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Entrevista a Carmelo Gómez

“Si no hubiese sido actor, quizá tendría un negocio con mi hermano en torno al campo”

Es todo un actor consagrado en cine, pero el reto actual de Carmelo Gómez está puesto en hacernos reír a través del inocente y perturbado Elling, personaje que da nombre a la misma obra basada en una novela del autor noruego Ingvar Ambjørnsen y que fue llevada al cine en 2001. Al protagonista de Días contados también le seguiremos viendo en la gran pantalla con Silencio en la nieve, de Gerardo Herrero y en Baztán, inspirada en los agotes, un pueblo maldito que habitó al norte de Navarra.

Ruth Pereiro | 23/12/2011
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SU FICHA:
QUIÉN: actor español de cine y teatro con casi 30 películas a su espalda y dos premios Goya –por Días contados (1994) y El método (2005)–.
POR QUÉ: Pronto le veremos en el teatro con Elling y en las películas Silencio en la Nieve, (estreno el 12 de enero) y Baztán (primavera). Entre sus proyectos, rodar con Gonzalo Suárez.
DÓNDE Y CUÁNDO: Sahagún (León), 2 de enero de 1962.

Comienza el año fuerte, en teatro con Elling y con dos películas a punto de estrenarse. ¿Cuál le hace más ilusión?
Elling es el ahora proyecto bandera porque creo que esta historia tiene muchas posibilidades tanto para Javier (el otro actor protagonista) como para mí. Pero estoy muy contento con la película de Gerardo Herrero, un thriller ambientado en la guerra, dentro de la División azul, con personajes muy bien construidos y una fotografía excepcional. Se rodó en Lituania, sobre la nieve, una novedad, ya que el cine español hace tiempo que no sale fuera a rodar. Mi personaje no es el típico galán introvertido que he hecho toda mi vida. Creo que mi carrera está cambiando en ese sentido. Y me ha gustado hacer este trabajo de composición, de buscar en la gestualidad ajena algo que copiar para incorporarlo al personaje.

Para meterse en el papel tuvieron incluso que pasar un tiempo en un centro de enfermos mentales…
Hicimos un curso de teatro para ellos, que dio Andrés, y hemos estado viendo cómo reaccionan, cómo se apuntan a la juerga y a todo lo que sea soltarse sin que sea el ejercicio de terapia. Elling es un enfermo borderline, con problemas de adaptación, complejo de Edipo, fácil de sanar con una terapia adecuada, igual que su compañero (Kjell Bjarne, que interpreta Javier Gutiérrez). Los dos han estado encerrados toda su vida, con lo cual, cuando les dicen que tienen que salir resulta un shock, pero poco a poco van entendiendo que es lo mejor que les puede pasar.

Usted tiene fama de involucrarse en sus trabajos. ¿No teme acabar peor que Elling?
Lo bueno de este trabajo es eso. Entrar en mundos a los que no accederías de otra manera, y lo haces a través de una motivación tan fuerte como la de conocer a la gente para contarlo. Este trabajo me ha permitido conocer a reporteros de guerra, a deportistas de élite, entras en el Bernabeu, hablas con el gran jefe, con gente muy pobre, con gente rica (aunque con los ricos es más difícil). Y todos te quieren ayudar, porque quieren que cuentes su realidad con honestidad, no como se muestra en la ficción. Y a mí eso me parece la bomba. He conocido a alcohólicos con la función anterior y ahora me he metido en el mundo de las mentes más o menos perturbadas. Me abre muchos horizontes personales.

¿Cuál es la novedad de esta versión de Elling, ya llevada antes al teatro y al cine?
Cuando Javier vio la película y leyó el guión dijo que lo interesante era darle la vuelta: que él hiciese el fuerte y yo el débil, que él hiciese el alto y yo el bajo. Y la verdad es que ahora no concibo la función de otra manera. Cuando veo la película digo: “Esto es demasiado realista”. El guión de David Serrano rompe con ese naturalismo de la novela y de la película y lo adapta a nuestro país y a nuestro tiempo. La novela transcurre en un país nórdico, aquí se cuenta la historia desde nosotros y en un mundo conocido.

Si no fuese actor, ¿habría dejado también la vida rural?
Probablemente, hubiera trabajado en el campo, porque la única inquietud que tuve fue esa. Mi padre estaba empeñado en que fuese abogado porque siempre ha pleiteado con todo el mundo. Hubiese sido un error. Pero tampoco tenía buenas notas, y seguramente habría empezado algún negocio con mi hermano, como el que él lleva en torno al campo. Tiene una de las magias y de las metáforas de vida más alucinante que existe. Siembras, creces y recoges; si lo tratas bien, si lo cuidas y lo quieres, te da más. La relación con el campo es una historia de amor. Mi padre tiene 80 años y no puede vivir sin esa relación que aún mantiene con la vida y el campo.

¿Qué le queda pendiente por hacer?
No creo que supere nunca a Días contados, o trabajos como La Regenta. No sé si por inhibición, por falta de fe o por las circunstancias (las modas que ponen y quitan), quizá esté viviendo un momento de crisis creativa, aunque puede que sea una forma de llegar a otro sitio mejor. Cada vez disfruto más con el trabajo, con los resultados, porque antes nunca me gustaba a mí mismo. Y ahora sí, pero es justo cuando menos gusto a los demás. Hay algo ahí que me estoy cuestionando. Resuelto este problema, creo que todavía tengo que hacer grandes cosas.

¿Le hubiese gustado emprender o tiene pensado hacerlo?

Sí, tengo una idea clara. Juntarnos una serie de profesionales, no pedagogos, para montar una escuela y hablar de nuestra experiencia como actores. Cada vez voy creyendo menos en los métodos y más en la intuición. Ya tengo una edad para tomar ese reto, además de poner mi dinero para mis obras de teatro, que ya es bastante.

 
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