos. El Óscar lo ganó Anna Karenina, que tenía ropa nuestra. El Bafta fue para Miserables, con Paco Delgado, un figurinista español, también con ropa nuestra. Al igual que Los adioses a la reina, que ganó el César, y el Goya Blancanieves, cuyo vestuario era todo nuestro”.

Siguiendo la filosofía familiar

Humberto Cornejo es la tercera generación de una familia con alma empresarial. Antes que él, su abuelo y su padre se encargaron de sacar adelante el pequeño negocio familiar que fundaron de la nada. Hoy es el director general de la compañía, compartiendo al 50% el negocio con su hermana, María Jesús.

Durante los casi 30 años que lleva trabajando para la Sastrería, dice haber aprendido muchas cosas, sobre todo, en la gestión empresarial. “Para ser empresario y más emprendedor hay que apostar, arriesgar, y yo siempre aconsejaría no obsesionarse con el corto plazo. Mi negocio es de inversión continua”, admite. “Alguien que quiera tener futuro en el mundo empresarial, tiene que pensar en el medio o el largo plazo. Esa es la filosofía de mi familia y es la que yo intento mantener”, añade Humberto.

El negocio está en el alquiler

El funcionamiento de la Sastrería es relativamente sencillo. En los almacenes de Azuqueca de Henares disponen de cientos de trajes, organizados por épocas: desde Grecia y Roma hasta el siglo XX, además de ropa de fantasía catalogada por secciones. El negocio redondo se produce cuando alquilan el vestuario para una película o serie partiendo del material que tienen disponible. “Las películas que nos producen más rendimiento son las que se llevan mucha ropa y no nos obligan a hacer ropa nueva”, cuenta Cornejo. Pero no siempre es así, en muchas ocasiones los figurinistas quieren un servicio completo y fabricar trajes a demanda. “Cuando hicimos la película de Simón Bolívar tuvimos que fabricar unos 800 uniformes de diferentes modelos”, recuerda el director de la compañía. En estos casos, aunque el gasto es mucho mayor, se reinvierte en la compañía.

Humberto Cornejo sigue la filosofía que le inculcaron desde el principio. “Tanto mi abuelo como mi padre nos han enseñado que hay que dar el servicio completo, y yo se lo he trasladado a mi siguiente generación”, cuenta. “Nosotros vivimos de alquilar ropa, los talleres cuestan mucho dinero, son antieconómicos. Pero los trajes que hacemos nuevos son los que incrementan la cantidad y la calidad de nuestros almacenes. Y el objetivo ha sido siempre tener el almacén lo mejor posible”.

La baza internacional

A pesar de que proveen de ropa a decenas de series y películas españolas al año, son conscientes de que gran parte de los beneficios los produce el mercado exterior. “Yo puedo tener la empresa que tengo porque, gracias a Dios, el 70%-75% de nuestra facturación es internacional”, apunta Cornejo, “pero para que eso siga funcionando, se necesita una reinversión constante”.

Para llevar a cabo la confección del vestuario nuevo que necesitan, cuentan con talleres externos, con los que trabajan a menudo. “Aunque yo no tengo nada firmado con ellos, les intento asegurar el trabajo a lo largo del año para que cuando lo necesite no me dejen tirado”. En estos casos, los beneficios son menores, ya que “hay que comprar los géneros, hay que contratar talleres externos y hay mucho incremento de gastos”, añade Humberto. Pero al final, como él mismo sostiene, todo lo que fabriquen es género nuevo que podrán alquilar una y otra vez para las miles de producciones que están por llegar.

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‘Made in Spain’

La familia Cornejo sabe que uno de los pilares que mantiene su empresa es la apuesta por la confección manual y por ofrecer un servicio completo. Humberto lo tiene claro: “Los figurinistas extranjeros que vienen a Cornejo lo hacen porque seguimos trabajando artesanalmente”. Además, pueden presumir de tener una fabricación 100% española que a veces, dice, le hace perder negocios.

“Tuvimos que confeccionar 500 trajes nuevos para Los Miserables porque Paco Delgado (el figurinista) quería trabajar con nosotros. Tenía un presupuesto muy bajo y en la productora le animaron a fabricar en la India, pero él no quiso.

A mí me gusta mucho Paco como figurinista, me parecía una época muy buena para guardar en nuestro almacén y tuvimos que hacer un presupuesto barato para que no le dijeran que se fuera a la India”, recuerda Humberto. 

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