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Los riesgos de recurrir al proteccionismo industrial como medida para salir de la crisis

Vuelve el patriotismo empresarial

La crisis y la necesidad de proteger el empleo han vuelto a despertar el patriotismo empresarial en todo el mundo. Una práctica que todos los dirigentes condenan, pero que aplican sin rubor. ¿Son necesarias estas medidas o corremos el riesgo de entrar en una guerra comercial internacional?

Pilar Alcázar | 25/10/2010
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La cláusula “compre americano” con la que el Gobierno de Obama limita las importaciones de acero o el Observatorio del Producto de Francia promovido por Sarkozy para garantizar la composición francesa de los productos fabricados en su país son sólo los ejemplos más visibles de la fiebre proteccionista que se extiende por todo el mundo. Dos informes, uno del Banco Mundial y otro de la Organización Mundial de Comercio, denuncian el repunte de esta práctica para hacer frente a la crisis. Y ponen en evidencia la enorme brecha que existe entre la política comercial que se rubrica en los acuerdos internacionales y la que realmente se practica.

Los mismos Gobiernos que firman compromisos de libre cambio, como el adquirido en la última cumbre del G-20, son los que están bajo sospecha (según el informe, 17 de los países que integran este grupo lo están). Es el triunfo de la política del “y tú más” (yo pongo medidas de protección porque tú también las pones). Y la segunda parte de este culebrón patriótico que empezó con la protección de bancos e industrias “clave” para evitar cierres empresariales y las consecuentes pérdidas de puestos de trabajo. Pero, ¿son realmente eficaces estas medidas?

LA AMENAZA DE UNA GUERRA COMERCIAL EN EL MUNDO

Para Gregorio Izquierdo, director del Servicio de Estudios del Instituto de Estudios Económicos, las barreras a la importación “son medidas cómodas que demuestran que no hemos aprendido de la experiencia del pasado. Estas medidas son contraproducentes porque al hacerlas unos incitan a otros a seguirles. Son recíprocas y, si triunfan, llevarían una contracción del comercio internacional, frenaría el crecimiento y la prosperidad mundial”.

Para este experto, tampoco sirve de nada a largo plazo las inyecciones de capital para proteger la producción local porque “se subsidian sectores en crisis para mantener la actividad y, en teoría, el empleo, pero la gente no ve que se están detrayendo recursos del resto de los sectores. Eso provoca que empresas que antes podían sobrevivir terminen cerrando por la detracción del gasto público. Sacar recursos de actividades de futuro y de presente por otros que no están haciendo el ajuste de capacidad es un error. Hay que dedicar esos recursos a otras cosas. ¿Por qué se ha protegido aquí la automoción y no el comercio? Porque son empresas muy visibles, que concentran mucho empleo en una ubicación y que tienen mucha capacidad de movilización o presión”.

Otro efecto perverso de estas subvenciones lo apunta Luis Berenguer, presidente de la Comisión Nacional de la Competencia, que considera “miopes y cortoplacistas las políticas de defensa de los ‘campeones nacionales’. Por la sencilla razón de que son los consumidores los que acaban pagando la protección de esas empresas, en forma de precios más altos y una oferta más limitada”.

LO QUE PODEMOS
APRENDER DEL PASADO

Lo cierto es que la situación actual no es nada nueva. Tras el crack del 29, el Gobierno estadounidense adoptó una política arancelaria muy restrictiva y gran parte de los países europeos reaccionaron con las mismas medidas. El resultado fue una caída del comercio mundial en torno al 65% y poco después la Gran Depresión.

De momento,  la crisis ya ha provocado una caída del 17,6% del comercio mundial de mercancías en 2009 y del 14,4% el de bienes y servicios. Si se agravase la guerra comercial, las consecuencias serían mucho mayores. Por eso, la OMC insiste una y otra vez en que “no deben repetirse los mismos errores del pasado” y aboga por una mayor liberalización del comercio mundial.

Una idea que también defienden expertos como Gregorio Izquierdo: “En el comercio internacional no ganan unos y pierden otros. Todos ganan. Si no, los países no estarían en rondas de negociación comercial. Pero se cae en el proteccionismo porque el libre comercio beneficia a todos de una forma difusa, mientras que la protección beneficia a unos pocos. Al que puede hacer más lobby”.

POLÍTICA DE MAQUILLAJE

Gregorio Izquierdo recuerda, no obstante, que esta pequeña ventaja al final se convierte en un arma de doble filo para el país proteccionista: “Estas políticas obligan a sus nacionales a comprar productos peores de los que podrían comprar en el exterior. Renta que podrían destinar a otros bienes... y los productores parece que se benefician, pero si no tuvieran protección tendrían que hacer productos mejores para vender en los mercados internacionales. Con el tiempo se quedan obsoletos y se aíslan. Es lo que se llama Política de emprobrecimiento del vecino... Si uno se protege, todos se protegen y al final todos salen perjudicados”.

Para el responsable del servicio de estudios del Instituto de Estudios Económicos también “es un error pensar que se pierden empleos por comprar fuera. Si aquí hemos perdido la producción de juguetes, por ejemplo, significa que los padres se ahorran un dinero al comprar estos mismos productos más baratos y que disponen de más recursos para destinar a otras cosas. Por ejemplo, para comprar más servicios. La clave está en especializarse en algo que el mundo demande de tu país. No hay que olvidar que el país que exporta es un cliente potencial de los productos en los que sí somos competitivos”.

¿QUÉ PROPONEN LOS EXPERTOS?

Para Luis Berenguer, “los poderes públicos deberían promover medidas para aumentar la competitividad internacional de nuestras empresas y, a su vez, mejorar las condiciones de competencia en los mercados internos, que son los que acaban necesitando las empresas para competir con éxito en los mercados internacionales. Es evidente que los objetivos de las políticas públicas pueden necesitar la concesión de ayudas a determinados operadores económicos, pero ello ha de hacerse sin crear distorsiones innecesarias”.

Gregorio Izquierdo propone “crear empresas competitivas, pero no subsidiarlas. Cuando proteges la producción nacional, la aíslas y la haces más incompetente porque no se hace el ajuste necesario. Los Gobiernos se obsesionan mucho con no destruir empresas, pero lo fundamental es que se creen más empresas de las que se destruyan. En definitiva, la clave no está en proteger, sino en crear un marco adecuado para que las empresas puedan desarrollarse. La política del Gobierno debe orientarse a contraer el déficit público para que haya recursos financieros al alcance de las empresas y que no tengan que cerrar cuando llega una crisis como la actual. En definitiva, más libertad económica y menos impuestos”.

RADIOGRAFÍA DEL PROTECCIONISMO EN EL MUNDO

Ayudas públicas a la industria nacional, nuevos aranceles o subvenciones a la exportación para facilitar la salida de los productos nacionales son las prácticas más habituales para defender la producción interna. Y, según el informe del Banco Mundial, todas han aumentado.

TODOS JUEGAN

EE UU y la UE han concedido ayudas a la automoción por valor de 48.000 millones de dólares para evitar el cierre de fábricas y conservar el empleo. Pero no son los únicos que blindan sus economías. El informe deja patente que pocos países están libres de sospecha. Rusia, Argentina e Indonesia han aumentado los aranceles a la importación de productos extranjeros, como televisores, coches o calzado. Ecuador ha aumentado las tarifas sobre más de 600 productos. China frena la importación de alimentos como chocolate, brandy, huevos y lácteos. A su vez, India ha prohibido los juguetes chinos.. .Y para rematar este doble juego internacional, a la par que se ponen frenos a la entrada de productos de fuera aumentan los subsidios sobre productos nacionales para facilitar su salida al exterior. En algunos casos, como EE UU y la UE, incluyendo nuevos productos bajo su tutela (las ayudas se extienden ahora a la mantequilla, el queso y la leche). En otros, como China, Suecia, Argentina, Brasil o Italia aprobando nuevos subsidios, tanto directos como indirectos, para fomentar sus exportaciones. Prácticas que el informe critica porque contravienen los acuerdos de Doha.

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