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Un negocio en transformación

Plan de negocio para montar una peluquería

La peluquería de hoy debe ofrecer aquellos otros servicios de belleza y cuidado corporal que tengan una fuerte demanda y refuercen su viabilidad.

04/04/2016
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La crisis general de la economía y el efecto euro no han supuesto un grave problema para los servicios de peluquería. La demanda no sólo se mantiene sino que incluso crece. Y, según expertos del sector, continuará el actual ritmo de crecimiento y expansión. Pero no basta con que las previsiones sean optimistas, deberás conocer también las tendencias actuales del mercado y superar algún que otro reto.

Profesionalización

La peluquería es una actividad cada vez menos artesanal y más empresarial. Y ello supone que los nuevos empresarios del sector deberán tener en cuenta varios aspectos.

Hay hueco para todos. El negocio de la peluquería ha dejado de ser una actividad exclusiva de los profesionales de la tijera y hoy ofrece oportunidades a distintos tipos de emprendedores. Evidentemente, el primer hueco es para los peluqueros formados que, con financiación propia o externa, deciden crear su propio salón. Pero la peluquería también ofrece posibilidades a inversores sin conocimientos técnicos específicos, tanto si eligen incorporarse a una franquicia como si deciden empezar por su cuenta. Eso sí, siempre que sepan rodearse de buenos profesionales. 

Una cuestión de calidad. En las últimas décadas se ha producido un importante aumento del número de peluquerías y se ha incrementado el ritmo de expansión cuende grandes cadenas de franquicia nacionales y extranjeras, y eso ha perjudicado en gran medida al pequeño negocio, sobre todo al de carácter familiar.

Sin embargo, muchos otros han logrado mantenerse gracias a una poderosa arma: la calidad. El aumento de la competencia no ha ido acompañado de un incremento de la calidad, más bien todo lo contrario. Y las peluquerías que no prestan atención a la calidad y sólo buscan ganar dinero no tienen facilidad para fidelizar a sus clientes, lo que les resta competitividad.

Uno de los problemas de la peluquería en España es que hay un gran déficit de profesionales. Por eso es muy importante la formación del equipo para poder prestar un buen servicio al cliente y diferenciarse de la competencia.

Imagen de marca. En todo caso, para poder sobrevivir –y con mayor razón si pretendes dirigir tu propio salón– te convendrá conocer y adaptar, en la medida de tus posibilidades, el saber hacer de las grandes cadenas. Luis Rodríguez y Félix Montero, gerentes de Kibo Peluqueros, explican que “una de las desventajas del pequeño negocio es la dependencia que tienen sus clientes de ciertos trabajadores. En las peluquerías modernas se intenta subsanar ofreciendo una imagen de marca, un trato homogéneo por parte de todos los empleados que haga que el cliente se identifique con la peluquería como tal y no con un trabajador en particular”.

Diversificar es triunfar

Otra forma de emular a los grandes es ofertar varios servicios. Sería un gran error comercial no decantarse por un salón unisex, ya que esto no supone un encarecimiento de la inversión sino un aumento asegurado de los beneficios. También lo sería no ofrecer al cliente todo lo que necesite en relación con el cuidado de su belleza, tanto en servicios como en venta de productos.

El cliente de la peluquería ya no es tan clásico como antes. Sobre todo los hombres, que cada vez solicitan más servicios, como tintes o tratamientos corporales, lo que ha producido un considerable aumento de los ingresos que provienen de la peluquería masculina.

Franquicia ¿sí o no?

La franquicia puede ser una buena opción para un empresario con no demasiados conocimientos profesionales. Hay que tener en cuenta que cuando uno crea su propio negocio parte desde cero, sin ayuda, sin clientes y asumiendo unos riesgos que en las cadenas son menores.

La franquicia proporciona una mayor seguridad de éxito, sobre todo ahora que tienen el mercado copado y es muy difícil entrar, salvo que te establezcas como un negocio familiar de barrio.

En España operan numerosas enseñas nacionales e internacionales que buscan ampliar su red de franquiciados. Para incorporarse a una de estas cadenas se requiere una inversión inicial que oscila entre los 60.000 hasta los 115.000 euros y un local comercial de al menos 70 m2 ubicado en una zona con intenso tráfico peatonal.

La mayoría cobra un canon de entrada y exige el pago de un royalty y un porcentaje de ventas en concepto de canon de publicidad. A cambio, ceden a sus asociados su know how y su imagen de marca, ofrecen formación y asesoramiento continuos, ayudan en la búsqueda y adecuación del local, participan en la selección del personal, etc.

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