Consentino pide una línea de financiación para el desarrollo de un producto que después no funciona en el mercado

Consentino

En 1989, Francisco Martínez-Cosentino, presidente del grupo Cosentino, se embarcó en un nuevo proyecto en el que arriesgó su dinero y su prestigio. Entonces, la empresa estaba especializada en mármol. Había crecido sin pausa en el mercado español suministrando mármol de Macael (Almería) para grandes proyectos. Y decidió invertir en un material innovador a partir de un producto que vio en Italia. Era un conglomerado de mármol y pensó que si le añadía un 15% de cuarzo tendría la belleza de la cerámica con las cualidades del mármol. Creó un nuevo producto al que llamó Marmolstone y para desarrollarlo pidió un crédito sindicato de 2,7 millones de euros (entonces 450 millones de pesetas). El desarrollo del proyecto le costaba en total 7,2 millones de euros y su empresa facturaba apenas 1,8 millones. Empieza a fabricar y a distribuir el nuevo material y para su sorpresa los clientes le decían que el producto no funcionaba; a los cuatro o cinco meses el nuevo material se levantaba. ¿Qué podía hacer para no arruinarse y perder a sus clientes?


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