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Las startups ya no aspiran al unicornio, ahora quieren ser cucaracha

Poco glamurosas y de crecimiento lento, pero muy resistentes. Es lo que caracterizaría a las startup cucaracha, un modelo al alza que cada vez atrae más a los inversores.

Ana Delgado | 06/10/2017
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El término cucaracha asociado a las startups lo acuñó Caterina Fake, cofundadora de Flickr. Hablaba de ellas en un artículo titulado The Age of the Cockroach (la era de la cucaracha) donde aludía a aquellas startups de crecimiento sostenido y silencioso en contraposición con los ruidosos y altamente valorados unicornios. “Una plaga viene a matar a los unicornios”, advertía Fake del riesgo de extinción de estas empresas con valoraciones, a veces, infladas e insostenibles.

Las startups unicornio se caracterizan por obtener una valoración superior a los mil millones de dólares, ser sostenidas por inversores privados, su base tecnológica y un crecimiento exponencial en un tiempo muy reducido. Pese a que las hay ya con un largo recorrido, como AirBnb, Uber o BlaBlaCar, ninguna de las características descritas garantizan la estabilidad a futuro de estas empresas que triunfan hoy en un mercado volátil.

En contraposición, las startups cucaracha, se identificarían por ser menos glamurosas, sin altas valoraciones, muchas veces desconocidas y de crecimiento lento, pero sostenido durante años. “Las cosas buenas ocurren lentamente”, dice Fake. No olvidemos que las cucarachas son supervivientes natos y resistentes a los cambios. “Creo que ése es el animal que debería inspirarnos: no el mítico unicornio, sino la cucaracha – tenaz, resiliente, rápida y adaptable. Capaz de sobrevivir al invierno nuclear y aún así multiplicarse y crecer en ausencia de apenas alimento”, resaltaba también Javier Megías en uno de sus post.

Atractivo para los inversores

Por otro lado, según Fake, una startup cucaracha se convierte en una inversión más atractiva y segura para los inversores, dado que rigen criterios objetivos y menos especulativos que sustentan métricas de clientes y facturación reales. La inversión, en estas circunstancias, puede resultar menos rentable, pero más segura. Sin olvidar, además, que el abanico de posibilidades para diversificar las inversiones se abre si se tiene en cuenta que el número de unicornios en el mundo no supera las dos centenas.

“Después de la plaga y la conflagración, el humo se despejará y usted mirará alrededor para ver quién está todavía en pie, y verá a las cucarachas. Las cucarachas serán menos y más delgadas, pero habrán sobrevivido en una época de mayor inanición y menos exageración”, señala Fake. El éxito, en su opinión, corresponderá a las empresas con equipos talentosos y leales, capaces de reaccionar con rapidez, con menores costes ni tanta necesidad de dinero. “La Edad de los unicornios está terminando, pero la Edad de las cucarachas está comenzando”, vaticina.

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