Buscador
cerrar

Entrevistamos al actor Luis Tosar

“En Colombia o Brasil están funcionando los incentivos fiscales para el cine”

Con su banda se lo pasa mejor que haciendo cualquier otra cosa y si puede, prefiere hacer cine comprometido, el que tiene algo más grande que contar. Es por eso, que en su última película, Operación E, se mete en la piel de un campesino colombiano que lucha contra la guerrilla y el ejército.

Ruth Pereiro | 14/12/2012
Linkedin Whatsapp

En tu última película, Operación E, interpretas a un personaje real, el de un campesino colombiano que se enfrenta tanto a la guerrilla como al Ejército. ¿Durante el rodaje, pasaste miedo en algún momento?
No, por suerte estábamos en una zona desmilitarizada. Hoy en día el conflicto está más focalizado. Rodamos en Villavicencio, la zona de los Llanos orientales. A unos 150 kilómetros ya empezaba a complicarse la cosa, pero en ningún momento sentimos que el conflicto estuviera cercano. Lo que sí notas es una especie de pacto de silencio en la gente. Es un país en el que la violencia está instalada de tal forma que nadie quiere hablar mucho. Por ejemplo, estábamos rodando en un hospital y apareció un tipo herido de bala. Como en esos momentos estaba lleno de figurantes, el propio tipo del hospital tardó en darse cuenta de que éste era real, hasta que se desplomó. Lo mandaron a otro hospital y no sabemos si sobreviviría o no. Hasta los que allí trabajaban se comportaban como si se hubieran quitado un marrón. Tal y cómo te cuentan las cosas en el país, se nota que aquí la violencia es el pan nuestro de cada día.

Aparte de contar una historia real, la película intenta reflejar la situación que vive la gente corriente en este país…
Colombia es un país complicado, políticamente hablando. Básicamente el 90 por ciento de la población es víctima de algo. José Crisanto y su familia son la representación, como mínimo, de cuatro millones y pico de desplazados por la violencia que hay en el país, gente que se ha movido por la amenaza de un frente de las FARC. Y lo más triste es que muchos de ellos acaban en las grandes ciudades, Bogotá, Medellín, Cali… donde se convierten en seres absolutamente anónimos, pero donde sus condiciones van a peor, sin trabajo, encuentran la miseria y se dedican a mendigar. Como ocurre en otras partes de Latinoamérica, una especie de oligarquía gobierna el país y es muy difícil que personas de otro estrato, como Evo Morales (en Bolivia), accedan al poder.

La película coincide con las negociaciones para el proceso de paz. ¿Crees que es buena señal?
No me da mucha confianza. Una vez que estás allí, te das cuenta de que el conflicto genera tantísimo dinero, que es difícil que a alguien le interese que esta situación desaparezca. El 10% del Producto Interior Bruto de Colombia es armamento, los narcotraficantes utilizan a las FARC como proveedores de pasta de coca, y con este dinero compran armas. Mientras la guerrilla esté operando, es una perfecta excusa para que el Ejército tenga la segunda flota de helicópteros más importante del mundo, después de Estados Unidos. Y luego, el Gobierno de Colombia prefiere que no haya intervención de otros países. No cuadra que un país tan rico como Colombia, emergente en la zona, tenga un sistema de carreteras terrible, miseria…

¿Llegaste a conocer al auténtico José Crisanto?
No. Nuestro productor en Colombia pudo entrevistarse con él en la cárcel, para notificarle que íbamos a hacer una película sobre su historia y asesorarse. Una vez en el país, lo volvimos a intentar, pero no fue fácil. Se acababa de realizar su juicio y aún no se había dictado sentencia.

¿Cómo construiste tu personaje? Físicamente no os parecéis.
Me basé en vídeos de otras entrevistas, leí el libro que escribió en la cárcel sobre su historia, tiene una forma de expresarse con un punto épico. El guión de Antonio Onetti ya estaba un poco marcado, pero queríamos que tuviese ese aire de las pelis italianas de los 50, de tipos que se buscaban la vida como fuese.

En esta nueva película vuelves a Sudamérica, ¿guardas alguna relación o vínculo especial con ese continente?
No la tenía hasta hace unos cuantos años. Primero con Chile y Argentina, los primeros países que visité. En Chile tengo amigos que producen cine. Luego vino Bolivia con También la lluvia, de Icíar Bollaín, una experiencia fabulosa y grande. Y con esta película, descubrí una industria cinematográfica que está emergiendo con poderío, muy independiente y osada. Me recuerda mucho al cine que se hacía aquí en los 70 y los 80, más experimental y crudo. Allí, donde mires hay una historia que contar, normalmente muy heavy. Además, el carácter colombiano es muy pasional, les gusta disfrutar de la vida, a pesar de todas las vicisitudes.

Esta emergencia alcanza también a otros sectores, ¿se te ha pasado por la cabeza montar algún negocio?
¿Cómo un negocio de tráfico de armas? [Risas]. Ahora en serio, se nos pasó por la cabeza coproducir con Colombia o con Brasil. En todos estos países están utilizando los incentivos fiscales de una manera real y hay que reconocer que está funcionando. Consiguen inversores privados y que a la gente le interese lo que hacen. Chile es otro buen sitio, también en plena emergencia, que crece a toda velocidad y que demanda mucha cualificación exterior, como en Brasil. También me dio la impresión de que está colocándose en un punto de burbuja inmobiliaria. Colombia creo que es más complicado, aunque deberían promocionar más zonas tan tranquilas y seguras como, por ejemplo, la costa Caribeña, al norte del país.

¿Tu próximo proyecto?
Los fenómenos, una película sobre la burbuja inmobiliaria, en la que ya estamos metidos y que estamos produciendo nosotros. La protagoniza Lola Dueñas, que interpreta a una mujer en un mundo de hombres. Cuenta todo el ascenso y caída.

Suscríbete
  • Suscríbete a la revista y consigue 12 números por solo 28,80 € (un 20% menos).

  • Emprendedores en un iPad

    Accede a nuestro Quiosco Digital y disfruta de la revista en tu tableta, estés donde estés.


Encuentra tu franquicia

Ver más articulos