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Muy práctico

Cómo mantener la cabeza fría cuando tú eres tu único empleado

Aunque la autoestima no es sinónimo de infalibilidad, sí garantiza una mejor calidad de vida, mejores relaciones personales y mejor comunicación ya que hace que nos enfrentemos a los errores y las circunstancias adversas con un talante positivo.

10/07/2017

La autoconfianza se alimenta de la consecución de pequeños logros sobre metas progresivamente ajustadas. 

Debes ser disciplinado/a, ya que en la medida en que uno se disciplina en las pequeñas cosas que le cuestan trabajo, uno se respeta más. Además, la disciplina da seguridad, nos hace sentir que tenemos el control de nosotros mismos.

También tienes que asumir las actitudes a las que aspiras: si te preguntan algo tan sencillo como ¿qué tal estás?, lo mejor es contestar: “Muy bien”, aunque no sea así. Cuando sientas inquietud o ansiedad, actúa como si sintieras tranquilidad. Ten en cuenta que el comportamiento cambia el pensamiento.

Visualiza mentalmente lo que quieres lograr, vencer la predisposición al fracaso y eliminar los pensamientos negativos del tipo “es imposible”.

Cree en ti mismo/a. Resulta útil tener una “reserva de logros”, de cosas provechosas hechas a lo largo de la vida, de las cuales sentirse orgulloso.

Revisa todas las situaciones. Todo cambia y nosotros evolucionamos. Debemos reajustar periódicamente nuestra comunicación personal. No te obsesiones con las decisiones. Aprende las reglas básicas que rigen una correcta elección. Aquí tienes una guía para aprender a tomar mejores decisiones.

"Aunque la autoestima no es sinónimo de infalibilidad, sí garantiza una mejor calidad de vida, mejores relaciones personales y mejor comunicación ya que hace que nos enfrentemos a los errores y las circunstancias adversas con un talante positivo”, afirma María Claudia Londoño en su libro Cómo sobrevivir al cambio (FC Editorial).

La autoconfianza también se proyecta de puertas hacia fuera.

Para empezar, no trates de impresionar a nadie. Aunque hayas trabajado duro, no esperes que los demás lo aprecien ni lo valoren. Si destacas lo que has trabajado y lo lejos que has llegado, puedes parecer egocéntrico y prepotente. En el otro extremo, cuando los demás sepan que eres una mina de oro de talento o información y no la ofrezcas puedes parecer antipático. La clave está en ponerte en los zapatos de los otros y entender lo que les preocupa.

Tampoco pierdas el tiempo con cualquiera. La persona que esta más dispuesta a escuchar tu mensaje es aquella que pueda hacer mejor uso de él. Quienes no son receptivos son refractarios a tu mensaje, o algo peor, se ponen a la defensiva.

Detecta sus necesidades. Identifica el modo en el que puedes ser útil al otro. Cuando te centras en lo que necesita en lugar de en lo que va mal, refuerzas la autoestima de la persona. Estás transmitiendo que es un asunto solucionable.

Escucha. Cuando escuches, escucha de verdad. Olvídate de lo tuyo y conecta con la otra persona. Consigues que el otro perciba que le entiendes y te preocupas, y eso facilita la comunicación.

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