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Identificamos los principales gastos deducibles de los autónomos, en qué porcentajes lo son, las excepciones a la regla y la línea roja con Hacienda

¿Qué me puedo desgravar y qué no?

Si eres autónomo, conocer qué gastos de tu actividad profesional puedes desgravar y cuáles no te ayudará a mejorar tus cuentas. El problema es que a menudo ni siquiera los expertos se ponen de acuerdo. En este reportaje ponemos luz a algunas interrogantes.

Julia Coronas 20/10/2011

globos

Todos somos iguales ante la ley? Según la Constitución, sí, pero en esto de la renta parece ser que no tanto. Y si no que se lo pregunten a los autónomos y micropymes, los únicos que tienen que demostrar qué parte de sus gastos corresponden a su actividad y cuáles son imputables a su vida particular. Para el resto de colectivos profesionales es la Administración la que tiene la carga de la prueba. Pero, en su caso, la presunción de inocencia no existe, sino todo lo contrario: en principio, son culpables de intencionalidad mientras no se demuestre lo contrario.  

Cuando toca rendir cuentas
En esta ocasión, no vamos a hablar del Impuesto de Sociedades ni del sistema de módulos. En el primer caso, porque la normativa es muy clara al respecto y recoge que todo aquello que se adquiere o se computa a la sociedad es deducible. En el segundo, porque el sistema es muy rígido y establece los porcentajes de amortización por rendimiento neto por cada módulo, con lo cual poco más se puede rascar. El problema viene con aquellos profesionales que se acogen al sistema de autónomos y tienen que defender ante la ley cuáles son los gastos imputables a la actividad y cuáles a su vida personal.

¿Normal o simplificada?  
A la hora de declarar el IRPF, el autónomo se puede acoger al sistema de estimación directa normal o al de estimación directa simplificada. En el primer caso, puede deducirse las provisiones y los morosos. En el segundo, una vez obtenidos los beneficios netos (ingresos menos gastos), puede descontarse un 5% más como gastos de difícil justificación que no requieren ningún tipo de comprobante, pero, en su contra, no pueden deducirse más allá de este porcentaje de las facturas impagadas.
En los tiempos que corren podría pensarse que la primera opción sería más interesante, pero exige una contabilidad más rigurosa y conlleva un control más estricto. Por ese motivo, lo habitual es que, si se factura menos de 600.000 euros, se utilice el sistema de estimación simplificada.

Al dictado del inspector
En principio, el Real Decreto 1777/2004 establece que son deducibles todos aquellos gastos afectos a la actividad. El quid de la cuestión es precisamente determinar cuáles lo son y cuáles no y en muchos casos el grado de afectación. Y en esta cuestión, por lo que hemos visto, todo queda al arbitrio del inspector y en último caso de la gestión tributaria.
La ley establece una serie de requisitos, pero en la práctica, la vinculación o afectación va a depender mucho del sentido común y, sobre todo, de nuestra capacidad, o la de nuestro asesor, de justificar en qué medida hay vinculación a la actividad. Lo curioso es que en muchos supuestos ni siquiera los expertos se ponen de acuerdo.

GRÁBATE ESTOS CONSEJOS A SANGRE Y FUEGO

Pide siempre factura de todo. En el caso del IVA, son imprescindibles. Si se trata del IRPF, a menudo es suficiente con los tiques. Nuestra recomendación es que siempre pidas la factura completa de tus gastos.
Todo aquel gasto que esté relacionado con tu actividad es deducible. Es imputable a la cuenta de gastos. Es preferible que lleves un libro de contabilidad (aunque no estés obligado) para que puedas consignar en él a qué momento corresponde tal factura, con motivo de qué proyecto o trabajo concreto, hacia dónde era el desplazamiento, para quién era el regalo y con qué finalidad, entre otros aspectos.
Aplica el sentido común. Todo aquello que sea razonable y tenga una lógica, suele ser aceptado, pero hay que vigilar mucho tanto el límite de lo profesional y lo personal, como el de la liberalidad y los gastos deducibles. Olvídate de pedir tiques a toda tu familia para desgravártelos porque no puedes comer en dos sitios a la vez y tampoco tiene sentido que si ingresas 3.000 euros al mes, gastes 1.000 en comidas.

EXPERTOS CONSULTADOS

Luis del Amo, secretario técnico del Registro de Economistas Asesores Fiscales (REAF); Simón Llauradó, director de Llauradó Assesors; Juan José de los Mozos, presidente de la Asociación Española de Asesores Fiscales y Gestores Tributarios (Asefiget); Miguel Ángel Almendral Pastor, asesor fiscal y mercantil de Óptima Asesores; Luisa López, directora general de la Asociación Española de Asesores Fiscales (Aedaf); y Silvia Gabarró, socio directora de GM Tax Consultancy.

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