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La Remolacha HackLab

Un logotipo vivo que hay que regar

Ellos hablan del “primer logotipo vivo del mundo”. El objetivo era doble: dotar de identidad corporativa y dar a conocer el nuevo espacio maker creado por Zaragoza Activa, La Remolacha HackLab, y medir el aprovechamiento real del centro.

Ana Delgado | 25/05/2017
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Imagen de la remolacha real plantada en el laboratorio maker

En mayo Zaragoza Activa ha abierto un nuevo espacio con la intención de convertirlo en punto de encuentro para la innovación. El espacio es un laboratorio ciudadano y se llama La Remolacha HackLab, una iniciativa con la que el Ayuntamiento de Zaragoza persigue ampliar la red de centros públicos para la innovación abierta. Como laboratorio hacker, el objetivo de La Remolacha es convertirse en un aula del futuro, un entorno de aprendizaje práctico orientado a la ejecución de proyectos compartidos. En él confluyen dos áreas: huerta-artesanía y maker-robótica, a las que ellos se refieren como las cuatro estaciones.

En este entorno es donde surge, como proyecto cero, el original logotipo del espacio, “el primer logotipo vivo del mundo. Un logotipo que hay que alimentar para que crezca, se reproduzca, cambie de color o muera”, según sus desarrolladores. El trabajo ha requerido la intervención de un equipo multidisciplinar con expertos en diseño gráfico, tecnología, horticultura, interactivos, técnicos de sonido, comunicación y un Project manager para coordinar a todos.

“Logotipos mutantes ya había- explica Luis Martín, de la dirección tecnológica- como uno en Rusia que cambia de color según la polución, pero logotipos vivos no”. El logo se basa en el cultivo real de una remolacha plantada y ubicada en el laboratorio hacker. La planta se nutre de los cuidados que le prodigan los visitantes, que son quienes se encargan de regarla, medir la iluminación…En las raíces de la remolacha se han distribuido unos sensores, al estilo del Internet de las Cosas. Estos sirven para monitorizar la evolución del tubérculo conforme a tres parámetros en constante medición: temperatura, humedad en tierra y humedad en aire.

El logo infinito

Los datos los recoge un servidor y los traslada al entorno virtual, esto es, la página web de La Remolacha, donde nos encontramos un círculo cambiante según los valores de los parámetros en ese momento, de aquí que algunos hablen del logotipo infinito. “Cuanta más temperatura haya, podremos observar un mayor número de pliegues en la imagen, si la humedad en la tierra aumenta, se distorsiona la forma del anillo que da forma a la imagen corporativa y, si la humedad del aire incrementa, lo hace también la velocidad con la que se mueve el logotipo”, explican. Además, la imagen recoge también la interacción del público. “Cualquier persona que se acerque a este espacio colaborativo puede interactuar con la remolacha de cuatro maneras: echándole agua, proporcionándole alimento, iluminándola o poniéndole música. Cuando se produce una de estas interacciones, la identidad visual digital reacciona de inmediato”. Los cambios pueden verse en la web a tiempo real.  Para la monitorización y cuidado de la planta se ha utilizado Arduino.

“Al finalizar el año se extrae la remolacha y se plantan las semillas de otra nueva”, explica Luís Martín. La solución es así doble: no sólo han concebido el logotipo más disruptivo para la imagen corporativa de una institución, sino también consiguen medir la utilización y el aprovechamiento del espacio. “Que sea un logo vivo surge de la idea de ser un reflejo del espacio, un indicador de si el espacio funciona y se están haciendo las cosas bien. Un sensor “humano”. De esta forma, cuanta más gente pase y cuide del espacio, también lo hará del logo y crecerá fuerte y sano. El proyecto combina así orientaciones de ciencia ciudadana, cuidados colaborativos, tecnologías del Internet de las cosas y diseño gráfico líquido”, afirman.

La idea a futuros es seguir con el desarrollo virtual, de modo que el logotipo sea también capaz de reaccionar no sólo las interacciones físicas, sino también las del entorno digital y recoger, por ejemplo, cada vez que se haga una mención en las redes de La Remolacha HackLab. “Tenemos bastantes ideas. Una es conseguir que la foto de perfil de las redes se actualice de forma automática cada vez que se produzca alguna acción”. Será, así, la remolacha más conectada del mundo.

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