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Liderazgo

Elon Musk ante su mayor encrucijada

A principios de junio, el consejo de Tesla votaba si mantenía en su cargo a Elon Musk. De momento se queda. Pero tiene hasta finales de 2018 para hacer rentable una compañía que lleva 15 años quemando caja a dos manos. Y con graves problemas de producción. ¿Puede la compañía sobrevivir sin Musk? ¿Y Musk sin Tesla?

Pilar Alcázar | 18/06/2018
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El futuro de Tesla es incierto. Cada vez son más las voces que coinciden en que la compañía que estaba llamada a cambiar la industria de la automoción está en apuros. O Elon Musk encuentra pronto una solución a sus problemas de producción o la compañía acaba en manos de la competencia o él fuera del proyecto. ¿Es el futuro de Tesla la prueba del algodón sobre la auténtica genialidad del más digno sucesor de Steve Jobs?

Para la mayoría de los analistas, Tesla tiene difícil sobrevivir sin Musk. Pero Musk superará la crisis de Tesla sin despeinarse. “Tesla es la imagen de Elon Musk. La empresa está sobrevalorada y es porque tiene detrás a Musk. Si Elon se va, Tesla se derrumba porque no hay nadie que transmita ese positivismo que transmite él. La gente invierte por él, no por el resto del proyecto. Ya hay muchas empresas que producen coches eléctricos”, apunta Antonio Nieto Rodríguez, profesor y asesor, reconocido por Thinker50 como uno de los pensadores españoles más influyentes del mundo del management y del liderazgo.

En la misma línea se pronuncia Pere Rosales, CEO de Inusual, para quien “Tesla no está disrumpiendo nada. Tiene muy poca ventaja competitiva respecto a otras marcas más allá de lo que sería la propia marca en sí, que ha creado evangelistas. Ahora mismo lo que más importa es hacerla sostenible porque desde un punto de vista estratégico, tiene muy poca sostenibilidad”. 

Las alternativas para salir de este embrollo

¿Por qué no consigue cumplir su promesa de producción masiva? ¿Cuestión de dinero? “Yo creo que es dinero y es conocimiento. El know how. Porque no se ha querido asociar con las grandes empresas de automoción –Ford, GM, etcétera–. Lo han querido hacer mucho a su manera y el modelo de planificación de la producción todavía no lo tienen automatizado. Y no saben cómo hacerlo. Están trabajando con la cultura agile porque desde el principio Tesla se ha visto como un producto tecnológico. Todo sin planificación. Y llegados a un cierto punto, las empresas tienen que planificarse y pensar a largo plazo. La cultura lean startup está muy bien pero puede ser una barrera en este caso, cuando hay que incrementar los volúmenes”, comenta Antonio Nieto Rodríguez.

¿Una metodología de startup aplicada a un negocio que se basa en un modelo tan tradicional? “Ese es su gran dilema. Creo que debería desarrollar una planificación mucho más realista, estructurada y disciplinada. Evitar dar bandazos y mantener los recursos enfocados. Es así como las grandes empresas de automóviles consiguen grandes volúmenes de producción”, añade Nieto Rodríguez.

Un cambio de gestión y más dinero para tomar aire. “O amplía más la deuda y respira un poquito más en el caso de que ya esté en el buen camino, que casi lo tenga al alcance de la mano, o intenta hacer más sostenible la empresa a nivel financiero, buscando un socio o un comprador”, comenta Pere Rosales.

La decisión va a depender de lo cerca que esté de conseguir su objetivo: hacer coches como mínimo iguales que la competencia y por menos precio. “Ellos ahora mismo van a margen. Un Tesla tiene que ir a un público más exclusivo. Si él consigue que la tecnología que ya hace lo mismo que los demás sea más barata, entonces lo puede petar”, afirma Pere Rosales, que añade: “Si va a competir con BMW o Audi o Mercedes, tiene que robarles clientes a ellos. Es más fácil conseguir clientes desde abajo y eso sí que sería disruptivo. Tesla es ahora mismo un coche aspiracional, porque tiene lista de espera, y de pronto hacer una disrupción viendo a cualquiera que se pueda comprar un Volskwagen o un Renault o un Toyota con un Tesla. Y no cambiaría nada la marca, porque ya ha sido enriquecida con ese intangible aspiracional. Y en la base de la pirámide hay un montón de gente dispuesta a comprar el producto porque lo ve como un producto premium”, comenta Pepe Rosales.

Ahí está su verdadera oportunidad. Hablamos de la persona que puso en el mercado el Tesla Roadster, que está considerado el primer automóvil eléctrico económicamente viable. Pero no lo tiene fácil, porque “los retrasos en la producción convierten a la competencia en amenazas más grandes. El Chevrolet Bolt de GM ya ha demostrado que los vehículos eléctricos de largo alcance para el mercado masivo son altamente factibles para las empresas automovilísticas tradicionales. Por eso creo que al final Tesla será comprada por alguna de las grandes empresas del sector”, comenta Antonio Nieto Rodríguez. 

Las debilidades de un ser divino

Director ejecutivo de Tesla Motors, director ejecutivo y CTO de SpaceX (el proyecto con el que quiere crear una colonia en Marte para 2030), presidente de SolarCity (el mayor proveedor de paneles solares de EEUU), copresidente de OpenAI… ¿Y si el problema es que Elon Musk está intentando abarcar demasiado incluso para él? De hecho, en la última junta de accionistas se debatió la posibilidad de sustituirle como presidente del consejo precisamente para que se centre en exclusiva en su trabajo como CEO de Tesla. Son cada vez más los que piensan que esa falta de foco podría ser una de sus debilidades: “Me parece alguien increíble, que ha tenido altibajos en su carrera pero que siempre ha creído y luchado por su visión. Pero le veo dos debilidades: su híper optimismo, que a veces le juega malas pasadas –por ejemplo, su promesa de producir 5.000 Model 3 a la semana, cuando no ha pasado de 2.000– y su falta de enfoque. Está metido en 4 o 5 temas que exigen dedicarles el 100% o más. Y eso en líderes como Steve Job o Jeff Bezos no lo he visto nunca. Se centraban muchísimo más en un tema y lo desarrollaban hasta el final”, comenta Antonio Nieto Rodríguez.

Para Luis Pérez-Breva, director del MIT Innovation Teams, por el contrario, esta forma de trabajar la innovación estaría dentro de lo normal cuando se intenta resolver un gran problema de la humanidad. “Yo creo que el motivo por el que nos fascina él y no estamos igual de fascinados por los otros cofundadores de Paypal, por ejemplo, es porque él ha alcanzado esa categoría de querer innovar independientemente de la empresa. Trata sus empresas como si fueran proyectos, como un continuo de cosas en lugar de pensar cada cosa por separado. Tiene muchísimos proyectos en paralelo más que simplemente distintas compañías de un único producto. Y encima cada una de estas compañías tiene muchos proyectos en paralelo dentro. Básicamente, lo que tiene es una constelación de proyectos. Todos muy relacionados. Cuando te fijas en un problema muy grande, hay tantas maneras de abarcar ese problema, que cada una de ellas puede ser una organización distinta. Yo lo que veo es que Elon Musk tiene dos ideas muy grandes que dan lugar a muchas posibles compañías. Y por eso estamos tan fascinados por él. Porque parece ser una fuente inagotable de compañías y sin embargo lo que tiene son dos problemas que son mucho más grandes de lo que sería abarcable con una sola. Que le siguen dando inspiración y cuanto más avanza en estos problemas más se da cuenta de que hay más espacios. Cuando empiezas a innovar tienes un problema, un problema que aprendes a escalar abajo para poderlo trabajar y ese problema lo que hace es generar más y más oportunidades. Por el contrario, si emprendes centrado en un producto, éste tiende a agotarse a sí mismo”, comenta Luis Pérez-Breva.

El problema es que al dinero no le gusta la incertidumbre y no se pueden cambiar las cosas yendo por un camino recto. “Yo creo que él tiene muy claro lo que quiere y lo que no. Otra cosa es que tenga un poder absoluto, que no lo tiene, en la toma de decisiones de Tesla. Al final está siendo una víctima, como cualquier persona que intenta innovar, del miedo de los otros. Este tipo de personas gestiona el riesgo de una manera más desafiante. Es más valiente”, dice Pere Rosales. “Por eso, es mucho mejor la persona que hay detrás del proyecto que la marca en sí y lo que está consiguiendo. Cualquier cosa que dejes en las manos de Elon Musk alguna de ellas puede fallar pero como mínimo valdrá la pena el experimento. Y eso es lo que hace que esté donde esté”, continúa.

De momento, esa visión global que tiene de los problemas a los que se enfrenta le ha llevado a pensar en compartir la tecnología de propulsión de sus cohetes con el Tesla Roadster. Conseguiría así un deportivo con una aceleración sideral, sin faltar a su compromiso de crear coches respetuosos con el medioambiente. Eso sí sería verdaderamente disruptivo. 

Una bocanada de oxígeno

En menos de una semana, Musk ha pasado de estar en la cuerda floja a convertirse de nuevo en un líder con ideas revolucionarias. Pero no olvidemos que Tesla no ha dejado de ser una empresa financieramente ruinosa. Musk parece ser capaz de revolucionar el mercado del automóvil con sus ideas, pero no es seguro que llegue a convertir el proyecto en algo rentable. Por eso, la mayoría de los analistas creen que Tesla acabará en manos de alguna de las grandes empresas del sector. La sombra del exit –voluntario o forzoso– no se ha disipado. ¿Cómo afectaría eso a su credibilidad?

“A efectos de la persona creo que habría gente que estaría muy contenta de que se centre más en Space X y en otros proyectos”, apunta Luis Pérez-Breva. “No olvidemos que Henry Ford fue expulsado de su compañía dos veces. Steve Jobs, una… La historia de estos innovadores pasa por subidas y bajadas porque no siempre están en lo cierto. Si le echan, incluso puede ser providencial. Mucha gente que lo fue cuando echaron a Steve Jobs porque pudo hacer Pixar y NeXT y aprendió una serie de cosas que luego llevó a Apple y la hizo más competitiva”, añade.

Si consigue sus objetivos en Tesla, Elon Musk ocupará un lugar en el Olimpo junto a Steve Jobs. Si fracasa, no parece que se vaya a ir directo al infierno. “Pongas lo que pongas en manos de esta gente, como mínimo es interesante y atrae a los compradores. Y eso hoy en día es lo que más importa. No importa la tecnología que tengas, ni el mercado en el que estés, ni lo original que seas, lo que importa es que haya gente dispuesta a hacer cola para comprar tus productos. Elon Musk, los tiene. Como los tenía Steve Jobs”, apunta Pere Rosales.   

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Cómo ha llegado hasta aquí

Musk se ha convertido en el emprendedor más admirado del planeta y como muestra se cita siempre Paypal, que no fundó. Claro que tampoco ha sido fundador de Tesla. En ambos proyectos entró como socio capitalista y luego se convirtió en CEO. Eso sí, para disponer de ese capital antes de entrar en Paypal había creado Zip2, compañía de contenidos online que fundó con dos mil dólares en 1995 y que cuatro años después vendió por 300 millones de dólares. Era el comienzo de una fortuna que hoy está valorada en 17,4 mil millones de dólares.

Con tanto dinero, Musk se convirtió en leyenda cuando compartió sus sueños más ambiciosos: frenar el calentamiento global impulsando las energías renovables y el uso de coches eléctricos a precios asequibles, cohetes espaciales para colonizar Marte, cápsulas para viajar a 1.200 kilómetros por hora, baterías de litio… Por extraño que parezca, a nadie le han chirriado estos sueños a los que incluso llegó a poner fecha: habría una colonia en Marte para 2030. A la vuelta de la esquina. “Tiene credibilidad a pesar de ese punto de locura porque responde a ese tipo de personas con una visión muy arriesgada y que desafían el status quo de industrias establecidas. Sin olvidar que sus ambiciones van más allá de sus empresas; quiere transformar el planeta”, dice Antonio Nieto.

Pero ha bastado que falte a su palabra de fabricar 5.000 unidades semanales del Tesla Model 3, para que el mito empiece a hacer aguas. Bueno, eso, y que acumule quince años de pérdidas. Él ha respondido abriendo las puertas de su factoría de Fremont demostrando, para sorpresa de todos, que han alcanzado una automatización del 95% en la cadena de montaje y que, aunque tarde, está más que cerca de cumplir su promesa de producción. Además, acaba de despedir al 9% de su plantilla –unos 4.140 empleados, de un total de 46.000– para cumplir con su promesa de rentabilidad. Tiene hasta finales de año para demostrar si Tesla va por el buen camino.

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