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No pierdas la cabeza tras conseguir el éxito

Cómo mantener tu ego emprendedor bajo control

¿Cuáles son los principales riesgos del éxito? ¿Cómo luchar contra ellos? ¿Cómo mantener el éxito que tanto te ha costado conseguir?

Isabel García Méndez | 07/09/2018
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¿Qué hace que una persona que alcanza el mayor éxito profesional que se puede lograr en su trabajo se mantenga sereno y humilde y para otros ese mismo triunfo suponga el inicio de una caída al vacío? ¿Por qué algunos como Donald Trump son capaces de poner su nombre en grandes letras doradas en todos sus edificios y acumular mujeres a cada cual más joven y rubia que la anterior y otros, más ricos y exitosos que él, como Bill Gates, prefieren seguir vistiendo con vaqueros y zapatillas y continuar compartiendo su vida con la mujer de siempre?

¿O qué hace que un Paul Newman mantenga la cordura durante toda su trayectoria artística y otros como Marlon Brando pasen sus últimos años siendo un protagonista de pesadilla? ¿Por qué Tiger Woods ha estado a punto de echar su carrera por la borda, mientras que un Rafa Nadal es capaz de afrontar con serenidad y humildad los meteóricos ascensos de su carrera?

En la vida, como en la empresa o en cualquier otra actividad, el éxito puede ser una bendición o un lastre. A menudo, la sabiduría popular encierra verdades incuestionables y por eso frases como “la soledad en la cumbre” o “morir de éxito” se convierten en sentencias inapelables. De hecho, para la gran mayoría de los especialistas es más fácil sobrevivir al fracaso que al éxito.

Esta vez, sin embargo, te vamos a dar varios consejos para que, si ha llegado por fin el éxito que estabas deseando, seas capaz de sobrevivir a él y sobre todo puedas mantenerlo.

Cuestión de formas

Para empezar, hay que definir qué entendemos por éxito, porque en función de nuestra propia percepción de ese concepto lo afrontaremos de una forma u otra.
“En general se puede decir que tiene dos vertientes, una externa, que depende del reconocimiento de los demás, es decir, el juicio social de que tú has conseguido algo, y la interna, la sensación de satisfacción por haber alcanzado un logro. Hay gente que busca el primero, gente que busca el segundo, y otro grupo que ansía los dos”, señala el consultor Ovidio Peñalver.

O dicho en otras palabras, hay dos formas de llegar al éxito: la que lo busca como un fin en sí mismo o la que lo alcanza por el trabajo bien hecho. En el éxito vinculado a la necesidad de reconocimiento por parte de los demás, es muy fácil caer en la vanidad. “Tiene mucho que ver con una falta de autoestima y un deseo imperioso de que hablen de ti. Hay incluso gente que pide a otras personas que le introduzcan en Wikipedia”, advierte Peñalver.

Cuando el éxito es una respuesta a tu buen hacer, “es más difícil que se suba a la cabeza”, afirma el coach José Pedro García. Como asegura el experto Alejandro Martín, el éxito depende de tres circunstancias: las competencias, el entorno y la gente que nos ha ayudado. “Si no tenemos en cuenta las tres variables lo más fácil es no sobrevivir al éxito”, añade.

Cómo mantenerte en la cima

Para conseguir el éxito, hay que ser fiable, debes tener algo que ofrecer y ser conocido. Ahora bien para seguir manteniéndolo es necesario seguir una serie de pautas:

- No bajar la guardia. Es fundamental seguir preparándose tanto para ese puesto como para otros superiores. Según explica el psicólogo Tomás Álvarez, “el éxito debe entenderse como haber cubierto una etapa y no confundirlo con haber llegado, porque entonces se baja la guardia”.

- Mantén a tus aliados. Cuando uno persigue un objetivo, normalmente establece una acertada red de contactos que le impulsan hasta ese fin. Un error habitual es tanto olvidarse de esas personas que nos han ayudado en el camino como no preocuparse en seguir incrementando nuestro networking.

- Gestiona el éxito con el equipo. Si es importante mantener la red de contactos que te ha permitido alcanzar la cumbre, más lo es ser consciente de quién ha estado trabajando contigo en esa dura tarea y ser capaz de ser generoso con tu equipo, reconociendo los méritos de los que están a tus órdenes. Es habitual que cuando se llega arriba, la gente tiende a ir desprendiéndose de los agentes más críticos de su equipo bajo la excusa de que son muy negativos. Busca nuevos objetivos. Siempre hay un objetivo superior al que poder aspirar. La única forma de mantenerse en una posición de éxito es seguir aspirando a más.

Cuidado con los riesgos

Los riesgos del éxito están muy vinculados a nuestra forma de reaccionar ante él. Para moderar los efectos perniciosos sobre nuestro ego, la primera recomendación importante es asumir que el mérito no es exclusivamente nuestro, que hay una participación importante de otros factores como el equipo y la gente que nos ayuda “y que el éxito profesional es algo parcial que sólo afecta a una faceta de tu vida, no a todo el conjunto, con lo cual es necesario relativizarlo”, insiste Martín. Pero, además, sigue estos consejos:

- Sigue con tus rutinas. Aunque vayas relacionándote con otra gente es importante mantener los pies en la tierra, seguir con los amigos de siempre, no perder el contacto con el entorno de siempre.

- Ten un espejo de confianza. “El coaching es muy indicado para quien está empezando a tener éxito”, señala Ovidio Peñalver, aunque puede ser suficiente alguien de tu entera confianza, que te escuche de forma activa y que sea capaz de criticarte cuando lo necesitas.

- No pierdas tus valores. Ten en cuenta que son ellos los que te han ayudado a conseguir el éxito. Abandonarlos puede suponer tu caída y, además, arrastrarte a una pérdida de identidad.

- Demora la gratificación. También puede entenderse como buscar deliberadamente la frustración. Por eso es bueno afrontar retos con los que aprender a aceptar el fracaso. “Un ejemplo de esta estrategia es la decisión de Ferrán Adriá de dejarlo todo para tomarse un año sabático, con el riesgo que corre de perder el reconocimiento externo”, apunta el consultor Antonio Galindo.

Yo, mí, me, conmigo... ¿te reconoces?

Por fin ha llegado ese ascenso que estabas esperando, has cerrado el gran acuerdo que impulsará tu empresa o has alcanzado tu gran objetivo. Estás eufórico, pero de repente parece que la gente de tu alrededor te mira con otra cara. ¿Son ellos los que han cambiado o tú? Existen algunos síntomas claros de que se te está subiendo el éxito a la cabeza, sigue leyendo y analiza objetivamente si estás experimentando alguno de ellos:

- Egocentrismo. Sientes que el mundo gira a tu alrededor. Puede que surja una corte de aduladores que efectivamente esté pendiente de todos tus deseos, pero el problema empieza cuando eres incapaz de ver la realidad desde otro punto de vista que no sea el tuyo propio.

- Actitud intrusiva. Tiendes a manipular a los que te rodean, te impones, exiges demasiado y con rudeza o tiendes a supervisarlo absolutamente todo.

- Cierta insensibilidad. La prepotencia y la soberbia nos insensibilizan ante los problemas ajenos. Tiendes a creer que sus problemas ocurren porque no tienen capacidad de superación, de la que tú estás sobrado.

- Necesidad de ser adulado. El deseo de feedback positivo es lógico y humano, el problema surge cuando ese deseo se transforma en una necesidad para poder sentirte bien contigo mismo. En el camino hacia el reconocimiento externo que hemos identificado con el éxito, vamos obteniendo numerosos halagos y si esa comunicación se vuelve imprescindible para tu ego, empieza a ser un problema.

- Socialización sin intimidad. Estás a gusto con tu forma de actuar y de comunicarte con los demás. Esta tendencia no es negativa, pero si en ese camino pierdes la capacidad de profundizar o en el roce más cercano te encuentras incómodo, es que estás dejando que el ego se te dispare.

Los riesgos de haber alcanzado el éxito

Como a menudo resulta más complicado gestionar el éxito que el error, te avisamos de los principales peligros asociados:

- La complacencia. Regodearse en el éxito, dedicarse a vegetar, a vivir de las rentas. Es un error muy habitual en las personas que alcanzan el éxito, el dar por hecho que lo han alcanzado ya todo. Ésa es la maldición que se acecha siempre a los Nobel de Literatura. De hecho, una de las principales críticas que recibió Camilo José Cela en sus últimos años fue la ausencia de producción notable tras el premio.

- La precipitación. El éxito, la satisfacción en grado sumo, provoca subidas de adrenalina que nos empuja a entrar en un ritmo frenético y a tomar decisiones muchas veces precipitadas, sin la prudencia ni la reflexión necesarias.

- La prepotencia. Tiene mucho que ver con la subida de adrenalina de la que hablábamos antes: cuando las cosas te salen bien, tiendes a incrementar las dosis de placer y con esta sensación aumenta la segregación de adrenalina, una hormona que nos ayuda a enfrentarnos a los peligros y afrontar los nuevos retos que se nos plantean. La consecución de un logro nos estimula y nos impele a creer que estamos tocados con una varita mágica y que somos capaces de todo y eso nos puede empujar a aceptar retos para los que a lo mejor ni nosotros ni nuestro equipo ni nuestra compañía están preparados.

-La sobreexposición. A la hora de mantener la visibilidad, no conviene no excederse. Un peligro es empezar a introducirse en campos que nos son desconocidos llevados por la vanidad de ser reclamados por nuestro nombre o nuestra fama. Podemos caer en la sobreexposición que vemos en algunos famosos que aparecen en tertulias radiofónicas, en publicaciones, en debates televisados o a personas que entran en fregados completamente diferentes a los suyos, como el anuncio de Ferrán Adriá sobre colchones.

- La avaricia. La falta de un objetivo claro puede hacerte caer en el error de decir a todo que sí, en la sobrevaloración.

 
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