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Formación

Los postgrados para emprendedores se vuelcan en la práctica real

Centrados en arrancar y empezar a moverse. Los nuevos cursos de postgrado para emprendedores, basados en las metodologías ágiles y en la mentorización, se acercan cada vez más al espíritu de las incubadoras y aceleradoras.

Marian Acha | 21/07/2017
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Tienes que saber las señales de tráfico y las normas de circulación, pero hasta que no te pongas al volante y metas primera, no aprenderás a conducir. Esa es la idea de los nuevos másteres para emprendedores, que han dado la vuelta a los temarios y ahora empiezan por el final: dedicando la mayor parte del curso a poner en funcionamiento los proyectos de los alumnos, y enseñando sobre la marcha lo más básico para circular.

Siguiendo las metodologías lean startup, cada vez son más las universidades y escuelas de negocios que ofrecen programas dirigidos a emprendedores y dedicados a crear startups, con más vocación de incubadora o aceleradora que de curso académico. De hecho, estos programas ya tienen muy poco que ver con los clásicos MBA, programas que dan una formación excelente, pero que van dirigidos a formar directivos, no emprendedores. “La diferencia entre un directivo y un emprendedor es... todo: el directivo tiene que aprender para equivocarse lo mínimo; el emprendedor sabe que se equivocará y debe aprender a gestionar el error”, afirma Javier Sanz, profesor del MBA Emprendedores de la Universidad Complutense y director del centro de formación en emprendimiento Startup UCM. “Por eso, nosotros nos centramos en el arranque del proyecto: lo que se necesita para que la empresa se ponga en marcha. Las operaciones nos preocupan poco: ojalá sean un problema dentro de un año”.

Enfoque a la medida

Más que desgranar un temario a lo largo de nueve o 12 meses, el objetivo de los nuevos MBA para emprendedores es lograr un aprendizaje experiencial y personalizado. “El emprendedor vive en la incertidumbre, porque no es lo mismo dirigir una división de una gran corporación, que una startup, en la que no sabes quién será tu cliente ni cuánto vas a facturar dentro de seis meses”, explica desde IEBS Business School Roberto Touza, director del Máster en Creación de Empresas: El startup del Emprendedor. “Estos cursos se centran en gestionar startups, y eso se debe reflejar en los contenidos y en el itinerario”, señala. Por eso, el centro de la formación es
el proyecto, y el trabajo
 durante el máster gira alrededor de nuevos ejes:


Descubrir al emprendedor.
El punto de partida de estos programas está en “encontrar el encaje emprendedor-empresa, antes que el
encaje producto-mercado”, señala Javier
 Sanz. “La idea no es lo que se te ocurre
 durante un paseo por el campo: es lo que 
encaja con tus habilidades, tu pasión, tu personalidad... Lo que llamamosel área
 preferente para emprender.Durante el curso
 trabajamos para que cada alumno descubra cuál es su área, porque solo cuando
lo asumen, consiguen que sus empresas
se mantengan vivas”. De hecho, “el 80%
de las ideas que se ponen en marcha han
sido generadas en el máster, no son las
 que traían”.


Conocimientos útiles.El emprendedor “no sólo debe tener la idea, sino 
también saber los pasos que debe dar 
para ponerla en marcha. Para eso, necesita conocer unos conceptos jurídico-
financieros básicos, pero no le hace falta
 profundizar en ellos”, recuerda Ignacio Santamartina, director del Máster en Emprendeduría e Innovación de EAE. “Un máster para emprendedores debe ser, sobre todo, práctico”. Por eso, se intenta poner en contacto al alumno con el mundo real, por ejemplo, “organizando visitas a empresas o charlas con empresarios que cuentan sus casos de éxito, y, lo que es más importante, sus fracasos”.

Arrancar.Aunque en las clases se siguen utilizando el método del caso, los retos y los debates para transmitir los conceptos fundamentales, en una segunda fase de la formación el protagonismo pasa a las metodologías ágiles. “Lean startup permite gestionar la incertidumbre que existe al montar una empresa: se basa en aprender al máximo a base de experimentos”, destaca Touza. Así, los alumnos exploran el mercado, diseñan sus productos y, finalmente, “aprenden a construir su web y comienzan a lanzar campañas globales”, asegura Javier Sanz, quien añade que “el método lean consiste en equivocarte lo antes posible: por eso hablamos de una metodología 100% experiencial”.

Máster de ayuda

El objetivo es ayudar a que la empresa 
dé los primeros pasos. A partir de ahí, el
 alumno debe tener claro que “emprendimiento no es igual a Silicon Valley”, señala Ignacio Santamartina. “En todos los másteres se busca dar un mayor valor añadido a los proyectos, pero no todo es crear una app para venderla y forrarse: eso le ocurre al 3%. Para la mayoría de los participantes, el objetivo es crear su puesto de trabajo”.

Más allá de la metodología, la principal característica de estos programas es que están diseñados por emprendedores dispuestos a recorrer los primeros metros del camino con el futuro emprendedor, que, “ante todo, necesita un bastón, alguien que le apoye: eso hace mucho más fácil salir adelante”, afirma Santamartina. “El máster de emprendedores debe tener un componente más personal que otros programas, porque estás tratando con el proyecto del alumno: algo que es suyo. Y el alumno busca que le reconfortes, que le tiendas la mano: es un máster de ayuda”.

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Metodologías ágiles

El concepto fundamental en lean Startup es la cocreación. Como señala Javier Sanz, “se trata de crear el producto con el cliente.
no queremos colocarle un producto, sino encontrar la mejor solución, a partir de la información que obtenemos del cliente al realizar experimentos”. Las herramientas lean más utilizadas en estos másteres son:

Entrevistas 
de problemas


Los alumnos hacen un listado de problemas, salen a la calle y preguntan a la gente para ver si realmente existen. Lo importante, indica Roberto Touza, es “centrarse más en el cliente que en el producto: hay que ver qué hay en el mercado, qué pieza falta en el puzzle y, después, diseñarla”.

Producto 
mínimo viable

A partir de los datos recogidos de los posibles clientes, los alumnos construyen “la mínima expresión de producto”, explica Sanz: un prototipo “que puede ser una web, una miniapp, un vídeo, un objeto de madera o plástico realizado con una impresora 3d”, para mostrarlo al cliente y escuchar sus comentarios. Otra posibilidad, sugiere Touza, es la precompra: “antes de invertir tu dinero
 en fabricar el producto, puedes diseñar una ‘página de aterrizaje’ (landing page) con una descripción y una opción de precompra: si a la gente le interesa, ya tienes mucho avanzado”. 

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