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Casos reales

Pilar Alcázar | 12/08/2009
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Abrir un negocio

CAMBIO DE LOCAL POR AMPLIACIÓN DE NEGOCIO

La empresa Quimicral, una firma de consultoría y asesoría para el control y manipulación de alimentos, decidió cambiar de local para ampliar su negocio. Cuando buscaron el nuevo local tuvieron en cuenta las necesidades básicas que ya conocían por su anterior ubicación: salidas de emergencia...

También acudieron a una empresa especializada en proyectos técnicos para que diseñase el suyo. No tenía por qué haber ningún problema, pero se les pasó por alto algo en lo que nadie había reparado: la altura de los techos de la nueva oficina.

“Era un local de oficinas con mucho espacio, 170 metros cuadrados, luz... todo perfecto. Pero después de alquilarlo nos enteramos de que una ordenanza obliga a tener techos de una altura mínima de 2,50 metros de alto en oficinas y 2,30 para aseos y almacenes. El local sólo nos servía como almacén. No tenía falso techo. No podíamos ganar esos centímetros por ningún lado”, explica Enrique González, uno de los responsables del negocio.

“Pagamos 1.000 euros a la empresa que nos gestionó el proyecto. Teníamos alquilado ya el nuevo local, y al final echamos marcha atrás y decidimos remodelar el espacio de nuestras antiguas oficinas. Un negocio como el nuestro, con un laboratorio, exige realizar inversiones fuertes y no podíamos arriesgarnos a invertir más dinero en ese proyecto y que después la inspección nos cerrase el negocio por el problema de la altura del techo”, añade González.

“Decidimos hacer obras de reestructuración en nuestro local. Ni siquiera tuvimos que solicitar una licencia de obras. Sólo hemos optimizado el espacio”, explica.

LICENCIA DE APERTURA Y DE OBRAS PARA UN NEGOCIO DE HOSTELERÍA

El propietario de un local de bocadillos y ensaladas madrileño, que prefiere mantener el anonimato, asegura que antes de dar ningún paso fue al ayuntamiento, explicó cuál era el local elegido, el tipo de negocio que quería montar y que el técnico correspondiente le dijese que no había problemas.
“Presenté un proyecto realizado por unos arquitectos, visado, con toda la documentación que me pidieron, pero la tramitación ha sido muy lenta. A los cinco meses me envían un requerimiento diciendo que tengo deficiencias en el local y que tenía que subsanarlas. Desde el primer papel que presenté para solicitar la licencia hasta ahora ha pasado un año. Tengo un montón de deficiencias que debo subsanar si no quiero cerrar. He hecho los cambios que he podido, pero algunos resultan difíciles de realizar. Tengo un local de 50 metros, con dos baños, y me piden que haga un tercero, para el personal. En un local tan pequeño tres baños ocupan bastante. Me reduce mucho el espacio de atención al público.
Es absurdo. En los locales antiguos, que ya tienen licencia de actividad, no se exigen estas condiciones”, añade.
“No sé si me va a salir rentable en todo lo que me he metido... El proyecto completo, con las obras incluidas, me cuesta 150.000 euros. Hubiese sido más fácil haber buscado un local antiguo, con licencia. Ahora me encuentro en una situación alegal, no ilegal, pero al margen de la ley. Presenté el proyecto, me puse a hacer las obras y como no tenía respuesta, abrí. Cuando el ayuntamiento fue a pedir explicaciones ya habían pasado varios meses”.

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