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Muy práctico

Saca partido al efecto Benjamin Franklin para caer mejor en la oficina

¿Caes mal a tus compañeros? ¿A tus empleados? Pídeles que te hagan favores.

Rafa Galán | 13/12/2017
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Si le pides a alguien que te haga un favor, la ciencia asegura que le caerás mejor. Es lo que en neurociencia se denomina como el efecto Ben Franklin, y que hace referencia a un incidente en el que el inventor y político estadounidense le prestó un libro a un rival que en público había mostrado un patente desprecio por Franklin y a partir de ese momento se convirtieron en amigos. ¿Por qué funciona? El cerebro justifica las acciones de tal manera que si alguien que no te gusta te pide un favor y se lo haces te convences a ti mismo de que le estás ayudando porque en el fondo te cae bien y merece la pena ayudarle.

Ahora bien, un favor no se puede pedir dentro de la empresa de cualquier forma.

Hay personas que no piden bien los favores porque les cuesta reconocer que necesitan ayuda. Éste es un error habitual de los directivos y personas que ejercen el liderazgo con mucha gente. Sienten pudor en admitir que necesitan ayuda y el resultado es que no son claros en su petición y se producen malentendidos por parte del otro, además de generarle estrés porque no sabe exactamente lo que debe hacer.

Hay que ser claros en nuestras peticiones. Explicar bien lo que necesitamos, por qué lo necesitamos, en qué plazo y el significado que tiene para nosotros conseguirlo o no. Si no queremos que el otro se sienta en deuda, podemos intentar jugar con las palabras. No es igual decirle a alguien ‘tengo que hacerte una petición’ o ‘necesito consultarte algo’ que decir, ‘necesito un favor’. Es una expresión que transmite una mayor expectativa sobre el otro y potencia ese sentimiento de deuda.

Antes de solicitar un favor debemos hacer una valoración real de lo que estamos pidiendo. Podemos pecar de injustos, de inoportunos o estar demandando algo desproporcionado. Hay que pedir favores que realmente estén al alcance del otro y tener en cuenta si está en su mano hacerlo o va a depender de un tercero.

En principio, el mejor destinatario de nuestra petición será alguien que pueda responder a nuestra necesidad, que nos genere simpatía o que pueda tener una deuda anterior con nosotros. Pero también podemos recurrir a personas desconocidas. No debes tener ningún problema en pedir algo a alguien a quien sólo has visto dos veces. Pero debes ir en mano con una oferta. Tienes que ser muy claro: necesito esto y puedo ofrecerte esto a cambio. Si la otra persona es alguien de mayor nivel que nosotros, un jefe, por ejemplo, esa oferta es aún más importante y hay que hacerlo con mucha diplomacia. Intentar vincular el favor a un resultado favorable para los dos y para el equipo. Incluso si sólo es en beneficio de tu carrera profesional.

Y una última idea que parece de cajón pero que a veces pasamos por alto por desesperación: no solicites ayuda a alguien que te cae mal; este es el tipo de favor que termina por costar más de lo que puedas recibir. Los sentimientos suelen ser mutuos y posiblemente se cobrará con creces tu deuda.

El efecto Franklin no funciona en dos direcciones.

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