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Entrevistamos a Albert Boadella

“En la compañía, los sueldos están equilibrados y eso hace que todo el mundo se implique”

Nació en 1943 y con 19 años fundó la compañía El Joglars con la que ha realizado 37 obras, las más famosas, parodias a Pujol, Dalí o Josep Pla. Desde 2008 es director artístico de los Teatros del Canal, de la Comunidad de Madrid. Está de gira con el musical Amadeu.

Ruth Pereiro | 11/06/2012
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albert boadella

¿En qué se parece Amadeu a Albert Boadella?
En pocas cosas. Hay un mismo viaje, desde Cataluña a Madrid. Como a él, me atrajo tratar de seducir Madrid. Él lo consiguió con un éxito espectacular, yo no tanto. Pero Amadeu conserva la esquizofrenia Cataluña-España, conserva afectos emocionales y no es mi caso. Esa mochila la he dejado en el camino. Para mí Cataluña es igual o menos que cualquier otra región española. Ha sido una terapia personal.

¿Vuelve de visita a su tierra?
Tengo una masía del XVII en el norte de Girona, en el Ampurdán, en un lugar muy bello, pero no me relaciono con nadie. Ha sido un corte casi quirúrgico y eso me ha cambiado la vida.

¿A qué dedica ahora la mayor parte de su tiempo?
A lograr que la programación de los teatros del Canal sea coherente y para todos los gustos, ya que es un teatro público pagado con dinero de los contribuyentes. Catalizar el interés de todos tiene cierta complejidad, pero en pocas temporadas este teatro se ha convertido en un referente de Madrid.

¿Cómo se suple la reducción de presupuestos?
Buscando todas las posibilidades fuera de las que da el dinero público: acuerdos con embajadas, empresas... Con astucia e imaginación. Pero habrá un límite: si bajamos más, empezaríamos a cortar producciones, no a bajar la calidad.

¿Qué significará la crisis para las compañías de teatro?
Ha sido un golpe duro, pero positivo. Siempre que las cosas vuelven a tener el precio real, tiene un efecto positivo a la larga. Hará que el teatro esté menos vinculado a las instituciones públicas, con lo que se da un paso de independencia. Y al estar menos amamantado, se preocupe más para seducir al espectador. El lado negativo es que caerá mucha gente en el camino.

¿Qué proyectos le rondan después de Amadeu?
Un próximo espectáculo con Els Joglars, quizá un clásico. Y para la próxima temporada, en el Canal probablemente algo en el terreno musical. Mi frustración de músico ha hecho que mis obras siempre tengan un cariz musical importante. Aquí, he tenido la oportunidad de trabajar con coro, orquesta y quiero aprovecharla. Seguramente, como el año próximo coincide con el 200 aniversario de Wagner y Verdi, haga algo en este sentido.

¿Va a seguir siendo políticamente incorrecto?
Yo sigo diciendo las cosas que pienso. A veces, la gente tiene cierto temor a decir lo que piensa profundamente. O llega un momento en que, de correcta que quiere ser, ya ni piensa las cosas que todo ser humano debería pensar ante cualquier acontecimiento.

¿Cómo se mantiene una compañía de teatro tan rompedora como Els Joglars durante más de medio siglo?
Seguramente por las dificultades. La compañía se encontró muy pronto enfrentada a una serie de instituciones, de presiones políticas, y no dimos el brazo a torcer ni tomamos el camino fácil. En esos momentos, tras la muerte de Franco, podríamos habernos convertido en una compañía casi nacional. Y fue todo lo contrario. Empezamos a disparar sobre la propia tribu, incluso sobre nuestro propio público, que era el progre. Este hecho, da mucha solidez a la gente que forma parte de este proyecto. Los adversarios son los que fortalecen, como todo en la vida.  

Una compañía es una miniempresa ¿Cómo funcionáis?
Sí, somos una pyme de 25 personas, con oficina, técnicos… La experiencia me ha servido mucho para trabajar en los Teatros del Canal. Cuando viene una compañía y me cuenta sus cosas, sé de qué va. Hay que tener una buena organización. Nosotros hemos practicado fórmulas muy socializadas en la compañía. No había unos sueldos tremendos y todos estaban muy bien repartidos. Y claro, así todo el mundo se sentía muy implicado en este juego. Funcionamos como una cooperativa, en la que todos tenemos la misma autoridad.

¿Sigue teniendo la misma ilusión que al principio?
No. Los años mitigan las ilusiones. Esa insensatez fantástica que uno tiene cuando es joven, que te hace montar un espectáculo pensando que estás haciendo lo mejor del mundo, ya no la tengo.

¿Alguna vez ha sentido que ha llegado eso que soñaba?
Artísticamente pocas veces. Sólo me pasó una vez, la temporada pasada cuando pensé que era la última sesión de Amadeu, sentí una enorme sensación de vacío, como si me quitaran un hijo. Eso no me había pasado nunca, en ninguna de las 37 obras que he montado. Quizá sea la vejez o que considero que el espectáculo tiene la altura artística que yo había soñado. La satisfacción total no existe.

¿Volvería a montar algo como Els Joglar en los tiempos que corren?
Supongo que sí. No sé hacer otra cosa en la vida.

 
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