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La ecología entra en las TI ofreciendo un ahorro de costes

Verde que te quiero...

Las compañías tecnológicas van haciendo sus productos y servicios más respetuosos con el medio ambiente: eficiencia energética, reducción de recursos, reciclado... Sin dejar de lado el que su uso supone un claro ahorro de costes, conscientes de que sólo así pueden tener éxito.

Ana Delgado | 28/11/2008
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Un estudio de la consultora PricewaterhouseCoopers concluye que un 40% de los ejecutivos de las empresas tecnológicas ven una buena oportunidad de negocio en las inquietudes medioambientales de la sociedad y de las Administraciones. Los fabricantes han sido los primeros en percatarse de ello de manera que el atributo “ecológico” se ha convertido en un importante reclamo de ventas. El etiquetado ecológico prolifera y cada vez son más codiciables sellos como el Ángel Azul, la flor europea o el Energy Star. Estos certifican una eficiencia energética o el uso racional de la materia prima y los recursos naturales en todo el ciclo de vida del producto. “Dentro de dos años el 48% de las empresas tendrán una política medioambiental activa frente al 20% actual”, augura el estudio de la consultora. Dicho porcentaje irá aumentando conforme las autoridades públicas refuercen las exigencias medioambientales asumidas en los compromisos internacionales.

José Antonio Martínez, director para el sector financiero de BT sobre Oficina Verde, lo explica así: “El Gobierno ya ha adelantado que a partir del 1 de enero de 2009, y durante los dos años siguientes, liberalizará las tarifas eléctricas. Nos tememos que el efecto será el aumento de las mismas en torno al 25-40%. Además, de acuerdo con el protocolo de Kioto, debemos reducir las emisiones de C02. A cada país se le asigna un tope de emisiones pudiendo adquirir las sobrantes en otros que no hayan excedido su cuota. Es una especie de mercado de valores que redundará en detrimento económico de las empresas que más contaminen”.

El desconocimiento de las soluciones tecnológicas así como su asociación con un alto coste son dos de los argumentos para que los empresarios dejen de lado un objetivo que será primordial: combinar la eficiencia medioambiental con la económica.

Toca reducir
Parece obvio que la manera más rápida y eficaz de ahorrar, tanto en gastos empresariales como en impactos sobre la naturaleza, es reducir el consumo de recursos. Una máxima que subyace en el conjunto de las soluciones que están aportando las Tecnologías de la Información en su camino hacia la sostenibilidad.

Pedro Montarelo, director de Responsabilidad Social Corporativa de Sun Microsystems Ibérica, resume la filosofía de esta tendencia: “Como miembro activo del programa Environmental Protection Agency Climate Leaders, Sun propone un modelo de tecnología que puede contribuir a que sus actividades sean sostenibles, minimizando el impacto ambiental que su propia actividad pueda causar. También ayuda a lograr cuatro objetivos generales de la sostenibilidad global, definidos, entre otros, por el Protocolo de Kioto”. Objetivos que, añade este directivo, “a grandes rasgos son: recortar a la mitad la extracción de recursos naturales; eliminar la relación entre consumo y crecimiento económico, utilizar los recursos naturales de forma más eficiente y reducir los requerimientos energéticos en un orden de cuatro a diez veces”.

Acorde a estos fundamentos, los avances en TI se dirigen hacia el ahorro energético, el uso de menos materiales, la reducción de espacio y facilitar la movilidad laboral. Cada área cuenta ya con la alternativa verde. Son, según su denominación inglesa, las Green IT.

Eficiencia energética
Un estudio patrocinado por IBM y realizado por Economist Intelligence Unit ponía de manifiesto que la eficiencia energética no es aún uno de los temas prioritarios para los directores de tecnología de las empresas.

En concreto, señala el citado estudio, “el 42% de los ejecutivos de tecnologías de la información a nivel mundial afirma que su empresa no hace un seguimiento del gasto energético originado por los sistemas tecnológicos y un 9% ignora si su empresa lo hace”. Sin embargo, la realidad es que el consumo de energía de los equipos tecnológicos se ha incrementado en los últimos dos años.

Otros datos relevantes los apunta Angel Moreu, ejecutiva de la dirección de Hardware de IBM en España: “Desde el año 2000 el número de servidores en las organizaciones se ha multiplicado por seis y cada dos años se duplica la capacidad de los procesadores. Los analistas prevén que hacia el año 2010 se habrán puesto en funcionamiento en el mundo 35 millones de nuevos servidores”.
¿Cuáles son las consecuencia de este derroche tecnológico? Una de ellas, la primera, es que las TI son responsables del 2% del total de las emisiones de carbono en nuestro planeta. La segunda: la tendencia cada vez más apremiante a penalizar estas prácticas, tanto en la factura como en la sociedad.

“Los empresarios necesitan soluciones que les permitan una mejor utilización de sus recursos tecnológicos al tiempo que reducen sus facturas de energía –continúa Moreu–. Las últimas innovaciones en ingeniería de procesadores y sistemas de refrigeración de chips permiten construir máquinas con mayor capacidad de proceso, menor necesidad de espacio en los centros de datos y también mayores ahorros de energía”.

Rediseñar
De los fabricantes depende solventar el segundo gran problema medioambiental de la informática: los residuos electrónicos, los cuales representan en la actualidad el 4% del total de los residuos que se generan en Europa.

Según estimaciones de Sun Microsystems, “los cerca de 10 millones de PC que hay en España generarán cada uno durante su vida útil unas cuatro toneladas de CO2, sumarán alrededor de 1.000 millones de toneladas de desechos y consumirán directamente unos dos millones de julios (medida de energía) de electricidad. Y cerca de dos millones de PC se sustituyen cada año. Un monitor de los antiguos empleaba tres kilos de plomo y al final de su vida útil no se sabía que hacer con él”. Ahora se exige a los fabricantes que muestren una sensibilidad ecológica. Deben buscar componentes menos agresivos y ofrecer una imagen de responsabilidad ecológica.

Pedro Montarelo recuerda que la normativa europea RoHS, efectiva desde el 1 de julio de 2006, restringe o prohíbe la utilización en la fabricación de aparatos eléctricos y electrónicos de los componentes más contaminantes como son el plomo, mercurio, cadmio o cromo hexavalente, entre otras.

Empresas como Sun Microsystems reaccionaron inmediatamente, “iniciando un rápido proceso de adecuación de aquellas de sus soluciones de hardware que podían verse afectadas (procesadores, servidores, dispositivos de almacenamiento y dispositivos de red) bien utilizando productos alternativos, bien comenzando un proceso de fabricación totalmente distinto”.

Reciclar y reutilizar
Esta parte incumbe de manera especial a los fabricantes de equipos. La minimización de las emisiones atmosféricas debe partir de la base, pero también desde la prevención de los residuos y el fomento de los recursos renovables. Significa, en consecuencia, un importante esfuerzo en rediseñar tanto los procesos empresariales y de fabricación, como los productos mismos.

Para ser ecológicamente responsables hay que ser consecuente y hacerse cargo de la desaparición de las basuras y residuos generados en nuestros procesos de producción. Ahora bien, por qué no hacer que también esta práctica sea rentable.

Javier Carrillo, profesor del IE, apunta algunas opiniones que pueden ayudar a lograrlo. “La clave está en sustituir el concepto del ciclo abierto por el de cerrado. El primero es el que fundamenta la industria actual: el producto se fabrica, se distribuye, se usa y se desecha (de la cuna a la tumba) generando un problema de residuos. Alternativamente, un ciclo industrial cerrado sería el óptimo a perseguir, puesto que a su final no existe el problema de los residuos sino la oportunidad de nuevos inputs, es decir, materiales y energía reutilizables por la industria para producir los mismos u otros productos”, explica.

En esta línea ya funcionan parques industriales en los que determinadas empresas utilizan los residuos de compañías vecinas porque son aprovechables en su producción y éstos, a su vez, generan nuevos inputs. Es una manera de aprovechar sinergias entre empresas con el fin de fomentar la revalorización de los productos.

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