19/05/2009

¿Qué ocurre cuando las buenas maneras dejan paso... a la venganza?

Cuidado con quien te metes

Venga, reconócelo. Ninguno de nosotros es inmune a un insulto. Y, sin embargo, la buena educación nos ayuda a contenernos en la mayoría de las ocasiones, pero sólo en la mayoría...

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El otro día cojo el móvil y marco de memoria el número de un amigo. Me contesta un tipo de mal humor que está claro que no es mi amigo: “¿Siiií?”.

- “¿Rober? Soy Nacho...”, respondo.
- “Te has equivocado, gilipo...”, me grita, y acto seguido cuelga.

Consulto la memoria del móvil y me doy cuenta de que me ha bailado un número: un 8 en lugar de un 9. “Tampoco es para tanto”, pienso. En un momento de inspiración, apunto el número erróneo en la agenda del teléfono y bautizo a su propietario como ‘hijode...’.

Últimamente he tenido problemas en el trabajo. Han estado a punto de no renovarme el contrato... y la cosa está francamente chunga. Para relajarme he cogido el hábito de llamar por las noches a ese número e insultar a ese tipo. Cuando cuelgo me siento muchísimo mejor. No le doy tiempo a que responda. Él trata a veces de devolverme las llamadas, pero, claro, nunca le respondo.

La semana pasada voy a comprar al hipermercado. Estoy a punto de aparcar en la última-plaza-libre-del-universo cuando el conductor de un Golf GTI negro ocupa a toda velocidad el espacio en la que me iba a meter yo. Salgo del coche y le llamo la atención. Me ignora. Justo en ese momento veo un letrero de SE VENDE en el cristal del maletero del Golf. En otro momento de lucidez anoto su número en el móvil y le pongo el nombre de ‘hijode...2’.

A los dos días, me encuentro por azar con el número de ‘hijode...’ en la agenda del móvil y se me enciende una lucecita. Llamo a ‘hijode...2’:

- “¿Vendes un Golf GTI negro?”
- “Sí”.
- “¿Podrías decirme donde podríamos quedar para ver el coche?”
- “Claro. Vivo en la calle de Don Ramón de la Cruz esquina con Montesa. Es un bloque amarillo. Ah, me llamo José Luis Martín”.

Total, que quedamos ese mismo día a las siete. A continuación llamo a ‘hijode...’. Pero esta vez no cuelgo después de insultarle. En lugar de eso le digo: “¿Quieres partirme la cara? Te espero hoy a las siete en Don Ramón de la Cruz esquina con Montesa. Estaré junto a un Golf negro que vendo. Me llamo José Luis. A ver si te atreves”. Y cuelgo.

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