23/07/2010
Luis Álvarez optado por utilizar a tope unas infraestructuras situadas en el centro de las ciudades y hasta entonces infrautilizadas, para convertirlas en auténticos centros de difusión cultural y eventos de todo tipo
Teatro para todo
Fernando Barciela
Inicio del cuerpo del artculo
Cambiar el nombre del Teatro Calderón por el de Häagen Dazs, patrocinador, le ha permitido mantener este local.
Las ideas de Álvarez de como gestionar un teatro no siempre han sido bien entendidas. Cuando hace años decidió aceptar el patrocinio de Häagen Dazs y cambiar el nombre del Calderón por el de esta marca de helados, el empresario recibió una llamada de un ministerio instándolo a que no lo hiciera. Álvarez les contestó que posiblemente sería un sacrilegio, pero que “de no hacerlo, el Calderón engrosará la lista de 57 teatros cerrados en Madrid”.
El resultado de este enfoque empresarial es que Álvarez optó por utilizar a tope unas infraestructuras situadas en el centro de las ciudades y hasta entonces infrautilizadas, para convertirlas en auténticos centros de difusión cultural y eventos de todo tipo. Por ejemplo, el Calderón, que ahora se llama Häagen Dazs (está patrocinado por esta empresa) realizó “428 actos en el 2009”, subraya Álvarez. En el de Bilbao, se cuida la restauración. Otro tema que miman es la programación matinal escolar (de lunes a viernes), con decenas de obras, varias de ellas en inglés. Es posible que fuera esta filosofía lo que encandiló a los dueños coreanos del emblemático Manhattan Center.
El fracaso como oportunidad
Aun cuando Álvarez, que presume de haber ganado su primer millón de pesetas con 18 años, es casi como un prototipo andante del éxito, la verdad es que ha tenido fracasos y percances negativos muy sonados. Lo que a él no le sorprende lo más mínimo ya que suele decir a menudo que “las cosas son siempre difíciles. Los ángeles te ponen obstáculos para que tú puedas demostrar si las quieres de verdad”. Uno de esos fracasos, aparte de su renuncia al toreo, fue la pérdida del empleo de su mujer, apenas recién casados. Otro de sus chascos fue su incursión como productor de espectáculos de rock. “El primer año que me puse a organizar conciertos de gente como Alejandro Sanz a medias con un amigo que tenía bares en plazas de toros (el inversor), gané bastante dinero”, recuerda. Una billonada para un chico de 18 años que “me hizo creer que ya era el Rey”. Pero, poco duró la alegría: al año siguiente, en otra tanda de espectáculos, Álvarez perdería lo ganado. “Fue la suerte del novato”, recuerda ahora.
Final del cuerpo del artculo








