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Entrevista al escritor Luis Goytisolo

“He escrito parte de mi obra con Mozart de fondo”

Su único trabajo ha sido la escritura y nunca ha corregido sus textos después de publicados. El 1 de enero de 1963 empezó Antagonía y tardó 17 años en acabarla. Considera que su bien más preciado son sus amigos. Nunca se ha planteado si seguiría escribiendo si no tuviera lectores.

Ruth Pereiro | 18/04/2012
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¿Por qué te embarcaste en un proyecto tan ambicioso como Antagonía?
Yo no decidí nada. Fue la obra la que se me impuso durante 17 años. Con Antagonía buscaba realizar un tipo de novela que reflejara mi forma de ver el mundo. Creo que al final logré lo que para mí es el secreto de la escritura: describir algo con unas palabras que no se pueden decir de otra manera.

Para esta obra, ¿trabajaste un poco cada día o preferías hacerlo en períodos concentrados?
El proceso de redacción se retrasó porque me encerraron cuatro meses en la cárcel de Carabanchel. Como pasé 35 días incomunicado, decidí aprovecharlos para concentrarme y tomar notas, en un rollo de papel higiénico, de aquello que me serviría para el posterior desarrollo del esquema general de Antagonía. Definí las cuatro fases del proyecto. La primera, trataría sobre la infancia y juventud del autor; en una segunda, dicho autor inicia la gestación de su obra literaria; en la tercera, el autor aparece visto desde fuera y la última es el libro escrito por el autor.

¿Por qué el título de Antagonía?
A diferencia de otras ocasiones, el título lo vi rápido. Apareció antes de empezar la novela. Es como decir antagonismo, pero de otra manera. La palabra ‘antagonía’ no existe, es un neologismo. Me gustaba su sonoridad. Representa la aventura, la lucha que el protagonista inicia en su mente buscando crear una obra.

Por fin has visto publicada entera Antagonía.
Pues sí. Visto con el paso de los años, me parece un error editorial que se fragmentara para su publicación en cuatro volúmenes independientes. Primero salió Recuento (1974) y luego Los verdes de mayo hasta el mar (1976), La cólera de Aquiles (1977) y la Teoría del conocimiento (1981). Claro, de esta manera, se quitaba a la obra la idea de conjunto que le di inicialmente. Y con esta edición de Anagrama se ha recuperado lo que nunca debió perderse.

¿Qué rasgos guardan en común este protagonista, Raúl Ferrer Garmendi, y Luis Goytisolo?
Ninguno. En torno a este tema se ha creado cierta confusión. Comparto con el personaje experiencias, pero se trata de aquellas que vivieron muchas personas de mi entorno. La liberación sexual sería un ejemplo. Raúl Ferrer se limita a narrar lo que ve. Actúa como un punto de vista a lo largo de la novela, nada más.

¿Qué queda en la actualidad de esa burguesía que retrata en Antagonía y que lideró la Transición española?
Poca cosa. En nuestro país, hemos sufrido una profunda transformación y la burguesía de antes no tiene nada que ver con la actual, ni en sus planteamientos, ni en la forma de ver la vida. Mi generación vivió marcada por el franquismo y muchos nos afiliamos al Partido Comunista para luchar contra el régimen. Pero yo nunca fui comunista, ni tampoco buena parte de mis amigos, sólo queríamos un cambio que nos llevara a la democracia.

¿Recibió consejos de sus hermanos José Agustín y Juan a la hora de escribir Antagonía?
No. De los tres, únicamente José Agustín leía en público sus poemas. Jamás he enseñado ninguno de mis trabajos a nadie. De hecho, José Agustín se llevó una gran sorpresa cuando se enteró de que gané el Premio Biblioteca Breve con mi primera obra, Las afueras. Mi padre la leyó y le gustó mucho, me dijo que tenía dotes de buen observador. Hay una foto de los tres hermanos escribiendo cuando éramos pequeños. La recuerdo con cariño.

¿Necesita música de fondo para escribir?
Antes sí. Buena parte de mi obra la he escrito escuchando a Mozart, incluso dejando que se repita la misma pieza una vez tras otra. Su música tiene un efecto relajante, te sube a una nube. Recuerdo que, de niño, descubrí lágrimas en mis ojos cuando escuché por primera vez su sinfonía Júpiter. Años después leí un libro y experimenté una sensación similar. Y entonces observé que con la escritura quería provocar en el lector emociones similares a las que produce la música sin utilizar un lenguaje rítmico, algo que, por otra parte, detesto. Por culpa de la rima, los poetas han dicho muchas tonterías.

¿Hasta qué punto las palabras sirven para enmascarar o definir la realidad?
La ocultan cuando no saben expresarla o se utilizan para mentir. En cambio, bien empleadas, alejadas de los cánones habituales de la escritura, las palabras nos permiten interiorizar la realidad, vivirla con toda su complejidad. En Antagonía apuesto por frases complejas que llegan al lector al estilo de una pieza musical que nunca dejas de tararear.

¿Qué talento le gustaría tener?
Reconozco que presto poca atención a mi imagen pública y debería mejorar este aspecto. Si lo hiciera, seguramente las cosas me irían mejor.

¿Cuál es su gran miedo?
Resulta curioso, soy un poco inconsciente en este asunto. He sufrido problemas cardíacos y llevo marcapasos. También me han extirpado un pequeño tumor. Casi pierdo un brazo en un accidente sufrido dentro de un ascensor y pasé 20 minutos en coma por culpa de la reacción alérgica que me provocó la inyección de penicilina que me puso un dentista en su consulta en Nueva York. No tengo miedos, me van ocurriendo incidentes y cuando miro atrás me doy cuenta de su gravedad.

 
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