14/08/2009

El presidente de Germaine de Capuccini cuenta cómo liderar durante 40 años la cosmética profesional

Entrevista a Jesús Vidal

Heredó de su madre la pasión por la estética y por el mundo de la empresa. De ella, fundadora de la firma, también mantiene un lema: “La suerte no existe en los negocios”. Para Jesús Vidal, la clave del éxito empresarial sólo reside en “trabajar duro”.

Elisa Benet

Comentar

Imprimir

Jesús Vidal

DE UN VISTAZO

  • Edad: 63
  • Hito empresarial: lograr
  • que la firma Germaine
  • de Capuccini esté presente en 70 países de todo el mundo.
  • La clave: dirigirse a un sector profesional con una oferta basada en la calidad y en la innovación.
  • Empleados: 350

Lleva toda una vida al pie del cañón. Y lo que le queda. “No tengo intención de pasar el testigo”, afirma Jesús Vidal. Así de vital y, a la vez, de sereno se muestra el presidente de Germain de Capuccini. La firma española se centró, desde sus inicios, en la comercialización exclusiva en centros de estética de su propia cosmética y tratamientos. Esta especialización “fue una decisión importante y clave en el negocio. El otro hito fue apostar por la exportación de nuestros productos y de nuestras técnicas”, cuenta Vidal. A día de hoy, asegura que “el esfuerzo ha merecido la pena”, pero reconoce que “fueron años duros, porque renunciabas a mucho, sobre todo a la familia”.

EMPRENDEDORES. ¿Por qué se decidieron por el segmento de la cosmética profesional?
Jesús Vidal. Fue una decisión sencilla. En la familia nos dedicábamos a la estética y a la peluquería y de esas dos ramas elegimos la primera. El problema es que en España no había suficientes productos profesionales y, al principio, los traíamos de Francia; hasta que decidimos hacer una línea propia. Apostamos por este camino, porque era lo que conocíamos, lo que nos gustaba y lo que sabíamos por donde tenía que ir. Y lo hicimos, también desde el principio, con la tecnología y los mejores profesionales de la farmacia y de la química. Empezamos a hacer fórmulas, a fabricar y a crecer.

EMP. ¿La cosmética tiene mucho de tecnología?
J.V. La cosmética es tecnología. Siempre hemos apostado por ella para ofrecer la máxima calidad. Tenemos un departamento de I+D, otro de calidad, otro de control microbiológico... Nuestros productos se someten a test de eficacia y controles de calidad, antes, durante y después de cada proceso. Esto se lleva a cabo en colaboración médico-esteticista, para garantizar la seguridad y los resultados. La investigación ha sido nuestra apuesta. También porque empezamos a vender al extranjero y, en muchos países, nos pedían unos requisitos para entrar, incluso hacía falta una demostración de efectividad de los productos. Así que no había más remedio que investigar y tener dotado un laboratorio que hoy en día, con 18 técnicos superiores, es de los primeros en cosmética.

EMP. Germaine de Capuccini tiene 25 líneas y más de 440 productos. Cada año produce una media de 25 lanzamientos y 15 promociones. ¿Su público demanda una oferta en continuo crecimiento?
J.V. La innovación continua es clave en este sector. Creo que vamos más deprisa que el mercado. Si coges una revista y lees los principios activos de cualquier producto, puede que los hayamos dejado de fabricar, porque para nosotros ya han tenido su ciclo de vida. Estamos obligados a avanzar. Investigamos todos los descubrimientos que hay en medicina que se adaptan a la belleza o a la estética. Luego se estudia el mercado y sus tendencias. Es un proceso largo en el que se hacen miles de fórmulas y, al final, algunas se descartan.

EMP. ¿Se comete mucha locura en estética?
J.V. Esto ha pasado años atrás, pero ahora la legislación española es de las más restrictivas. La cosmética española está a la altura de las mejores, como la francesa o la alemana. Y es segura porque todo parte de un proceso larguísimo de innovación seria. Hay un montón de principios activos que se borran de las listas y nadie puede tocar. A lo mejor alguien lo hace, pero supongo que por ignorancia.

BAGAJE INTERNACIONAL

Además de la especialización y de la innovación continua, otro punto clave de Germaine de Capuccini reside en la expansión internacional que se inicia en 1978, con la distribución de productos en Venezuela.

EMP. ¿La exportación era un objetivo desde el principio?
J.V. No lo teníamos claro. Fue fruto de la casualidad. Me encontré en un cóctel con un español que vivía en Venezuela. Nos caímos muy bien y hablando del tema me dijo: “¿Por qué no trabajamos en esto un tiempo?”. Y, ¿por qué no? A partir de ahí, se montó todo. Si no hubiera sucedido entonces, habría sido más tarde; pero pasó hace 30 años. Y esto requería un esfuerzo económico y de personal importante, porque a medida que crecíamos hacía falta gente, y era tan difícil encontrar una secretaria que hablara chino, como inglés.

EMP. ¿Qué ha sido lo más complicado de esta expansión?
J.V. La homologación de las fórmulas o, más que de las fórmulas, de toda la parafernalia de la que viven las administraciones sanitarias de cada país. Eso es lo más complicado porque tú localizas un partner adecuado en un país, estás dos, tres o cinco años gastando dinero y trabajando sin ingresos y, muchas veces, no consigues hacer nada y tienes que irte. La cosmética no se trata sólo de comprar una cosa que otro vende. Necesitas muchas autorizaciones para entrar con tus productos por la aduana. En este sentido, ahora, el país más difícil es China (en 2005, Germain de Capuccini constituye en este país, con otras tres firmas españolas, el primer consorcio de cosmética, denominado World Beauty España).

EMP. ¿Qué medidas han puesto en marcha frente a la crisis?
J.V. Desde febrero de 2007, aseguramos al máximo todas las operaciones, bajamos un poco los lanzamientos, pero aumentamos la publicidad y el márketing. Las relaciones públicas y una buena comunicación del valor de marca son más importante ahora. Controlamos los gastos y las inversiones, pero el personal no se toca.

Más Empresas de éxito Ver Todos

Compartir