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Innovación sin producto

¿Qué errores se cometen al crear una empresa tecnológica?

Los principales errores son enfocarse más en el desarrollo tecnológico que en el problema que pretende solucionar y tener tecnología, pero no un producto. En el mercado de desarrollo de las aplicaciones móviles es ignorar que se deben gestionar de la misma forma que se gestiona cualquier otra empresa.

22/05/2017
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Los problemas en el mercado de desarrollo de productos tecnológicos aparecen antes, incluso, del mismo proceso de desarrollo: “Se suele fallar bastante en cómo surge la idea del producto”, sostiene David Lacasa, de la consultora de innovación Lantern.

Enamórate del problema

“Parafraseando a un emprendedor de éxito, lo que hay que  hacer es enamorarse del problema, no de la solución –señala este experto–. Lo importante es que esté bien claro desde el principio cuál es el problema que resolverá ese futuro producto, así como el objetivo de ese desarrollo. Muchas veces, no tienen claro si ese problema, que los promotores dicen que existe, realmente existe y que el mercado tiene esa necesidad no cubierta”.

Mejor hecho que bien hecho

En la parte de la implementación, otro de los errores más frecuentes es invertir tiempo y dinero en desarrollar y desarrollar esperando a que el producto esté perfecto “y nunca lo estará. Por eso lo mejor es lanzar cuanto antes el mínimo producto viable (PMV) y, a partir de ahí, empezar a mejorarlo y perfeccionarlo, pero no sólo con tu intuición, sino con el resultado del análisis de lo que hacen los usuarios con ese PMV. Esto permite averiguar si los usos para lo que creías en una fase inicial que se iba a utilizar tu producto son esos. En ese análisis también se pueden ver cosas que el usuario echa en falta y que a ti, a lo mejor, no se te habían ocurrido”, considera el consultor de Lantern.

Para explicarlo se suele hablar de tengo tecnología, pero no tengo producto. Muchas veces, se desarrolla sin contar con el usuario. Se le incorporan megafuncionalidades sin saber si todas le interesarán, sin haberlas validado. Y en su defensa el emprendedor suele decir que a lo mejor el mercado no estaba preparado para mi innovación; pero, lo más probable –y como frase lapidaria– es que a lo mejor el que no estabas preparado para el mercado eras tú.

“Para no confundir lo que es innovación tecnológica de lo que es innovación centrada en el consumidor, un ejemplo muy claro es el segway, un medio de transporte que cuando se lanzó se hablaba de que iba a revolucionar la manera en la que nos desplazaríamos. Tecnológicamente, el avance fue muy interesante, pero desde el punto de vista del uso que se le da, con el tiempo este producto ha fracasado, porque se ha quedado en algo marginal: para hacer visitas turísticas y para los servicios de seguridad. En este caso, la tecnología fue por un lado y las necesidades del mercado fueron por otro bien distinto”, argumenta este experto en innovación.

Érase un prototipo…

“Donde hay que echar horas es en el prototipo –recomienda David Lacasa–. Y muchas veces en él no hay que escribir ni una línea de código. En ocasiones, algunas compañías trabajan sobre un boceto con unas pocas funcionalidades y descripciones de lo que puede hacer el futuro producto. Y con eso se van a los clientes para preguntarles si están interesados. Ese feedback o intercambio les ayuda a definir qué funcionalidades son las que más le interesan al mercado”.

Pero no sólo de feedback viven los prototipos. En el caso de que externalices la producción, es aconsejable contar con una muestra de cómo quedará el producto final antes de mandarlo a fabricar: “Te ayudará a cubrirte las espaldas por si hay algún cambio de material o de diseño del producto final que te entregan. También es importante exigir que cada una de las unidades fabricadas no supere un máximo de margen de error fijado previamente”, aconseja Juan Rodríguez Jiménez, de Kodomo Toys.

Licencia, free, premium… ¡ufff!

Por qué canal vendo mi producto y cómo generaré ingresos es otro de los quebraderos de cabeza, pero “esas dudas las suele resolver el cliente. Si se hace un buen prototipo y un test adecuado de ese prototipo, te aportará información para decidir qué forma de pago es la más apropiada para el mercado. Es fundamental analizar cuál es el patrón de uso de tu producto. De ahí que sea importante pasar mucho tiempo en el prototipado antes de empezar con el desarrollo”, subraya Lacasa.

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El coste y los sobrecostes de desarrollo

Aunque pueda parecer clave, calcular los costes y el tiempo no es lo más importante para conseguir el éxito en el desarrollo de un producto tecnológico. “Ajustar el coste de desarrollo es más una cuestión de gestión y hay fórmulas que se deben valorar: in house, sacarlo fuera y buscar un desarrollador en la India… Pero es más importante saber qué viabilidad económica tendrá el producto y cuántos serán los ingresos que vamos a conseguir”, sostiene David Lacasa, de la consultora de innovación Lantern.

Uno de los problemas más habituales es el de los sobrecostes en el desarrollo de producto. “Suele ocurrir porque se pierde mucho tiempo y dinero en desarrollar determinadas funcionalidades que no van a tener utilidad. Piensas que tu producto es estupendo, lo desarrollas, lo fabricas y vas a venderlo, cuando lo lógico en ese proceso es incorporar al potencial cliente mucho antes. Ya desde el power point inicial de tu idea puedes lanzar test, prototipos, pruebas… e ir añadiendo mejoras”, recomienda.

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Dedícate a lo que sabes y busca el resto

Intentar controlar todo el proceso (diseño, programación, desarrollo, fabricación, venta y hasta el servicio postventa) es otro de los errores que se suelen cometer. En estos casos, se suele confundir controlar todo con tenerlo controlado. Y cuando se empieza, no hay ni recursos, ni tiempo, ni formación ni experiencia suficiente para llevar todas las fases de un proceso. “Uno tiene que tener muy claro en qué es bueno y en qué no. Y en lo que no lo seas, busca al mejor partner para que lo haga por ti. Es importante analizar dónde puedes aportar un valor diferencial al mercado y dónde no, ya que si haces cosas que no sabes, generarás una ineficiencia y un sobrecoste al producto. Por eso, las grandes empresas cada vez están externalizando más la parte mecánica, donde las diferencias son pequeñas, y se centran en la parte de conocimiento, que suele ser el desarrollo del diseño, la venta…”, afirma David Lacasa.

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Aplicaciones móviles

Software zombi

Se las conoce como aplicaciones zombis, que habitan el limbo de las appstores: con pocas descargas, no generan ingresos a sus desarrolladores y no se actualizan.

Uno de los errores es creer que el trabajo está hecho cuando publicas la app. “Dedicas mucho esfuerzo en trabajar en el desarrollo, la programación, la conceptualización, el diseño…, la subes al mercado y te olvidas de ella, pensado que por sí sola va a generar negocio. Te olvidas de que hay que actualizarla, escuchar el feedback de los usuarios… El comienzo del camino de una app empieza cuando la publicas y empiezas a saber cómo los usuarios están respondiendo frente a ella. Un error ligado a este es no incorporar en tu app un sistema de analítica, que aporta mucha información una vez que los usuarios empiezan a usarla”, explica Miguel Muñoz, de Biko2. A pesar de que la promoción es fundamental para el éxito de una app, “la mitad de los desarrolladores no le dedican ni un euro a marketing”.

Otro error es que cuando uno piensa en cómo va a generar ingresos con su app no hace números de cúantas descargas hacen falta para rentabilizarla. “Si tu app es gratuita con in app purchase (compras dentro de la app) tienes que ser consciente que el 95% de tus usuarios nunca van a pagar por ella y tendrás que monetizarla con el 5% restante. Tienes que hacer cálculos de cuántos millones de usuarios necesitarás para rentabilizarla”.

Según Muñoz, la mayoría de app no cuenta con un modelo de negocio pensado previamente, “sino que primero materializan la idea que tenían y luego la intentan integrar en un modelo de negocio para ver si da resultados”.

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Resucitar una aplicación

Uno de los errores más habituales es intentar desarollar una app muy compleja, invirtiendo mucho tiempo y sin saber si le interesa al mercado. “Lo lógico es construir un esqueleto, una app con una funcionalidad muy clara que ofrezca algún valor diferencial. Otro error es la falta de actualización de una app. En el top de las app más descargadas, hay una media de actualización cada 30 días. Entonces, si estás esperando a tener una app supercompleta y luego no la actualizas, eso es un fallo muy grave. Lo lógico es lanzar, testar, volver a lanzar, volver a testar y así continuamente hasta afinar el producto”, subraya Miguel Muñoz, de Biko2, que ofrece un servicio para revivir a las app zombis: “El desarrollador nos la cede durante un año y trabajamos con ella para mejorar su rendimiento. Durante ese tiempo, nos quedamos con el 70% de los ingresos que genere y el 30% restante se los damos al desarrollador”.

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