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Arduino

Montar una empresa como 'plan de escape'

“Arduino es una plataforma de hardware libre que se programa con un sistema de software libre y se documenta con documentación libre”. Así la define David Cuartielles, el ingeniero zaragozano que estuvo entre los promotores originales y hoy sigue al frente del proyecto educativo.

Ana Delgado | 31/12/2015
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David Cuartielles impartiendo una de sus conferencias

Arduino no nació como plan de negocio sino como plan de escape. Lo que se perseguía era evitar el cierre del Instituto de Diseño Interactivo IVREA, en Italia. A Massimo Banzi, uno de sus profesores, se le ocurrió la idea de desarrollar unas placas que facilitaran no sólo el aprendizaje de los estudiantes de computación y electrónica del instituto sino que los convirtiese también en los principales clientes al venderlas dentro del campus. Pronto se sumaron al proyecto otros profesores, entre ellos David Cuartielles, Ingeniero de Telecomunicaciones y profesor en el Laboratorio de Prototipado de la School of Arts and Communication de la universidad de Malmoe (Suecia), quien ya se hallaba inmerso en la búsqueda de una herramienta de ayuda de acceso a la tecnología.

Así nacía Arduino en 2005 como un proyecto educativo. De esas primeras placas se fabricaron 300 unidades. Obviamente, la recaudación, al precio de menos de 1 dólar por unidad, no dio para salvar al instituto italiano de la quiebra pero desencadenaron tal entusiasmo que pronto se generó un ecosistema humano que se encargó de difundir las bondades del ingenio. “Arduino es una plataforma de hardware libre que se programa con un sistema de software libre y se documenta con documentación libre”, es como lo define David Cuartielles, pero también le gusta compararlo con una gran escuela que ha ayudado no sólo a estudiantes sino a multitud de personas que han creado sus propios desarrollos interactivos.

Cierto que la disponibilidad de alta tecnología a un precio más que asequible- “todavía hoy cuesta la placa 20€, lo mismo que un libro de texto”- ha propiciado una comunidad bestial de usuarios a escala global, pero a David Cuartielles le cuesta mucho más hablar de la compañía que del proyecto docente. Arduino, como empresa, no surge hasta 2010 cuando vieron el riesgo de que se desvirtuase la filosofía docente y observaron que no todos los que aprovechaban sus desarrollos compartían fines tan altruistas.

El entramado empresarial

“El objetivo nunca fue hacer dinero. Como profesores en la Universidad, todos teníamos las necesidades cubiertas, pero el crecimiento fue tan bestial que fue necesario poner orden”, comenta Cuartielles bromeando con que acaba de terminar la redacción de su primera plan de negocio. Dudaron entre constituirse como fundación o como empresa, pero la residencia dispersa de los socios recomendó la segunda vía.

Decidieron el organigrama, que hoy encabeza Massimo Banzi como CEO, y establecieron dos sedes, una en Estados Unidos y otra en Italia. Paralelamente se abrieron oficinas en Suecia, India, Suiza y Hungría y se repartieron las funciones. David Cuartielles, fiel a su vocación docente, continúa siendo el responsable del proyecto educativo. La compañía cuenta con 70 empleados y a Cuartielles le gusta compararla con “una mini multinacional al servicio de grandes multinacionales”, entre las que se hallan Microsoft, Samsumg o Intel. No habla de facturación pero la imaginación se dispara ante la potencia de clientes como los referidos.

Prefiere la bicicleta al monopatín

Aunque sus visitas a España son frecuentes, David Cuartielles reside todavía en Malmoe, donde lleva 15 años. A la pregunta de si observa cambios importantes en el ecosistema emprendedor nacional desde que se marchó manifiesta: “La verdad es que no lo sigo muy de cerca pero parece que tampoco España escapa al fenómeno de las startups. En Suecia también hay muchísimas. Yo creo que han vendido muy bien la historia de facebook de manera que hoy parece que, o tienes una empresa y un monopatín, o no eres nadie”.

Él prefiere las bicicletas de las que dice tener “alguna” junto a dos gatos y un apartamento de 80 metros cuadrados en Malmoe. Ya lo predijeron los test de inteligencia que le hicieron cuando niño en el colegio de Zaragoza. “De 20 puntos, me daban 18 para la ciencia y 2 para los negocios. El resto, cero patatero”.

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