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AECID-EOI

Emprender siendo mujer, en un entorno rural y en Senegal

El objetivo prioritario del programa de la Escuela de Negocios EOI era fomentar el emprendimiento y, con ello, la empleabilidad en la zona norte de Senegal. Pero ellos quisieron aprovechar el programa para empoderar a la mujer y trasladar la fuerza que ejercen dentro del hogar al mundo de los negocios.

Ana Delgado | 01/12/2017
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Ya se habló en esta web del programa L’Entrepreneur Rural (el emprendimiento rural) puesto en marcha por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) contando con la colaboración de la Escuela de Organización Industrial (EOI) en materia de emprendimiento. El proyecto se centraba en la región de San Luis, zona eminentemente rural, y de él han salido iniciativas relacionadas con la agricultura, la pesca, la ganadería y la artesanía. En la selección de las iniciativas primó siempre la viabilidad y sostenibilidad del proyecto.

Pero, además de impulsar el emprendimiento local, las directoras del programa por parte de la EOI, Teresa Martínez y Eva Curto, quisieron aprovechar la ocasión para empoderar el papel de la mujer y trasladar al exterior la misma fortaleza que ejercen dentro del hogar. Aunque es un país democrático y la Constitución reconoce la igualdad de género, en Senegal rige la poligamia, suelen ser ofrecidas en matrimonio entre los 18 y los 20 años, tienen una media de 5 hijos y, además del cuidado de la casa, de los niños y los ancianos, completan los ingresos familiares con trabajos externos, sobre todo en las campañas de siembra y recolección. Al menos esa sigue siendo la realidad en las zonas rurales del país, donde habitan el 42% de la población y acuciada por un desempleo crónico.

El proyecto de la EOI comenzó con la formación de 12 profesores de la Universidad de Gaston Berger como socio local. Estos, a su vez, tutorizaron junto con mentores de la EOI a unos 100 emprendedores, 40 de ellos mujeres. Superaban así el objetivo propuesto de un 30% de participación femenina. La idea era sacar a la calle ese coraje interno que muestran las mujeres senegalesas dentro de sus casas y transformarlo en materia prima emprendedora.

No siempre resultó fácil. Vivieron casos de abandono del programa para cumplir con las obligaciones familiares, o de jóvenes que llegaron acompañando a sus hermanos que instintivamente se adjudicaban el papel de jefe del equipo. Normal que, en este contexto, llamase la atención de Teresa Martínez la presencia de una chica de 23 años, sin interés por contraer matrimonio porque, a raíz del fallecimiento del padre, en este caso monógamo, había asumido el rol de cabeza de familia. Lo suyo es una plantación de pimientos picantes típicos de la zona, algo similar a lo que aquí se conoce como ñora, y que ella conocía de acompañar a su padre en la fumigación. “Miedo a llevar un negocio y contratar a hombres no tenía. Pensaba que quien tiene el dinero, tiene el poder, aunque yo tengo mis dudas porque el resto la miraban como si fuera un extraterrestre”, cuenta Teresa Martínez.

Una granja de pollos, parte indispensable de la dieta senegalesa y los países vecinos; una línea de moda con la riqueza del colorido africano; una industria basada en la transformación de una planta de los ríos (typha) en carbón vegetal, fueron otros de los 9 proyectos finalmente seleccionados, de entre un total de 23 tutorizados y 15 finalistas, para recibir un pequeño capital semilla para impulsar su desarrollo.

“Además, los 4 mejores proyectos se beneficiaron de un viaje de estudios a España donde se les mostró la industria de transformación del tomate y una piscifactoría en Extremadura, o las buenas prácticas en la huerta murciana. En este viaje de estudios también participaron varias mujeres. Para todas ellas el viaje supuso su primera salida fuera de Senegal, e incluso para algunas su primera salida fuera de San Luis, con lo que la experiencia obviamente trascendió el aspecto puramente profesional”, dice Teresa Martínez.

En el mes de diciembre termina el proyecto como tal. Será, a partir de ese momento, la Universidad Gaston-Berger la encargada de hacer un seguimiento a los emprendedores que han participado en él y de mantener el espacio de coworking que se inauguró el pasado mes de noviembre con la presencia del embajador de España en Senegal. “En EOI tenemos la esperanza de que las mujeres emprendedoras que hemos contribuido a formar, puedan finalmente hacer realidad sus proyectos, más allá de dificultades familiares o sociales, con el fin de ser más autosuficientes y tener más capacidad de decidir sobre su propia vida”, concluye Martínez.

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