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La apuesta por la calidad y la escasa rentabilidad de producir fuera de muchas pymes españolas impulsan el retorno de parte de nuestro tejido industrial

La vuelta del hijo pródigo

No salen los números cuando se trata de producir pequeñas cantidades. Esa es la principal razón por la que empiezan a volver muchas pymes españolas, después de haber deslocalizado toda o parte de su producción a países del tercer mundo. ¿Son más competitivas las pymes españolas que producen aquí?

Pilar Alcázar 19/01/2012

relocalizacion industrial

En el año 2000, el sector industrial representaba el 21% del PIB español; en el momento actual, apenas supone un 14%. Esta pérdida de representatividad en el conjunto de la economía española de un sector clave para generar empleo y riqueza es el resultado de la deslocalización de parte de la industria española que comenzó hace algo más de una década y que parecía irreversible. Entonces, empresas de todos los sectores y tamaños se lanzaron a producir fuera, en busca de mayor margen de beneficios o ante la necesidad de ajustar costes, para ser más competitivos en precios en un mercado global obsesionado por el low cost.

Justo cuando la lógica de producir barato, aunque lejos, parecía irrefutable, nos encontramos con que algunas empresas –todavía forma tímida– inician el viaje de vuelta. ¿Nostalgia, sentido de la responsabilidad con su país o puro sentido común?

¿Producir aquí más barato?
“El encarecimiento de la producción, tanto de la mano de obra como de materias primas en China, está ayudando a la relocalización. La balanza ya no empieza a caer de forma tan obvia a un lado como sucedía antes. Aquí la mano de obra sigue siendo más cara, pero si sumas todos los costes que tiene producir fuera, muchos al final  pueden ver que no les compensa”, asegura Marián Cano, secretaria general de la Asociación Valenciana de Empresarios del Calzado (Avecal).

Los números no salen. Pero no sólo por esos cambios en las condiciones de los países receptores, sino también, sorprendentemente, por una falta de previsión por parte de muchos empresarios. Como explica Joan Canals, presidente de la comisión internacional de Fomento del Trabajo y vicepresidente de la Federación de Industrias de la Confección (Fedecon), “muchas pymes han actuado por impulso (porque todos se iban) haciendo estudios de costes muy someros. Y luego se han encontrado con que no están ahorrando tanto, que la deslocalización trae muchos problemas y costes asociados con los que no contaban. En estos momentos, hay un proceso de análisis. Son muchos los empresarios que hacen números, suman todos los costes y ven que el coste unitario de su producción sale casi como en España. Y se plantean regresar”.

Papeletas para volver
No estamos ante un fenómeno que se vaya a extender a todas las empresas que se marcharon. En realidad, de los sectores más afectados por la deslocalización (manufacturas de textil, juguetes, calzado, muebles; empresas de automoción; componentes electrónicos; industrias conserveras y telemarketing), sólo las tres primeras (textil, juguetes y calzado) están empezando a volver. Y no todas. El regreso depende de muchos factores, como el tamaño de la empresa o el peso que tienen los costes laborales en el proceso de producción.

“Las manufacturas de textil, confección de zapatos, juguetes... son las que están regresando. ¿Por qué éstas y no otras? Vuelven fundamentalmente las empresas que tienen una actividad en la que no se dan procesos de mano de obra intensiva. Que son las que no están rentabilizando la deslocalización de sus procesos en países de fuera”, asegura Canals.

Regresar con todo el proceso o traer sólo una parte.
Para el vicepresidente de Fedecon, los empresarios españoles deben aprender de los errores del pasado y ver todas las opciones de producción que ofrece el mercado actual: “Hemos pecado de ingenuos. Cuando vimos que los costes laborales eran tan bajos, se nos nubló la vista. Ahora lo que tenemos que ver es en qué partes del proceso puede ser interesante deslocalizar y no llevarse la fábrica entera, como se hizo. Por ejemplo, en textil hay una parte que es hacer el tejido, que requiere alta tecnología y poca mano de obra, y otra que es confeccionar, coser, que precisa de un operario y muchas horas. Esta última parte puede ser interesante llevarla fuera, pero no las otras”, explica Joan Canals.

Pero éste es un análisis que no harán jamás empresas de otros sectores, como las de telemarketing, que además del ahorro de  costes laborales, consiguen aprovechar los distintos husos horarios para dar servicio las 24 horas. Éstas no volverán. Como tampoco lo harán las industrias conserveras y de pescado y marisco que salieron  en busca de materias primas por el agotamiento de los caladeros tradicionales y para aprovechar unos costes aduaneros menores; o la industria química, que al producir fuera puede aprovecharse de entornos en los que existen menos controles sobre las sustancias que emplean y una legislación medio ambiental más laxa.  

Otro factor fundamental para determinar la conveniencia de volver a producir en España es el propio tamaño de la empresa. Sea del sector que sea. Para Canals, “fabricar fuera sólo tiene sentido para las grandes multinacionales. A ellas no les cuesta nada tener 20 técnicos en China, porque compran millones de prendas. El impacto del coste fijo de tener 20 personas fuera, controlando el diseño, las calidades, los envíos y la logística, para ellos es un coste insignificante. En la mediana empresa, que factura 30 o 40 millones de euros, es inasumible”. 

Y, por último, la propia estrategia de cada firma. Para muchas empresas con planes de expansión internacional puede ser una ventaja producir fuera y distribuir directamente desde otros países. Pero, sobre todo, volverán las que busquen diferenciarse en el mercado por la calidad.

“Donde podemos ser competitivos produciendo aquí es en la gama media-alta. Buen diseño y calidad, es el nicho de mercado en el que nos interesa estar y donde las empresas españolas luchan por estar con más fuerza. Pero la relocalización no es una tendencia general. Al final depende de la estrategia de cada empresa y de su volumen de producción. Muchas grandes empresas producen fuera y mantienen su calidad”, comenta Marián Cano.  

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