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Cómo Asegurar la continuidad de tu empresa con unos buenos estatutos y evitar problemas entre socios

Apartados del estatuto

Los estatutos son el alma de cualquier sociedad, pero la mayoría de las veces los emprendedores optan por el camino fácil del modelo estándar. A la larga, surgen los problemas. De ahí la importancia de incluir cláusulas específicas. Te decimos cuáles.

Isabel García Méndez | 28/02/2011
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APARTADO 1: DENOMINACIÓN, DOMICILIO, DURACIÓN Y OBJETO SOCIAL

Aquí debe incluirse el nombre social de la empresa. No es un apartado que tenga grandes consecuencias futuras. La única especificación que se exige por ley es aportar la documentación que acredite que no está previamente registrado; es decir, lo que se denomina certificación negativa que expide el Registro Mercantil. El nombre debe ir acompañado por las siglas correspondientes (SL, SA, SLNE, SLP, SLL).

Duración. Debe especificarse cuál es la fecha de inicio de actividades de la sociedad y la duración estimada en el tiempo. Lo habitual es poner de duración indefinida y el notario suele especificar que el inicio de actividad coincide con el de la firma de escritura de constitución. Si por cualquier circunstancia no vas a empezar las actividades hasta pasados unos meses (por obras en el local o por otro tipo de necesidades), conviene indicar la fecha real de inicio de actividad, porque va a ser a partir de ese momento cuando vas a empezar a pagar impuestos.

Domicilio social. Este apartado no suele tener mayores implicaciones, sólo debe hacerse constar en los estatutos que cualquier cambio del mismo debe ser aprobado por el consejo de administración o por el resto de los socios.

Objeto social. Es una mención mínima exigida por ley sobre el objeto a que se va a dedicar la sociedad. Sin embargo, aquí sí que los expertos coinciden en la necesidad de incluir algunas especificaciones.

1.- Redacción detallada sobre la actividad y el público al que se dirige. Como dice Miguel Ángel Armendal, de Óptima Asesores, una descripción muy genérica “puede imposibilitarte para iniciar una colaboración con terceros o presentarte a un concurso público o, incluso, impedirte apuntarte al registro correspondiente, ya que hay actividades que además de al Mercantil, deben inscribirse en el Industrial o en el de Servicios Sociales”. Además, como aclara Francisco Mellado, de Mellado & Asociados, “va a determinar el ámbito de representación de los administradores de la sociedad. Es decir, implica que el administrador no podrá ejercer la misma actividad u otras análogas o complementarias a la misma”. Por último, añade Óscar Liria, “porque no hay que olvidar la trascendencia fiscal y jurídica que puede tener el realizar actividades extrañas al objeto social”.

Por ejemplo, imaginemos que queremos crear una sociedad de mantenimiento de aire acondicionado y calefacción. Lo habitual es establecer como objeto social, empresa de climatización para particulares y empresas. Sin embargo, debería detallarse al máximo el tipo de actividad: mantenimiento, reparación, instalación, asesoramiento y especificar  que es para aire frío y caliente… Porque todo aquello que quede fuera del objeto social en principio no puede ser realizado por la sociedad. En este tipo de empresas, la especificación es aún más importante porque es una sociedad que debe inscribirse en el Registro Industrial para poder dar y obtener las licencias y permisos, que sólo va a recibir en función de las actividades que especifique.

2.- Cláusulas adicionales. Permiten ampliar el público al que va destinado, colaborar con las Administraciones públicas o participar en UTEs y colaboraciones con terceros. Por ejemplo: imaginemos que tenemos una empresa de consultoría informática, cuyo objeto social se describe como “prestar servicios de diseño de programas informáticos a empresas y particulares”. Pues bien, es conveniente añadir una cláusula que especifique: “Estas mismas actividades podrán desarrollarse con Administraciones públicas”, necesario para participar en un concurso público.

APARTADO 2: EL CAPITAL SOCIAL Y LAS PARTICIPACIONES

A. CAPITAL SOCIAL

La Ley exige que en los estatutos se especifique el capital social con el que se constituye la sociedad. El mínimo en una Sociedad Limitada es de 3.006,05 euros. Y aquí los expertos nos hacen algunas recomendaciones.

Cuanto más capital, mejor imagen. Si por el volumen de inversiones que van a necesitar, los socios van a aportar, por ejemplo, 50.000 euros, recomiendan escriturar todo ese dinero como capital social, porque supone un plus de imagen para la empresa con vistas a obtener financiación externa. En palabras de Francisco Mellado, “una sociedad con un reducido capital social ofrece menos garantías frente a terceras personas y acreedores. Es conveniente dotar a la sociedad de solvencia en el tráfico mercantil y para ello es necesario aumentar el capital social”.

Aunque se pague más. Ahora bien, según Armendal, “normalmente este dinero extra se suele incluir como aportación por inversión debido a que escriturar por el capital total supone incrementar notablemente los costes societarios, ya que el Impuesto de Operaciones Societarias grava el capital social. En el caso de la Comunidad de Madrid, por ejemplo, ese Impuesto es del 1%: es decir, pasaría de los 30 euros, en el caso de los 3.006,05 euros oficiales, a los 500 euros que implicaría incluir todo el capital”.

Ahorros iniciales, pueden implicar pagos futuros. Pero ese impuesto grava el capital social inicial y las posteriores ampliaciones del capital social; es decir, que a veces por ahorrar al principio, debemos pagar después, y hemos perdido imagen en las primeras fases que suelen ser las que más necesidades tienen de financiación externa.

Una fórmula que suele utilizarse es hacer esa aportación extra como préstamo dinerario de los socios, pero la nueva normativa exige que el capital que entra en la sociedad a través de esa fórmula debe figurar en un contrato de préstamo y debe devengar intereses. A efectos contables, el valor de la sociedad no se incrementa con lo cual tampoco beneficia a su imagen.

Aportaciones en especie. En una Sociedad Limitada no es obligatorio que el 100% del capital social sea en dinero, puede ser parte en especie: vehículos particulares, ordenadores, naves... Está bien cuando no tienes la cantidad en metálico, pero en este caso el valor de los bienes debe superar el límite del capital social. Para poder aportar estos bienes basta con que los socios acepten el valor y que pueda ir a disposición de la sociedad (es decir, es importante que esté en propiedad del que lo aporta y deben presentarse las facturas y las escrituras de compraventa del bien). Toda esta documentación debe presentarse ante el notario que debe dar fe de la aceptación de los bienes. Conviene hacerlo cuando queremos que el valor patrimonial de la sociedad sea mayor.
Para la Sociedad Limitada Nueva Empresa (SLNE), la fórmula que se puede gestionar vía telemática, no cabe la opción de sustituir la aportación dineraria por especie. En este caso, el capital social debe aportarse exclusivamente en dinero.

B. TRANSMISIONES Y PARTICIPACIONES
En este apartado se recoge cómo están divididas las participaciones entre los diferentes socios y cuál va a ser la política de transmisiones. Es el momento de establecer si se va a aceptar la entrada de socios externos, qué política seguir en caso de fallecimiento… Es la radiografía a futuro del funcionamiento de la sociedad y puede ser causa de muchos conflictos, por lo que conviene ser muy precavido en su redacción.

Venta de participaciones. Es un punto interesante a tener en cuenta porque puede implicar la entrada de socios diferentes a los fundadores. Por ley, tú no puedes vender libremente tus acciones, antes debes avisar al órgano de administración sobre a quién le quieres vender y a qué precio para dar una opción preferente de compra al resto de los socios. Si en tres meses no se han pronunciado, puedes proceder como quieras.

En este apartado, puedes incluir cláusulas donde se especifique la obligatoriedad de que sean valoradas por peritos externos e independientes, para evitar ingenierías financieras destinadas a desestabilizar mayorías dentro de la sociedad sobrevalorando las acciones. También se pueden flexibilizar los plazos, rebajando de tres meses a 15 días el tiempo que tiene el órgano para pronunciarse. O al revés, hacerlos más rígidos.

Otra cláusula que puede utilizarse es limitar la cantidad de acciones que pueden venderse libremente, para garantizar la continuidad. O al revés, complicar la venta de acciones exigiendo que bajo ningún concepto se podrán vender por un valor inferior a un tanto por ciento que se estipule en los estatutos.

Derechos de transmisión. La ley dice que se puede transmitir libremente a los descendientes, ascendientes y cónyuges. Y aunque a priori esto parece lo justo, puede ocurrir que no sea lo que quieren el resto de los socios. En estos casos, como insiste Mellado, conviene introducir una cláusula que “establezca el derecho de adquisición de las participaciones del socio que fallece a favor del resto y, en su defecto, a favor de la sociedad”. Y lo explica con un ejemplo muy gráfico: si dos amigos constituyen una sociedad para crear un bar-cafetería y uno de ellos fallece, “es probable que el socio que sobrevive no desee que los herederos del socio fallecido pertenezcan a la sociedad y prefiera seguir él mismo con la actividad o introducir a otra persona con experiencia”, concluye.

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