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Agnitio

Historia de una doble desinversión

De los múltiples puntos pactados en las negociaciones, uno fue no revelar la cantidad de las desinversiones. Es el caso de Agnitio, empresa tecnológica surgida de los laboratorios de la Universidad Politécnica de Madrid, líder en biometría de la voz, que fue vendida, primero a la estadounidense Cirrus y, un año después, al grupo Nuance. 

Ana Delgado | 22/05/2017
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Javier Castaño, en su ya desalojado despacho de Agnitio

Su primer cliente fue la Guardia Civil que supo apreciar la utilidad de la herramienta para identificar voces en los procesos periciales, equivalente a la huella dactilar. Empezaron a interesarse luego la Policía y otras instituciones de Seguridad del Estado y cuanto vieron que aquello empezaba a crecer de demasiado, la Universidad Politécnica de Madrid, cuna de esta tecnología, optó por deshacerse de su spin-off y ponerla en manos de emprendedores. Es en ese momento, 2004, cuando entran Javier Castaño, chief financial officer, y Emilio Martínez (CEO), fundadores de Agnitio junto a otros dos profesores.

Fuera ya del entorno universitario, el equipo mantuvo el interés por la investigación y el desarrollo. Esto les permitió alzarse con el liderazgo mundial en una tecnología única para identificar al dueño de una voz con altísimo porcentaje de fiabilidad (dependiendo de las grabaciones). La facturación llegó desde el primer momento y, en 2010, la suya era ya una historia de empresa éxito, con una red de colaboradores al más alto nivel en materia de seguridad, desde Universidades hasta servicios de inteligencia de todo el mundo.

En el trayecto pasaron por todos los tipos de financiación: fondos propios (200.000€), las 3 F’s, un Neotec, un Enisa, un CDTI, la Comunidad de Madrid -cuando todavía apoyaba proyectos de I+D- hasta que, en 2006 les entra ya capital externo. A un business angel con capital semilla, le siguió en 2007 una ronda de inversión que lideró Nauta, y otra segunda ronda, en 2009, protagonizada por francesa Elaia Partners. “No hubo más rondas, pero a partir de ese momento ya sabíamos que la salida de la empresa era la desinversión”, declara Javier Castaño. 

El capital recibido de Elaia lo invirtieron en desarrollar más producto y ampliar mercado, y eso que “desde siempre, hemos exportado más del 95% de nuestros productos”. En 2009 abren la filial EE.UU donde se encuentra uno de sus mejores clientes: “el Gobierno americano, tanto el Ejército como el FBI y algunas otras agencias de tres letras”. Como principal dificultad de aquel momento, resalta Castaño los problemas que tuvieron para entender y conocer al cliente. “Tratar con los servicios de inteligencia no es nada fácil. Tardamos mucho tiempo en ganarnos su confianza y que revelasen sus formas de proceder y las necesidades específicas donde pudiésemos aportar valor”.

El salto al móvil

Y mientras seguían suministrando productos como Batvox, un autentificador de voces para identificar delincuentes, Agnitio empezó a desarrollar en paralelo otra línea de productos de aplicación civil. En este caso serían los call center o las entidades bancarias los clientes de sus soluciones de ayuda para combatir el fraude de ingeniería social (obtención de información confidencial suplantando la personalidad de un usuario legítimo). Es en esta segunda línea donde, tiempo después (2012-2013), darían con un producto capaz de integrar biometría en los teléfonos móviles de alta gama. Este es el ‘hallazgo’ que resultó más que interesante a la estadounidense Cirrus Logic, empresa de electrónica, pensando en las próximas generaciones de telefonía móvil.

“Fuimos capaces de separar las dos tecnologías y líneas de negocio. Con la segunda aún no habíamos vendido nada, pero sí invertido mucho dinero. Cuando pensábamos que ya no podíamos más, en el año 2015, vino Cirrus y nos compró toda esa línea de negocio”. Recuerda Javier Castaño que, en este caso, las negociaciones fueron “cortas, pero intensas”, al contrario de la segunda desinversión, que define como “larga y desesperante”. Normal que así fuese porque, mientras que en el primer caso se limitaban a la transferencia de algunas patentes y 5 o 6 empleados, en la siguiente era la adquisición completa de la compañía lo que estaba en juego, con todos sus derechos  y obligaciones.

Las negociaciones con Nuance se prolongaron por espacio de 6 meses, hasta el cierre definitivo de la operación el pasado mes de octubre. En ninguno de los dos casos ha trascendido el importe de la venta, “no estoy autorizado para decirlo”, se escuda Javier Castaño, aunque sí deja ver que la magnitud de las transacciones de ambas compañías, que cotizan en el Nasdaq, fue similar y que, en el momento de la venta a Nuance, la facturación de Agnitio andaba entre los 4-5 millones de euros y en una veintena de empleados.

Más que pena, dice Javier Castaño que lo que sintió el último día fue “un alivio tremendo, después de 6 meses de mucha tensión, pero también satisfacción de ver que consigues las cosas”, algo que celebraron con una fiesta en la terraza de la sede de la compañía, en plena Gran Vía de Madrid. Montar otra empresa no entra en sus planes, pero sí contribuir con su experiencia al desarrollo del ecosistema emprendedor nacional.

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