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Guía del despacho Insolnet

¿Cómo detectar la insolvencia en tu empresa?

A través de diferentes indicadores, el empresario puede hacerse una idea acertada de la situación real en la que se encuentra su negocio para poderse asesorar a tiempo.

19/06/2015
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Tras un periodo concursal convulso, los casos de insolvencia en el sector empresarial español comienzan a presentar una etapa menos agitada, por lo que conviene reflexionar acerca de las ventajas de la detección temprana de una situación de crisis, para poder reaccionar a tiempo y mantener esta tendencia de mejora.

Insolnet, sociedad profesional especializada en la prestación de servicios en el ámbito de la insolvencia, presenta una guía con las señales de alarma que alertarán al empresario de que su negocio se encuentra en una situación de insolvencia:

El Acid Test

Este ratio indica la solvencia de la entidad a corto plazo, poniendo en proporción el activo corriente con respecto al pasivo corriente, que son las partidas de más a corto plazo del balance de contabilidad.

                                              Acid test = Activo corriente – Existencias
                                                               _______________________
                                                                      Pasivo corriente

Aunque el mismo dependerá de las especificidades de la empresa, como el periodo de maduración de los productos, etc., si el resultado del Acid Test es menor a uno, es indicativo de una situación de insolvencia, siendo determinante si este resultado se repite o empeora en consecutivos momentos temporales.

Se debe tener en cuenta que este cálculo solo nos dará una información real ante una bondad de los datos utilizados, es decir, por ejemplo, si el saldo de clientes es cobrable y no arrastra saldos incobrables. De igual modo, el empresario debe tener en cuenta que existen circunstancias que no quedan registradas en un balance: avales, garantías, valor real de determinados activos,… aspectos a tener también en cuenta ante una situación de insolvencia.

El modelo Z-score

Esta técnica, elaborada por Edward I. Altman en los años sesenta para cuantificar y determinar las probabilidades de insolvencia de las empresas, consta de cinco relaciones de entendimiento que se combinan matemáticamente en una sola valoración. Dicho análisis estadístico sirve para clasificar a las empresas en solventes e insolventes, asignándolas una puntuación en función de sus características financieras, de modo que si superan un valor de corte, son consideradas solventes.

Señales de alarma

Se consideran avisos precisos de situación de insolvencia a los siguientes casos:

1. Disminución de ingresos, sobre todo los recurrentes.

2. Previsión de cambios regulatorios en el sector.

3. Realización de ventas de activos no necesarios que disimulan una situación de iliquidez.

4. Abandono del proyecto por parte de socios o empleados del staff.

5. Incumplimiento de obligaciones, no sólo de carácter económico.

6. Detección de problemas de tesorería en nuestros principales clientes.

7. Vencimiento de contratos o concesiones administrativas.

8. Apalancamiento financiero elevado.

9. Concentración de la financiación ajena en pocas o en una única entidad.

10. Descenso de la rentabilidad económica.

11. Acumulación de stocks no deseados.

También es recomendable que la empresa analice si se están realizando ciertas prácticas contables que disimulan una situación que podría considerarse más grave, como la mala gestión del stock, el registro de trabajos en curso inexistentes, las operaciones vinculadas a un precio distinto del de mercado, o aquellas sin regularizar con las cuentas de socios y administradores.

En palabras de Jordi Castells, Economista de Insolnet, “la detección de cualquiera de estos comportamientos deberá ponernos sobre aviso de una posible situación de insolvencia. En estos casos, es fundamental que el empresario se asesore para evitar que se generen circunstancias que puedan determinar posteriormente su responsabilidad en la generación o agravación de la crisis”. “Lo que resulta más difícil – continúa explicando Castells – es que el deudor reconozca su situación. Es duro reconocer un fracaso empresarial, y más aún en el caso de entidades pequeñas, con mucha implicación personal, en las que, a menudo, se confunde el patrimonio personal con el profesional o empresarial".

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