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Capital Humano

¿Qué quita las ganas de trabajar a tus empleados?

¿Quieres saber qué comportamientos dentro de la empresa terminan haciendo que tus empleados rindan cada vez menos?

31/10/2015
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Paco Muro, fundador y presidente ejecutivo de la consultora Otto Walter International, autor de varios bestsellers internacionales de narrativa empresarial, como El pez que no quiso evolucionar o Ir o no ir, resume en su último libro El jefe que no contaba chistes y el empleado que nunca se reía (Temas de Hoy, 2015) las diez situaciones que le quitan las ganas de trabajar a un empleado, ya sea en una gran multinacional, un pequeño comercio o una startup que arranca. 

El 50% de los profesionales, según apunta Muro en su libre, rinde al 70%, según un estudio de la consultora Otto Walter. Tu negocio acaba de abrir y está claro que todo el mundo da el 100% (o debería), pero ¿te arriesgas a terminar como el resto de empresas cuando crezcas? Muro resume así las diez situaciones que, sencillamente, le quitan las ganas de trabajar a tus empleados: 

Exceso de tareas y urgencias.

Esto tiene sentido en un proyecto que arranca, pero sólo durante un periodo de tiempo muy delimitado. Con el tiempo, ha de imponerse un sistema organizativo que reparte tareas con criterio y eficacia.

Falta de organización.

Tiene que ver con el primero: por atender el día a día, no hay organización, hay un exceso de tareas...

No tener claro qué se espera de ellos.

Un empleado debe conocer cuáles son sus posibilidades de crecimiento. Ya sabe que el puesto no es vitalicio, pero tiene que saber qué le espera si las cosas van bien.

Presión por los resultados a corto plazo.

A medio plazo pueden ser buenos. Pero el cortoplacismo quema al empleado y no es bueno alargarlo en el tiempo.

Valorar más la presencia que la eficacia.

El presentismo es una defecto de otros tiempos. Estar mucho tiempo en un tiempo de trabajo no es sinónimo de eficacia ni de compromiso. Es mejor medir la productividad que las horas que se pasan en la oficina.

No poder decir no a lo secundario.

De nuevo, un problema de organización. Hay que tener una escala de prioridades muy clara.

Estar mal pagados. 

Por mucho que trabajes el salario emocional, éste no servirá de nada si no va acompañado de un sistema justo de remuneración salarial.

Falta de autonomía.

Ni se escucha ni se cuenta con las ideas de los empleados, ni se les otorgan responsabilidades.

Falta de reconocimiento.

Esto se vincula a una falta de posibilidades de desarrollo profesional.

Trato deficiente por parte de los jefes.

Sobre todo una mala calidad de la relación con el jefe directo.

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