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Las mecas de las startups

¿Qué es un ecosistema emprendedor?

¿Qué son los ecosistemas emprendedores? ¿Cómo funcionan? ¿Qué les convierte en referencias? ¿Cuáles y cuántos hay en España? Respondemos a estas y otras preguntas. 

Isabel García Méndez | 24/01/2017
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Según el último ranking de ecosistemas emprendedores The Global Startup Ecosystem, de Compass (correspondiente al 2015), los cuatro primeros puestos están ocupados por representantes estadounidenses (Silicon Valley, New York City, Los Angeles y Boston). Hay que esperar hasta el quinto puesto para encontrar un ecosistema fuera de América, Tel Aviv, y hasta el sexto para hallar el primer europeo, el de Londres.

¿Debemos asumir este listado como una biblia sagrada? Más bien no. El problema de esta clasificación es que está hecha por estadounidenses y se nota. Para la gran mayoría de los expertos consultados, hay ecosistemas extramericanos que lo están haciendo bien y están creciendo mucho, como Berlín, Londres, París, Bangalore, Singapur, Sao Paulo e, incluso, Pekín o Shanghái. El problema en estos dos últimos casos es que todavía no hay datos (de hecho, en el último informe calculan que, cuando los tengan, seguramente Pekín ocupará la quinta posición y Shanghái, la decimoquinta).

Los españoles, con Barcelona, Madrid y Valencia acaparando el 70% de las startups nacionales, también están cogiendo tracción, aunque por tamaño (se calcula que en España apenas hay 4.500 startups), todavía están lejos de la densidad de los grandes (que rondan los 3.000 por ecosistema).

¿Cuáles son las variables que determinan qué es un ecosistema? Para Javier Megías, fundador y CEO de StartupXplore, son cuatro:

La densidad, como polo de atracción.“No se trata tanto de si hay muchas, sino de lo juntas e interrelacionadas que están. En Estados Unidos hay siete ecosistemas potentes: Silicon Valley, New York, Los Angeles, Boston, Chicago, Seattle y Austin. En España, como mucho, hay tres: Madrid, Barcelona y Valencia. La densidad atrae talento, inversión, ayudas, investigación...”, afirma.

Disponibilidad de inversión. Un ecosistema debe ser un punto de encuentro donde fluya el dinero, tanto de fondos públicos como de privados, business angels y venture capitals. “Cuanto más alta es la ronda media, más inversores, más conocimientos, más contactos, más madurez y más experiencias habrá”, insiste Megías. En los 20top,la inversión del capital riesgo aumentó un 95% a partir de 2013.

Madurez. Ésta hace referencia a la fase de desarrollo de las compañías y a la experiencia tanto de los fundadores como de los empleados. “Genera densidad y talento y, por tanto, atrae al inversor. El valor de los exit en Europa ha crecido mucho más que en Estados Unidos (4,1 en Europa frente a 1,5 en EE UU), pero el valor medio de salida es un 82% más alto al otro lado del Atlántico. Cuanto más exits haya, más emprendedores con experiencia vuelven al mercado, bien para fundar de nuevo o invertir”.

Talento especializado. Tiene que ver con la disponibilidad de gente preparada y especializada en startups, no sólo de empleados sino también de personal de apoyo (abogados, gestores, mentores y asesores, entre otros).

A estos cuatro factores, otros expertos añaden otros dos:

Educación. En los ecosistemas existe una cultura de apoyo a la innovación y a los valores empresariales en todos los estadios sociales y mucha vinculación entre la universidad y las startups.

Entorno amigable. Entendido como facilidades para la creación de empresas, políticas de incentivos fiscales, ayudas a la inversión... Para Jorge Dobón, CEO de Demium Startups, “ésta es la primera condición para que se cree un ecosistema: debe existir una actitud y una cultura emprendedora de la población y de las instituciones”.

¿Qué ocurre en España? “Creo que le queda poco para situarse dentro de los tops 15-20 del mundo”, señala Seb Chartier, CEO de CreaVenture. De hecho, en las conclusiones del ranking de Compass ya hablan de Barcelona y Madrid como candidatos a entrar entre los 20 primeros. Tres son los ecosistemas españoles: Barcelona, en SaaS (software como servicio); Madrid, en fintech y Valencia, en salud.

Falta más interacción. En general, hay poca interacción entre los tres ecosistemas. Como denuncia Chartier, “en España existen más de 2.500 entidades de ‘apoyo al emprendedor’, unas más buenas que otras, pero, en general, se caracterizan por la desorganización y la falta de interacción entre ellas”. La excepción a esta falta de comunicación, Valencia.

Financiación, al alza. Empieza a haber más disponibilidad de capital. Barcelona roza los dos millones de euros en las rondas medias de salida; Madrid, 1,5 millones, y Valencia, un millón de euros. Las últimas rondas de Jobandtalent, Wallapop, Kantox, CornerJob o Hawkers han puesto a nuestro país en el disparadero de los fondos internacionales. “También se han multiplicado los exits en los últimos 18 meses, muchos de ellos con transacciones de entre 50 y 200 millones de euros”, explica Chartier. En cuanto a lo público, “organismos como Enisa o el CDTI están jugando desde hace años un papel fundamental”, recuerda.

Crece el talento. Hay mucha más formación especializada y “pasos como la VISA emprendedora –un visado que permite a los profesionales de alta cualificación instalarse y emprender en España– son favorables”, explican desde la Asociación Española de Startups (AES).

El barómetro de la madurez. Barcelona inició la primera oleada de startups con la iniciativa Barcelona Activa, que hizo que aparecieran muchos y muy buenos proyectos que ahora empiezan a protagonizar grandes rondas. Madrid está por detrás de Cataluña en madurez, pero en estos momentos crea más startup. Valencia es la más joven. Ha habido exits importantes que han convertido en inversores a muchos de esos fundadores.

Pero, ¿qué hace falta para que mejore la situación?


Más acceso a capital. Para Chartier, es necesario “ayudar a que las micros se conviertan en pymes y después en grandes compañías”.

Formación. Desde la AES reclaman la necesidad de replantearse la educación, “para fomentar el espíritu emprendedor y habilidades, como la creatividad, la comunicación o la resolución de problemas”.

Entorno. “Tenemos una clase política que no son emprendedores y desconocen cómo funciona la creación y gestión de una empresa”, puntualiza Jorge Dobón. 

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