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Sandroller

Rodando por la playa

La suya es la única silla de ruedas autopropulsada que proporciona autonomía en la playa a personas con problemas de movilidad.

Ana Delgado | 03/09/2015
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César Calero Cebrián compatibilizaba sus estudios de Ingeniería Mecánica con algún trabajillo eventual como socorrista y lo hacía en una playa adaptada para personas con problemas de movilidad. De aquí extrajo la idea para realizar su proyecto de fin de carrera consistente en una silla de ruedas capaz de desplazarse por la arena y que pudiera meterse en el agua. Procuraría así independencia a estas personas, que suelen requerir de ayuda y vigilancia de acompañantes, y les ampliaría el acceso a playas sin adaptar.

La suya sería el único modelo de silla de ruedas impulsada por aros para moverse en la arena, destinada a personas con movilidad en los miembros superiores que acostumbran a desplazarse solos por las ciudades. Sin entrar en detalles técnicos porque es mucha la ingeniería que lleva detrás, diremos que las ruedas tienen un ancho de 30 cm y 700 mm de diámetro y que dispone de un mecanismo, entre el aro y la rueda, que permite impulsar la silla sin hacer grandes esfuerzos con los brazos. Lo más que ofrecía el mercado hasta entonces eran soluciones pasivas.

Del papel al prototipo

La idea fue tan elogiada que César se animó a trasladarla del papel a la realidad después de cerciorarse de la inexistencia de un producto similar en el mercado. Patentó la silla en España y Estados Unidos y se puso a construir el prototipo. Para cuando se quiso dar cuenta habían transcurrido dos años y había arañado 30.000€ a los ahorros familiares. Así es como se dio cuenta de lo complicado y caro que resulta innovar en España. “Dicen de cada 100 inventores sólo tres llegan hasta el final y la verdad es que no me extraña”, comenta. Demoras y fallos en la fabricación, desconfianza en nuevas propuestas y un chorreo constante de gastos es lo que nublan el paisaje recorrido, pero sin llegar a oscurecerlo tanto como para renunciar al proyecto.

MVP testado

Se han interesado por la silla en Australia y EE.UU, aparece referenciada en una publicación japonesa y ya tiene el compromiso de un distribuidor catalán para hacerse con la exclusiva. A Ayuntamientos, organizaciones benéficas o establecimientos hoteleros también les parece buena idea para ofertarla como valor añadido. Hasta aquí todo bien si no fuera porque faltan las sillas. Lo que hay hasta ahora es un Producto Mínimo Viable del que se sabe que funciona y que gusta porque así lo dijeron numerosos comentarios en las redes sociales y porque lo dio a probar a muchas personas con discapacidad para recabar su opinión.

Abordar la fabricación

Y llegamos ya a la fase en que se encuentra ahora el proyecto que no es otra que la búsqueda de financiación para poder fabricar el molde y arrancar con la producción en serie. “Con 30 sillas que vendiese al precio de 1.800 € (las existentes sin autonomía superan los 2.000€) habría amortizado gastos y podría encargar la producción a coste mucho más económico”, dice. El Instituto Ideas, de la Universidad Politécnica de Valencia, se ha ofrecido para ayudarle en la redacción del business plan y en la búsqueda del capital necesario que permita el despegue definitivo de un proyecto único en el mundo que supone una importante ayuda técnica para muchas personas.     

http://sandroller.com/language/es/

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