02/11/2009
Qué tendrá la franquicia...
Que en tiempos convulsos muestra una cara saludable, comparada con la de otras fórmulas comerciales. Son varios los elementos que vacunan al sistema frente a un mercado enfermo.
Claudio Nóvoa
- Franquicia: crece o revienta
- Qué tendrá la franquicia...
- Qué exigir al franquiciador
- Actividad en 2009
- Perfil del franquiciado
- Análisis por sectores
- Un negocio que deja marca: se trata de conceptos fácilmente reconocibles por el público, gracias a una imagen de marca fuerte, un servicio estructurado y un márketing agresivo. Elementos clave para revitalizar el consumo.
- La fuerza de la unión: las economías de escala y la seguridad de trabajar bajo el cobijo de una red dotan al negocio de valor añadido. En este sentido, la potencia de las centrales a la hora de negociar con los proveedores permite obtener precios más ajustados.
- La experiencia, más que un grado, un máster: el franquiciador despliega –o debería– su sabiduría y el bagaje que atesora en el mercado, con la vista puesta en guiar a la red por un camino lleno de dificultades. Un soporte y conocimientos, a los que un emprendedor independiente tiene más difícil acceso.
- Una relación íntima y empresarial: la central ve al franquiciado como un cliente al que es necesario mimar y ayudar a adaptarse a las exigencias del mercado, expone Xavier Vallhonrat. A partir de ahí, pasará a la acción y resolverá los problemas que le puedan surgir a ese emprendedor, algo que se agradece en plena recesión. “Su relación trasciende a la de aquellas marcas que se limitan a vender a detallistas, sin adquirir más compromisos”. La franquicia, al final, se sustenta en una colaboración entre dos empresarios, con objetivos comunes.
MÁS FUERTE, MÁS RÁPIDO Y TAMBIÉN MÁS LEJOS
Aun con estas virtudes operativas y con su buen comportamiento, cabe preguntarse qué puede hacer la franquicia para salir reforzada de la crisis. Siempre se ha dicho que estos periodos son propicios para replantear ciertas cuestiones, con el fin de estar en la mejor situación posible, una vez el mercado se estabilice. Tormo introduce un leve matiz al planteamiento, cuando recuerda que la franquicia no se encuentra en crisis.
“Ante todo, es un sistema generador de empleo y de iniciativas de expansión empresarial, cometido que sigue cumpliendo en la actualidad”, explica. En todo caso, serán las compañías franquiciadoras las que tengan que fortalecerse. “Algunas ya lo están haciendo, otras no, y estas últimas probablemente atraviesen por dificultades para superar el bache”. Piensa Eduardo Tormo que hoy las empresas han de centrarse en generar negocio y en crecer, “algo que implica reforzarse internamente, revisar los procesos y mejorar las infraestructuras”.
Ahora bien, cada enseña tendrá sus propias necesidades. “Unas deberán reestructurar la oferta y sus establecimientos con el objeto de mejorar ventas y márgenes, además de contener los costes”, añade Tormo. Otras, en cambio, estarán obligadas a reordenar los departamentos que no habían crecido al mismo ritmo que la cadena en los tiempos de bonanza.
En el horizonte de todas ellas está adaptarse al entorno donde operan. “Y se mantendrán aquellas que logren amoldar sus propuestas y planes de negocio a la actual situación financiera y de consumo”, pronostica Alonso. Aunque reconoce que no se ha de descuidar la expansión, Bernardos es más partidario de concentrar los esfuerzos en conservar lo que uno tiene, “y no tanto en captar a nuevos asociados”.
En paralelo, “las centrales deberían asumir, de una vez, que han de aportar cosas nuevas al franquiciado constantemente”, puntualiza Gonzalo Bernardos. De lo contrario, “este pensará que no le aportan nada diferente y que podría montar el mismo negocio por su cuenta”.
PROBLEMA INSTITUCIONAL
Al margen de las propias enseñas, la franquicia, como sistema, también se enfrenta a algún que otro de-safío; retos que, de cumplirse, dinamizarían aún más la actividad y le permitirían subir otro peldaño. Todo sea por no limitarse a aguantar los envites de la crisis sin más.
Uno de los temas por resolver es el de ganar visibilidad frente a la Administración. Bernardos es tajante. “El sistema tiene un problema institucional, en el sentido de que no se le reconoce lo suficiente su potencial como creador de empleo. No creo que posea ese peso específico imprescindible para que lo tengan en cuenta a la hora de tomar decisiones empresariales y económicas desde los organismos”.









