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Falta de financiación

Es una muerte lenta y agónica. Muchas empresas se ven obligadas a rechazar pedidos porque no pueden acceder a la financiación bancaria que les ayude a hacer frente a las inversiones necesarias para asumir esos contratos. La causa de esta paradoja es la falta de liquidez que lleva a muchas de ellas a un estrangulamiento financiero.

Javier Escudero | 25/09/2013
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Por qué una empresa con un crecimiento sostenido en el tiempo, que consigue facturar en el peor momento de la crisis económica 60 millones de euros y que opera en una veintena de países, se ve obligada a renunciar a 55 millones de euros en pedidos asegurados porque no consigue financiación bancaria? Esto es lo que le ha sucedido a la multinacional gallega Blusens, pero es la paradoja que sufren cientos de empresas españolas: que tienen posibilidad de acceder a contratos, pero la falta de financiación externa para hacer frente a determinadas inversiones se lo impide.

Si aprietas más, me ahogarás
El mal que sufren se llama estrangulamiento financiero por falta de liquidez. “Este problema viene afectando a muchas empresas desde hace unos cuatro años”, apunta Pilar Andrade, presidenta de la Confederación Española de Jóvenes Empresarios (Ceaje). Tradicionalmente, y a diferencia de otros países, la dependencia financiera que tienen las empresas españolas de los bancos –lo que coloquialmente se conoce como bancarización– es brutal.

Mientras en Estados Unidos, algo más del 70% de la financiación de una empresa proviene de inversores privados, en España se invierten esos términos, superando incluso ese porcentaje, en la mayoría de los casos.

Una de las consecuencias de la crisis es que la forma de hacer negocio ha cambiado y no tiene visos de que haya una vuelta atrás.

“La realidad es que los bancos tienen dinero, menos que antes, pero tienen para prestar. El problema es que han cambiado los criterios para prestarlo. Estábamos acostumbrados a unos criterios mucho más laxos y a hacer negocios de una manera determinada, pero ya no se pueden hacer así. Y la solución pasa por adaptarse a esa nueva forma. Mientras los bancos daban dinero, podías tener un modelo de negocio regular. Los bancos, antes tapaban algunas de las ineficiencias de muchas empresas. Ahora mantener a muchas de esas empresas ineficientes es muy complicado. En 2006, el mercado era fácil, los bancos daban dinero, podías tener un modelo de negocio regular y ganar dinero, pero ahora si tu modelo es regular, acabarás yéndote a pique”, afirma Eduardo Navarro, director de Improven.

Este experto en gestión financiera sostiene que no es un defensor de los bancos, “pero puedo entender que ahora presten menos dinero y lo hagan allí donde el riesgo es menor o esté asegurado, y a un precio más caro. Es cierto que hay empresas que tienen negocio y les falta dinero para financiarlo, pero eso no quiere decir que la empresa sea buena. Confundimos ‘tener negocio’ con ‘tener buenas empresas’. La cuestión no es sólo que tengas contratos para vender sino si la empresa está dando dinero. Si ganas dinero y tienes capacidad clara de devolver lo que te prestan, con toda seguridad el banco te lo dejará. Si estás en un mercado en el que no aportas nada especial y tienes una deuda enorme, acabarás muriendo. Los bancos se fijan en tu deuda y en tu capacidad de generar dinero”.

Navarro subraya que el mensaje constructivo es que las empresas deben ser proactivas: “Esto es lo que hay, y con lo que hay, las empresas deben replantearse cómo gestionar financieramente sus negocios para que sean viables. Quejarse de que los bancos no dan dinero no es la solución. Al final, siempre sobrevive el que mejor lo hace”.

En esa reorganización financiera, las empresas tendrán que replantearse muchas cosas. “Por ejemplo, una compañía en la que, de sus 50 clientes, 15 le pagan a 180 días, tendrá que valorar si le interesa seguir con ellos. O renegocia para que paguen en otras condiciones más razonables o tendrá que prescindir de ellos, porque si no esa empresa acabará muriéndose. La necesidad de circulante acabará ahogándola, poco a poco”, subraya Navarro.

“Imagina que tu empresa –pone como ejemplo este experto– paga al contado y cobra a los clientes a 120 días; si facturas un millón, necesitarás unos 300.000 euros de circulante, pero si facturas 10 millones, será de tres millones. Se da la paradoja de que cuanto más creces, más financiación necesitarás. Y eso, mientras han dado dinero los bancos, se ha hecho llevadero, pero cuando han dejado de prestarlo, es peligroso”.

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