25/08/2009
Guía para gestionar con éxito el intercambio de ayudas en el mundo profesional
Favores empresariales
Un favor es por definición algo que se concede sin esperar nada a cambio. Pero en el mundo empresarial el intercambio de ayuda no se suele realizar de forma completamente altruista. ¿Cómo entrar en este juego sin quemarnos?
Pilar Alcázar
Inicio del cuerpo del artculo
Cuando pedimos ayuda a un desconocido y nos corresponde se crea un vínculo de confianza fuerte, pero también un sentimiento de deuda, de tener que pagar algo a cambio. Por eso, conviene elegir bien a quién recurrimos cuando tenemos un problema y el nivel de compromiso que puede suponer su ayuda.
El intercambio de favores es una práctica que tiene mala prensa y a menudo suscita recelos cuando se salen del ámbito de la familia y los amigos más directos. La imagen de don Vito Corleone en la película El padrino repartiendo dádivas que después se exigen a punta de pistola pesa demasiado en el inconsciente colectivo. Y las noticias sobre sobornos y cohechos que leemos todos los días en los periódicos realimentan el temor a pedir una ayuda que después nos pueden cobrar muy caro.
Si nos olvidamos de la política y de historias del hampa, el trueque de favores en el mundo de la empresa es bastante frecuente. Y ni es ilegal ni suele generar problemas morales. Es más, “los buenos directivos y sobre todo los buenos empresarios son gente particularmente bien dotada para pedir favores. Lo hacen con encanto y con el don de la oportunidad. Siempre saben a quién tienen que pedirlo y cómo hacerlo. La vida empresarial está plagada de favores”, asegura Luis Manuel Calleja, profesor de Dirección General y Política de Empresa del Iese y coautor del libro Gestión de favores.
¿Qué intercambian los profesionales y empresarios sin caer en el cohecho? “Fundamentalmente, recomendaciones para encontrar a personas de confianza, sobre todo cuando se trata de cubrir puestos de alto nivel, como consejeros. También consejos sobre temas de comunicación, asesoría fiscal, ayuda para resolver problemas burocráticos, incluso apoyo para encontrar productos y servicios adecuados para la empresa o información útil para la gestión del negocio”, asegura el empresario Antonio Carroza, socio fundador de la firma Alquiler Seguro y asistente habitual a todo tipo de encuentros entre empresarios en la Asociación de Jóvenes Emprensarios de Madrid.
“Para intercambiar favores hay que conocer a las personas adecuadas y en el mundo empresarial esto empieza necesariamente por practicar networking”, comenta. En cuanto al mundo profesional, lo más habitual es recurrir a conocidos directos o colegas. En este caso, las ayudas más políticamente correctas son “el intercambio de tiempo (ayuda para un informe, por ejemplo), consejos e intermediación para que alguien nos abra una puerta importante”, explica Douglas McEncroe, director de Douglas McEncroe Group.
LA CULTURA DEL FAVOR
Aunque pocos están dispuestos a admitirlo, en realidad el intercambio de dádivas en el mundo empresarial forma parte de la rutina diaria para salir de cualquier marrón. Y posiblemente la moneda de cambio más habitual en este mercado informal y espontáneo sea la información privilegiada para tomar decisiones importantes: por ejemplo, si va a haber un movimiento en la cúpula directiva que pueda aprovechar una de las partes para intentar conseguir un ascenso o la adjudicación de un proyecto importante... Este tipo de ayuda desinteresada crea un vínculo de amistad y de confianza muy fuerte entre las partes.
El intercambio de favores también tiene un lado perverso, ya que cuando alguien nos ayuda nos sentimos en deuda y con la obligación moral de devolverle el favor prestado cuando sea necesario. Y no siempre podemos saber con precisión la deuda acumulada con la otra parte. Sin llegar a los extremos de ese peligroso intercambio de información entre Anibal Lecter y la joven Clarice en el quid pro quo que propone el asesino de El Silencio de los corderos, en el mundo de la empresa también hay peticiones habituales como pago de favores que nos pueden poner en algún apuro. Por ejemplo, vernos en la obligación de “hacer algo que va en contra de la verdad, como tener que hablar a tu jefe bien de alguien cuando no es cien por cien merecido. O ayudas que pueden chocar con la ética o los valores de la empresa”, apunta Douglas McEncroe.
Son pagos de deudas que pueden terminar poniendo en peligro la credibilidad profesional de cualquiera. Por eso, conviene elegir bien con quién intercambiamos ayuda y a qué nos comprometemos cuando entramos en ese juego tan necesario.
Final del cuerpo del artculo








