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La vuelta a los orígenes

Por qué triunfan los negocios relacionados con la tierra

La tierra, tan fundamental en la economía de nuestros ancestros, vuelve a un primer plano como fuente impagable de recursos en un planeta cada vez más masificado y gracias al interés creciente de la población por la sostenibilidad. Crece la demanda de productos y los servicios agros renovados. También las oportunidades. 

Aitana Prieto | 21/09/2017
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Lanzarse a montar un negocio centrado en la tierra es, cuando menos, osado. En primer lugar, porque, en la mayoría de los casos, es un trabajo eminentemente físico, con el desgaste y esfuerzo que lleva aparejado. Además, depende de la meteorología, factor incontrolable que puede determinar que un año el negocio funcione y otro no. Por no hablar del largo período que suele transcurrir entre la inversión y la obtención de resultados, ya que los terruños requieren un proceso natural que, aunque contemos con recursos para acelerarlo, lleva su tiempo.

Entonces, ¿por qué apostar por este medio para levantar una empresa? El principal aspecto a su favor es su abundancia. El planeta está lleno de tierra, lo que hace factible y apetecible invertir en ella. Su abundancia y dispar tipología también lo hace muy versátil, por lo que de ella pueden surgir muchos y variados negocios. Además, el sector primario tiene un peso relevante en nuestra economía, hasta el punto de que España es el segundo país en superficie agrícola de la UE y tercero en producción final agraria. La mitad de la superficie de nuestra nación se destina a actividades de campo (el 33% del territorio corresponde a tierras de cultivo y el 16% a prados y pastos) y el sector agroalimentario es uno de los más pujantes de la economía española.

Modelo de vida más saludable

Además de las ventajas empresariales, se está produciendo en los últimos años una mayor concienciación por el respeto al medio ambiente que está haciendo que las personas vuelvan la vista a la tierra como fuente de recursos: “Cada vez somos más conscientes de que necesitamos un modelo de vida más saludable, más ligado a la naturaleza”, advierte José Manuel Bisetto, emprendedor y gerente del centro de agricultura ecológica Agricología. Una tendencia que está favoreciendo la aparición de nuevas oportunidades de negocio, ya que la demanda es creciente.

Los huertos urbanos, tan de moda en los últimos años, son un claro ejemplo de esta vertiente. El ritmo frenético de las ciudades, unido al deseo de disfrutar de una alimentación sana, ha llevado a muchas personas a querer desinhibirse acudiendo a huertas comunitarias situadas en solares o azoteas de los edificios donde poder cultivar. Tal ha sido el boom de esta demanda que infinidad de ayuntamientos han apostado por destinar zonas agrícolas para que los vecinos puedan cultivar y los negocios de alquiler de parcelas se han extendido sobremanera en los últimos años. De hecho, muchas empresas han ido más allá, y ofrecen pequeños huertos a domicilio, para que los interesados puedan laborar en terrazas y áticos sin salir de casa. “Cada vez más personas se preocupan de que sus acciones repercutan de la mejor forma posible sobre el ecosistema, al igual que se preguntan de dónde proceden sus productos”, justifica Carlos Palomo, fundador de Entresemillas, empresa de venta de semillas exóticas.

Una cuestión de supervivencia

Esta apuesta de las Administraciones públicas por favorecer los negocios vinculados a la tierra tiene que ver, precisamente, con ese cambio de concienciación de la sociedad, más preocupada por el respeto del medio ambiente, aunque su 
modo de vida sea fundamentalmente 
urbanita: “Dada la concentración de
la población en las ciudades es muy
 importante proporcionar un entorno 
adecuado en la urbe”, atestigua Santiago Doval, director general de la
 compañía de gestión de espacios verdes
 Tecnigral, para quien el propio desarrollo
 de la humanidad ha conllevado una serie
 de agresiones al planeta que se están dejando 
notar: “Ahora mismo, se ve necesario poner medidas para no provocar nuestra destrucción matando la tierra, que es lo que nos proporciona los recursos para vivir”, sentencia.

El impacto de las agritech

Lo que es cierto, reseña Manuel Bisetto, de Agricología, es que esa vuelta a nuestros orígenes se está produciendo previa renovación, “innovando esa cultura de nuestros pasados”. De ahí que los negocios actuales ya no sólo incluyan la tecnología como parte consustancial de la empresa, sino que el enfoque para la explotación del negocio se ha actualizado. Ya no se trata únicamente de cultivar la tierra hasta que dé frutos, sino de obtener otro tipo de productos y proporcionar otros servicios más modernizados. “Ahora el mercado agro es consciente de que las TICs son una poderosa herramienta para ser más eficiente y competitivo”, asegura Mercedes Iborra, fundadora del software de gestión agrícola Visual. “Sin duda es el momento de las tecnologías agritech”, dice.

La modernización de los negocios dedicados a la tierra permite una mejora en su productividad que anteriormente era impensable, lo que alivia la carga de trabajo físico que lleva aparejado y los hace más atractivos a nivel empresarial e inversor. Poder controlar cultivos vía satélite, analizar químicamente la tierra para comprobar su idoneidad para determinados cultivos o programar de manera online el riego de algunas fincas era algo impensable antaño, cuando la presencia in situ era indispensable. En la actualidad, esa dedicación plena es facilitada por la irrupción de las nuevas tecnologías y la constante investigación (e inversión) en la materia, ya que la tierra sigue resultando un negocio muy apetecible.

Y es que un terreno agrícola bien gestionado no sólo es un recurso productivo sine die (siempre y cuando se cuide), sino que permite su renovación constante, adecuándose a las épocas del año o a los cambios a nivel empresarial que se quieran.

Además, el valor de la tierra no suele depreciarse, toda vez que es un suministro ilimitado en un mundo necesitado de fuentes de recursos constantes. El crecimiento firme (y desorbitado) de la población –que en 2050 se espera que alcance los 9.700 millones de personas– exige una necesidad de alimento en aumento, por lo que el valor de la tierra es infinito. Tanto es así que numerosos expertos llevan años insistiendo en las bondades de este tipo de negocios, como el reconocido inversor Jim Rogers, quien ya en 2009 advirtió que la agricultura sería una de las mayores industrias de nuestro tiempo durante los siguientes 20 a 30 años.

Superando barreras

Con todo, quien decida apostar por este 
sector tendrá que hacer frente a una serie
 de dificultades. Y es que es un ramo muy polifuncional, en el que se labora la tierra, se utilizan recursos químicos y se comercializan productos, por lo que las exigencias administrativas son múltiples, “incluso sanitarias, que se requieren para la manipulación, producción y venta”, apostilla Carlos Palomo, de Entresemillas.

 “El principal obstáculo es que el agrícola es un sector tradicional que está afectado por crisis externas climáticas o de mercado”, añade Mercedes Iborra, de Visualnacert. No obstante, y a pesar de que las tecnologías facilitan la gestión de las tierras y cultivos, aún no son lo suficientemente poderosas como para cambiar el clima o evitar epidemias sanitarias. Esa imprevisibilidad del tiempo y la incapacidad para solucionarlo son el principal talón de Aquiles de esta industria.

Para Santiago Doval, de Tecnigral, todavía hay más barreras, de tipo social, que superar, ya que, aunque “los estándares de calidad de vida aprecian más el vivir en un entorno sano”, aún se requiere una mayor implicación de las personas con el cuidado del entorno: “Existe un problema de concienciación general del árbol y el área verde como elemento vivo que necesita tener un censo y un seguimiento exhaustivo, al tratarse de una población viva dispersa en la ciudad, con enfermedades, agresiones, que necesita tratamientos, estudios y planificación en el medio y largo plazo para su adecuado desarrollo”, reconoce. “En este tipo de negocios la rentabilidad va más allá de lo puramente económico“, afirma Bisetto.

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