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Aprende a controlar el estrés en el trabajo

La personalidad y los propios genes marcan los niveles de presión que puede soportar cada uno. Pero se puede aprender a tolerar mejor las situaciones de máxima tensión, tanto individualmente como dentro del equipo. Estos son los mejores consejos de expertos en recursos humanos.

17/03/2017

Se trata de adquirir nuevas habilidades o cambiar nuestros hábitos de conducta para dominar las fuentes de estrés. De cambiar de hábitos en el trabajo. La clave para mejorar las condiciones de trabajo está en conocer nuestra propias capacidades y aprender a poner límites a tiempo.

Por ejemplo, si el problema es un exceso de trabajo o falta de tiempo, nos ayudará aprender a ser más asertivos, delegar, evitar interrupciones cuando se realicen tareas que exijan mucha concentración, conocer nuestras horas de máximo rendimiento y dejar las tareas más difíciles para entonces...

1. Evitar pensamientos estresantes. Una percepción negativa del lugar de trabajo puede crear estrés, aunque no existan aparentemente causas objetivas para ello. Hemos visto que algunas personas sufren estrés porque perciben peligro en su puesto aunque no lo haya. En estos casos, resultan muy eficaces las técnicas de reestructuración cognitiva, orientadas a eliminar las creencias erróneas y los pensamientos deformados. Por ejemplo, se puede aprender a no interpretar los problemas en función de quién tiene la culpa y centrarse en buscar soluciones; no pensar continuamente en unas normas rígidas sobre lo que deberían ser las cosas en lugar de valorar la realidad como es; evitar los razonamientos emocionales (no pensar que eres un estúpido porque te hayas equivocado), o no obsesionarse con tener siempre la razón.

2. Controles físicos de la tensión. Se trata de controlar los niveles de estrés cuando aparezcan los primeros síntomas físicos: tensión arterial, el pulso, la frecuencia cardíaca y respiratoria... Si los niveles de tensión están por encima de lo normal, hay que aplicar medidas antiestrés como técnicas de relajación, dar un paseo o hacer ejercicio físico. La alimentación también es importante. Conviene reducir el consumo de grasas, cafeína, alcohol, tabaco, azúcar y sal.

3. Separar la vida privada del trabajo. Conviene evitar las comidas de trabajo, no llevar tareas a casa ni asistir a clubes y actividades de empresa. Es mejor reservar el tiempo de ocio para actividades en un entorno social diferente al trabajo.

Estrategias para evitar situaciones de tensión dentro del equipo

Un buen gestor de equipos no debe limitarse a gestionar su propio nivel de presión, también debe aprender a reconocer y gestionar el estrés de las personas que forman parte de su equipo. Pero ¿se puede gestionar el estrés de los demás? Los expertos afirman que la clave es la comunicación.

1. Exigir a cada uno lo que pueda dar. Un gestor de equipos debe conocer el umbral de tolerancia al estrés de cada miembro de su equipo. Del mismo modo que a un coche se le exige más velocidad en función de la potencia de su motor, con las personas se debe hacer otro tanto. Hay que exigirle a cada uno lo que pueda dar. Es un error tratar a todos por igual.

Ahora bien, conviene recordar que el nivel de tolerancia al estrés también varía con el paso del tiempo en una misma persona. Y que su disposición a tolerar la presión puede depender de otros cambios producidos al margen del entorno laboral. En cualquier caso, una comunicación continua con todos los miembros del equipo es la única clave para detectar estos cambios a tiempo.

2. Facilitar la participación. Es imprescindible que cada uno de los miembros del equipo tenga bien definidas sus tareas y que se les permita participar en la toma de decisiones que afecten a sus puestos de trabajo. También se debe fomentar la diversidad de los talentos y de los puntos de vista, para que todos puedan sentirse valorados.

3. Ajustar los controles. Otro punto clave es la forma de establecer los controles. Si es cierto que a muchas personas les resulta estresante que les sometas a un control continuo sobre su trabajo, otras se pueden estresar por una falta de supervisión de sus tareas. El directivo debe saber qué personas necesitan trabajar de forma más autónoma y quiénes esperan que hable con ellas con cierta frecuencia y les diga que van por el buen camino.

4. Ofrecer el apoyo necesario. El gestor del equipo, ya sea el emprendedor directamente o sus mandos intermedios, debe fomentar el apoyo social dentro del equipo, tanto desde arriba como entre todos los integrantes del mismo. Un error muy común en la gestión de los equipos es ofrecer recompensas exclusivamente cuando los rendimientos son excepcionales. Este tipo de premios fomenta la competitividad entre los empleados y destruye el espíritu de colaboración necesario para evitar las posibles tensiones. Para garantizar el apoyo necesario a su equipo debe disponer del tiempo suficiente para atender las demandas de sus colaboradores. Muchos emprendedores tienen demasiado trabajo o se pasan la mayor parte del tiempo fuera de la oficina, viajan continuamente y no tienen una relación directa y permanente con los empleados. Con esta actitud es imposible gestionar el estrés de su equipo.

5. Recompensas y esfuerzos. El exceso de trabajo es una de las fuentes de estrés que más se repiten, pero una falta de trabajo también puede generarlo. Hay muchas personas que necesitan una cierta presión para funcionar bien. Junto a la cantidad de trabajo hay que buscar un equilibrio en los ritmos establecidos. Si exiges un ritmo excesivamente alto a tu equipo o no le concedes el tiempo necesario para asimilar los cambios, terminarán estresados. Por tanto, los esfuerzos exigidos se deben ajustar a las recompensas.

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