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¿Por qué podría interesarte Shanghai para arrancar tu startup?

Shanghai es un mercado propicio para las nuevas empresas de hardware que tratan de acelerar el bucle de "Producto Minimo Viable" con lanzamientos anticipados y pruebas de "mercado dividido”

Ana Delgado | 12/12/2017
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La primera ventaja es que si en Shanghai se entrega un producto que funciona al 80% de las capacidades previstas, el mercado chino se mostrará satisfecho en un 80%. “Esta es una tremenda ventaja en comparación con el mercado europeo, donde la barrera de entrada es mucho más difícil. El mercado europeo siempre espera un producto muy sólido con un 0% de fallas”. Esta es una de las conclusiones a las que llega Eduardo Alarcón Gallo, fundador de TokyLabs, una Edtech que persigue cambiar el modo en que escuelas y organizaciones educativas se aproximan a la innovación tecnológica.

El hecho de poder comercializar aún quedando pendientes algunas funcionalidades favorece que las startups vayan percibiendo ingresos y reinvertirlos en el desarrollo de un producto mejor. En el caso de Tokylabs, cuenta su fundador que “en 4 meses estábamos listos para vender nuestro primer gadget, aunque en una versión un poco inmadura. Después de 5 meses teníamos una familia de productos Edtech que podían competir en el mercado. Ahora, en nuestro primer aniversario, tenemos prestigiosos ingenieros desarrollando lo que prevemos como un cambio de paradigma en la Educación STEAM. Esta es la velocidad de China”, afirma.

Otra valoración positiva del CEO Tokylabs, emplazada en Shanghai y Hong Kong, es que “Shanghai es muy dinámica y da la bienvenida al perfil de una empresa en evolución, ya que la propia población está diariamente cambiando”. Es, además, un núcleo importante para detectar tendencias de consumo. “La sociedad china está realmente dispuesta a invertir tiempo y dinero allá donde piensan que está el futuro”, afirma Alarcón Gallo.

Los bajos costes de producción es otro de los factores que tienen en cuenta las empresas que eligen estos destinos como sede social. “Sin lugar a dudas, Shenzhen, en el sur de China, es la fábrica del mundo por muchas razones: muy bajos costes de abastecimiento y de fabricación; capacidad de funcionamiento de una línea de producción para volúmenes bajos; estrecha comunicación con fábricas; bajo coste de diseño, de ingeniería…”, asegura.

El problema es que, en China, el paso importante no es ser el primero en comercializar, sino el primero en escalar. “Esta filosofía agresiva trae muchos problemas para una startup que quiere escalar firmemente, paso a paso y sin explotar”, afirma Eduardo Alarcón. De manera que, mientras una empresa sea pequeña y pase más o menos desapercibida, “China le permitirá crecer rápidamente y sin problemas. Sin embargo, si su empresa se hace famosa en el mercado, una gran cantidad de competidores nacionales aparecerán, jugarán el juego con diferentes cartas y reglas y harán su progreso más difícil, si no imposible”.

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