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Cómo son los emprendedores que se atreven a lanzarse en plena crisis

El momento de los valientes

Tenaz, persistente, austero y largoplacista. Quien se anima a montar un negocio en el momento actual está más cerca del estereotipo del corredor de fondo que del malabarista de otras épocas. Para estos emprendedores, la crisis lejos de ser una barrera se convierte en una gran ventaja. Pero también tienen sus pequeñas debilidades. Te explicamos lo que debes potenciar y lo que conviene evitar, si eres uno de ellos.

Isabel García Méndez 18/08/2009

Habrá quien piense que cualquiera que se decida a abrir un negocio en épocas de crisis es un loco, un Superman o, como mínimo, un inconsciente. Es cierto que durante 2008 la tasa emprendedora descendió un 8% –según el último Informe GEM publicado– y que el número de empresas que se cerraron subió en un 30%. Sin embargo, para la mayoría de los expertos, emprender en tiempos de vacas flacas no es una mala opción. Más bien todo lo contrario. Sabido es que el símbolo chino para representar el concepto crisis se puede traducir a la vez como peligro y como oportunidad y la barrera entre uno y otro significado está en la mente y la habilidad del empresario.

Las señas de identidad
Los nuevos emprendedores que han montado un negocio suelen tener una serie de características, habilidades y rasgos psicológicos más o menos comunes. Éstos son los más habituales:
Ser muy optimista. “No se trata de un optimismo inconsciente, sino que está impregnado de inteligencia y racionalidad, pero es necesario ese punto de optimismo para lanzarse a una aventura que todo el entorno desaconseja”, señala Iñigo Manso, socio director de Elogos. “Hay emprendedores que agradecen una situación como ésta porque entienden que se van a generar proyectos más sólidos y profesionales y que para cuando empiece a arrancar su aventura habrán desaparecido muchos competidores”, apunta Álvaro Sancho, profesor del IE Business School.
Austeridad. La gran ventaja que supone empezar cuando las cosas vienen mal dadas es que arrancas con los pies bien firmes sobre el suelo. Ajustas los costes y los gastos al máximo y rebajas las expectativas, lo que contribuye enormemente a hacer un plan de empresa mucho más realista y pragmático que los que se estaban haciendo estos últimos años, donde la bonanza impulsaba a hacer pronósticos demasiado idealistas.
Mayor provisión financiera. A la hora de calcular el presupuesto del proyecto, es necesario ampliar al menos en un 20% la partida de inversión, ya que las ventas van a llegar más tarde de lo habitual y es posible que con plazos de pago más largos. Es necesario tener este colchón para los dos primeros años y lo mejor es que provenga de fondos propios porque el acceso a la financiación está complicado. Estos problemas de acceso a los créditos favorecen la proliferación de empresas de un tamaño pequeño.
Paciencia. Venimos de un periodo en el que los proyectos adquirían velocidad de crucero, la crisis sin embargo, es positiva para imprimir un poco de lentitud a la maduración de cualquier idea de negocio. No arranques pensando que te vas a posicionar nada más empezar, plantéate un posicionamiento a medio plazo, a unos tres o cuatro años vista, para que cuando se inicie la recuperación tú ya estés bien situado. Ármate de paciencia y olvida el cortoplazo.
Aprovechar las ventajas. La crisis abre puertas a algunas opciones que antes eran impensables: locales más asequibles, recursos humanos preparados... “Ahora mismo hay un chollo para fichar buenos empleados que hace dos años eran inalcanzables. Hay en el mercado profesionales valiosísimos y más accesibles”, insiste Sancho. Otra ventaja es que te puede permitir ajustar precios y condiciones con proveedores.
Ser muy flexible. Si la flexibilidad es siempre una de las principales bazas de cualquier emprendedor, en ciclos económicos negativos se convierte en imprescindible porque es necesario saber adaptarse a las circunstancias. Eso sí, como recomienda Mathieu Carenzo, profesor del IESE, “la flexibilidad tiene que estar en el ADN de la empresa, debe ser tanto estructural como del modelo de negocio. No sólo has de flexibilizar tus estructuras al máximo externalizando todos los servicios posibles para eliminar costes fijos, sino que también debes saber adaptar tu oferta a lo que demanda el mercado. Y eso las pymes lo pueden hacer muy bien porque pueden ser más rápidas”.
Rentabilizar las nuevas tecnologías. Con un consumo paralizado, darse a conocer es más difícil que en circunstancias menos limitadoras, por eso nuestro consejo es que aproveches las herramientas que te ofrece el mundo on line para realizar un márketing digital efectivo sin olvidar ni el telemárketing ni el buzoneo.
Buscar mercados más allá. Precisamente Internet abre la posibilidad de llegar a mercados de otra forma intocables. Ahora es necesario pensar en ser un emprendedor global que pueda llegar a mercados que hoy por hoy todavía no están en crisis de demanda. Es importante, como defiende Eugenia Bieto, subdirectora estratégica corporativa y profesora de emprendimiento de ESADE, “tener la vista puesta en el mercado internacional, porque hay algunos que no están en crisis. Todas las comunidades autónomas tienen oficinas de ayuda para el comercio exterior. Que acuda a ellos para que le ayuden asesorándole y proveyéndole de fondos”.
Cuidar mucho al cliente y a los proveedores. De las crisis resurgen sólo aquellos que lo hayan hecho bien y para eso es necesario cuidar mucho al cliente: una atención más personalizada (ahora tienes más tiempo) y un servicio muy focalizado son bazas que los consumidores agradecen y que te ayudarán a diferenciarte de la competencia. Y también a los proveedores porque eso te da capacidad para renegociar los alquileres y los tiempos de cobros.
Las nuevas tendencias. Los emprendedores de la crisis suelen explotar las nuevas tendencias de mercado. Dentro de esta idea, los ‘ecoemprendedores’ tienen una presencia importante. Según los define Juan Miguel Gómez, profesor de EAE y de la Universidad Carlos III, “son aquellos que se vuelcan especialmente hacia la energía sostenible y sus proyectos tienen un marcado carácter verde. Hay dos tipos: los Green IT, que apuestan por la tecnología como herramienta para la reducción de costes energéticos o como forma de gestionar más efectivamente sus emisiones (eliminación de datos, asesoramiento, etc.); y los que utilizan la sostenibilidad en sus productos y se publicitan preci­samente con ese marchamo: Comidas cien por cien orgánicas, Soportes cien por cien reciclables”.
Teniendo claras estas premisas, llega el momento de hacer una clasificación de los tipos de emprendedor que nos está dejando la crisis. Pablo González, socio director de People Excellence, propone hacer una matriz en la que entren en juego la idea, el coraje, la gestión y la velocidad: “Hay proyectos en los que lo importante es la idea y la gestión; en otros la clave está más en la velocidad, ser el primero; y en otros el coraje y la determinación resultan fundamentales”. De acuerdo con lo que nos proponen los expertos nosotros hemos buceado en las iniciativas que están surgiendo y hemos descubierto varios estereotipos que están teniendo mucho éxito. Veámoslos.

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