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Adictos al trabajo

El afán por trabajar puede convertirse en una adicción y provocar enfermedades

Ser una persona trabajadora es una virtud. 
Pero ser una persona demasiado trabajadora puede convertirse en una enfermedad y en una fuente de 
conflictos. La laboroadicción es una droga no química que requiere su propio tratamiento de desintoxicación. 

Rosa Serrano | 15/09/2017
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Que el trabajo puede llegar a producir adicción es algo que muy pocos saben. Hasta hace unos años, incluso se consideraba que una persona absolutamente dedicada a su trabajo y capaz de dejarlo todo por sus obligaciones laborales, era alguien que merecía cierto respeto.
 Seguramente, alguna vez has conocido a una de esas personas (tu jefe, uno de tus empleados, un compañero...) que invierte largas horas en la oficina, llega temprano a su puesto y no se marcha hasta tarde.

Si lo observas detenidamente quizá veas que también tiene una apretada agenda para el fin de semana y que casi nunca se toma unas vacaciones. Probablemente se trata de un "laboroadicto" o workalcoholic, término inglés que funde las palabras work (trabajo) y alcoholic (alcohólico), y que resume la adicción al trabajo.

El lado oscuro

No es difícil comprender cómo se puede llegar a depender de tal forma del trabajo si se analiza su papel en nuestra sociedad. La cultura actual premia al trabajador diligente con dinero, prestigio... Y se ha desarrollado una especie de culto al trabajo.

Esto, que podría parecer positivo (pensamos que el trabajo es un vicio más sano que otros), no lo es, según un estudio de la Universidad de California.

Para empezar, los adictos al trabajo, (también llamados ergoadictos) no suelen alcanzar la productividad de otras personas, a pesar de que siempre parecen muy ocupados.

Pero los efectos realmente nocivos se producen a largo plazo. En los comienzos de su carrera, el ergoadicto suele ser el típico “chico para todo”. Pronto asciende en la empresa, pero hacia los 45 años se queda estancado. Sufre estrés crónico, a menudo se da a la bebida o a las drogas como antídoto, discute con su pareja, se aleja de sus amigos... Así, dedica cientos de horas a su desesperado esfuerzo por mantener su falsa eficiencia. Pero lo único que consigue es agravar el problema.

Por eso, si tienes como empleado a un trabajador de estas características, te interesa que deje de serlo. Al principio quizá pienses que es un empleado modelo por su dedicación, pero con el tiempo te darás cuenta de que sólo crea conflictos y que su eficiencia resulta más que dudosa.

Demasiado ritmo

Además, este afán por trabajar más y más, se convierte fácilmente en compulsivo. Y esa compulsión puede llegar, incluso, a matarle.

Así se desprende del Estudio Western. El análisis se realizó sobre un grupo de 3.500 personas que representaban todos los niveles de la industria y el comercio. Diez años después del comienzo del estudio, 250 habían sufrido alguna enfermedad cardiovascular. Todos ellos compartían un rasgo común: su comportamiento en el trabajo era compulsivo.

Según la investigación, estos trabajadores luchaban continuamente por conseguir más cosas en menos tiempo. La urgencia temporal y el intenso compromiso con su trabajo les producía una hostilidad irracional, lo cual acabó desencadenando su enfermedad.

Por otra parte, el estrés acumulado tiene consecuencias devastadoras, como la subida de la presión sanguínea y del ritmo cardíaco y respiratorio, y trae aparejadas otras compulsiones y adicciones (tabaco, alcohol, drogas).

Desengancharse

Como en tantas otras enfermedades, el ergoadicto no es consciente de su problema y se niega a reconocerlo. Sólo se da cuenta de su adicción cuando ya ha sobrevivido a un ataque al corazón o su matrimonio se ha roto.

Una vez que admite su enfermedad, ¿cómo cambiar el comportamiento? Después de años de laboroadicción, su problema es que no sabe divertirse ni relajarse. Por eso, el mejor modo de que aprenda de nuevo a disfrutar consiste en dar la vuelta a una de sus estratagemas favoritas: la programación.

Hay que prepararle una agenda de actividades no relacionadas con el trabajo: dedicación a la familia, práctica de deportes o pasatiempos, etc., en un minucioso horario. Poco a poco, la capacidad de disfrutar de la vida volverá a crear el equilibrio necesario para conseguir una eficiencia real.

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Retrato robot de un laboroadicto

He aquí algunas características que te permitirán reconocer, casi con seguridad, a un adicto al trabajo.

1. Suelen poseer una gran inteligencia. 


2. Tienen afán de éxito a toda costa y competitivi
dad extrema. Son personas muy ambiciosas. 


3. Continuamente están alerta y no se dan opción a 
disponer de tiempo libre (planifican minuciosamente incluso sus ratos de ocio). 


4. Son impacientes. No soportan demoras, ni la lentitud y, mucho menos, las esperas. 


5. Son especialmente irritables, responden colérica
mente y muestran en su comportamiento su 
hostilidad contra todos y contra todo. 


6. Hablan con voz alta, explosivamente y dando órdenes. También se expresan mucho con el 
cuerpo y desarrollan movimientos exagerados. 


7. Pueden llegar a mostrar tendencias agresivas.

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